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¿A dónde va el imperialismo alemán? La lucha contra el rearme imperialista

Stefan Schneider

¿A dónde va el imperialismo alemán? La lucha contra el rearme imperialista

Stefan Schneider

Ideas de Izquierda

La escalada armamentística en el corazón de Europa no tiene precedentes en las últimas décadas.

La reaccionaria invasión de Rusia en Ucrania cambia profundamente el escenario geopolítico internacional, provocando una escalada armamentística en el corazón de Europa sin precedentes en las últimas décadas. Mientras que las tropas de Putin rodean Kiev y bombardean otras ciudades ucranianas, una ola de indignación crece al ver las imágenes de ciudades ucranianas invadidas, edificios destruidos y más de un millón de personas huyendo de Ucrania para pedir refugio en los países de la UE.

El repudio a la reaccionaria invasión rusa a Ucrania sigue creciendo, como se expresó en una multitudinaria manifestación en Berlín hace unos días. Y mientras que miles de personas en Alemania se solidarizan con los refugiados que llegan desde Ucrania, dándoles alojamiento, alimentos y ropa, la policía fronteriza alemana muestra otra vez su cara racista, separando los refugiados ucranianos blancos de los refugiados negros a los que les impide ingresar al país.

Al mismo tiempo, los países de la OTAN mandan armas al gobierno de Zelensky y aumentan su presencia de tropas y buques de guerra en los países fronterizos con Rusia. Aunque por ahora la OTAN no interviene con tropas propias en Ucrania y rechazó la demanda de Zelensky de imponer una zona de exclusión aérea, no se puede descartar una mayor escalada que podría involucrar a más países europeos directamente en la guerra con Rusia.

El gobierno alemán, después de rechazar sanciones contra Rusia y el suministro de armas para el gobierno ucraniano durante mucho tiempo, se terminó cambiando su posición rápidamente. Primero, con la cancelación del gasoducto Nordstream 2 que había sido una de las apuestas geopolíticas del gobierno alemán hasta ahora. Y después, el pasado fin de semana, el canciller Olaf Scholz (SPD) anunció un “cambio de época” en la política exterior alemana: se decidió mandar armas a Ucrania, fortalecer la presencia militar alemana en la frontera con Rusia y el Mar Báltico, y - sobre todo - aumentar el presupuesto militar a niveles inéditos en la historia de Alemania desde la Segunda Guerra Mundial. Se creará un fondo especial de 100 mil millones euros adicionales por fuera del presupuesto regular, que incluso se anclará en la Constitución. Además, al presupuesto militar anual que ya era de 50 mil millones euros, se aumentará a más del 2 por ciento del PBI, es decir a más de 70 mil millones euros anuales.

Para dar algunos datos sobre cómo se gastará el fondo especial: según cifras preliminares se comprarán drones, tanques, buques de guerra, y sólo 15 mil millones para nuevos aviones de guerra del tipo F35 americano, y 20 mil millones para munición. También se invertirá en armas hipersónicas y guerra digital.

Como era de esperar, con el anuncio de este rearme imperialista, las ganancias de las grandes empresas armamentísticas están por las nubes. Solo las acciones de la empresa alemana Rheinmetall aumentaron un 58% después del anuncio. Se trata de las mismas empresas que ya acumularon millones con el imperialismo alemán durante el nazismo y la Segunda Guerra Mundial.

Un “cambio de época” en la política exterior alemana

Este rearme imperialista del ejército alemán es histórico - no solo en la cuantía, sino sobre todo en el significado para la política exterior alemana. Si Scholz habló de un “cambio de época”, todos los principales analistas de la prensa burguesa - no solo alemana sino al nivel internacional - se hicieron eco. Es que con esta decisión se intenta revertir lo que era la principal debilidad del imperialismo alemán: un gigante económico, con un ejército más bien limitado, y no a la altura de las crecientes tensiones geopolíticas entre las grandes potencias. Mucho se habló en los últimos meses de la dependencia energética alemana de Rusia, pero lo cierto es también que en lo militar Alemania sigue siendo más bien dependiente de EE.UU. y otras potencias imperialistas como Francia.

Es también por esto, y no porque el imperialismo alemán fuera más “pacífico” que el estadounidense, que el rol de Alemania ha sido más de moderación-oscilación en su posición ante la disputa de EE.UU. con Rusia y China. Esto se vio por ejemplo en la vacilación sobre el gasoducto Nordstream 2, del que el gobierno alemán no quiso deshacerse hasta el último momento. Se trataba de un proyecto estratégico para abastecer de gas a Alemania desde Rusia sin pasar por Ucrania. Algo clave para Alemania, ya que tiene una enorme dependencia energética respecto al gas ruso.

Pero en un mundo en el que la decadencia de la hegemonía de EE.UU. queda cada vez más clara, como mostró entre otras cosas la debacle de Afganistan, el capital alemán para defender sus ganancias busca independendizarse militarmente de EE.UU. Con este monto astronómico de 100 mil millones euros, esto podría “por fin” hacerse más real.

Este desafío no es nuevo, y sobre todo fue discutido durante la presidencia de Donald Trump, cuando la burguesía alemana entraba cada vez más en duda acerca de si la principal potencia mundial realmente quería seguir garantizando el modelo globalizador necesario para las ganancias alemanas. De hecho, el plan del mencionado fondo especial de 100 mil millones euros no se redactó la semana pasada, sino que ya era parte de negociaciones secretas para la formación de gobierno en otoño pasado, como informó el diario alemán Spiegel. Incluso, sus orígenes se pueden trazar hasta un paper estratégico de 2013 con el título “Nuevo poder, nueva responsabilidad”, donde ya se hablaba de que Alemania debería asumir más responsabilidad militar en un mundo cada vez más convulsivo.

Lo que cambió ahora parece ser el estado de ánimo del público alemán. Durante la guerra de Afganistan, cuando el entonces presidente alemán Horst Köhler osó explicitar que lo que realmente se estaba defendiendo allí eran los intereses y las ganancias alemanas, tuvo que dimitir. Hoy, con el pretexto de la guerra en Ucrania, el gobierno y la prensa burguesa argumentan que el rearme histórico es lo único que puede garantizar la paz. Y la ministra del Exterior Baerbock de los Verdes, como no lo podría hacer mejor ni siquiera la imperialista Hillary Clinton, pinta esta decisión de “politica exterior feminista”.

Es de remarcar que quienes acordaron este rearme imperialista no eran los conservadores del partido de Merkel (aunque están muy de acuerdo), sino la supuesta "coalición de progreso" con la socialdemocracia y los Verdes a la cabeza. Los mismos partidos que acordaron el bombardeo de la ex Yugoslavia en 1999, que fue la primera guerra ofensiva del ejército alemán desde 1945, con la excusa increíble de impedir un nuevo Auschwitz (según dijo el ministro del Exterior verde Joschka Fischer). Los mismos Socialdemócratas y Verdes impusieron el mayor ajuste social en la historia de la Posguerra con las leyes flexibilizadoras de reforma laboral a principios de los 2000. Y el mismo SPD que viene de aquel que empujó a la clase trabajadora alemana a la guerra imperialista ya hace más de 100 años con su voto a favor de los créditos que guerra en 1914.

También las centrales sindicales, las grandes ONG, e inclusive el reformismo de izquierda del partido DIE LINKE (La izquierda), están cediendo a este coro guerrerista. Apuestan a las sanciones e incluso en algunos casos al suministro de armas. El jefe del sindicato de servicios ver.di, Frank Werneke, en la gran manifestación con 500 mil personas en Berlín el pasado domingo, pidió sanciones más duras contra Rusia, mientras que no mencionó ni el suministro de armas ni los 100 mil millones para el rearme. El comunicado de la federación sindical alemana DGB del miércoles 2/3 felicita al gobierno alemán que “ha reaccionado rápidamente con razón en materia de política de defensa a la guerra de agresión rusa contra Ucrania.” Y señalan que "el aumento permanente del presupuesto de armamento para cumplir con el objetivo del dos por ciento de la OTAN sigue siendo considerado de forma crítica por la DGB y sus sindicatos miembros” - es decir que no lo rechazan como lo hacían hasta ahora. Lo único que advierten, es que “Hay que seguir asegurando las inversiones futuras, urgentemente necesarias, en la transformación socio-ecológica y en el rendimiento de nuestro estado de bienestar.” Puro chovinismo. El primer ministro de la provincia de Turingia, Bodo Ramelow, de DIE LINKE, incluso abogó por el fortalecimiento del Bundeswehr (el ejército alemán) y la vuelta al servicio militar obligatorio.

Por ahora, el discurso parece calar en la población. Según algunas encuestas, dos tercios de la población alemana estaría a favor del suministro de armas, del rearme y del despliegue de tropas a Europa del Este. Sin embargo, esto no significa que el movimiento pacifista alemán que tiene una gran tradición de lucha en los años 70 y 80, pero también contra la guerra de Irak, ya se haya alineado por completo con este giro histórico del imperialismo alemán. De hecho, el fondo especial para el rearme está causando mucha inquietud, sobre todo ante la política del gobierno durante la pandemia, cuando sistemáticamente se negó a aumentar los salarios de los trabajadores de salud y a contratar decenas de miles de profesionales de salud para combatir la crisis sanitaria. Lo mismo se puede decir del movimiento contra el cambio climático. Para financiar el rearme imperialista, los Verdes ya advirtieron que habría que seguir manteniendo la minería de carbón a cielo abierto más de lo planificado. Y el ministro de Finanzas, Christian Lindner, del partido liberal, explicó directamente que los asalariados en Alemania van a pagar con horas extra y rebajas salariales para los aviones, las bombas y la munición del ejército alemán.
Pero, sobre todo, este rearme de Alemania significa un fortalecimiento de la maquinaria militar de una de las principales potencias imperialistas del planeta, que abre el camino para una mayor expoliación de los pueblos del mundo por su parte. Ya hemos visto en el siglo XX dónde llevó el militarismo alemán y europeo, nada menos que al inicio de dos guerras mundiales y al reforzamiento de la opresión colonial de grandes franjas del planeta. Como planteaba Rosa Luxemburgo, la lucha contra el militarismo, para no caer en el pacficismo pequeñoburgués, no puede escindirse de la lucha contra el imperialismo y el capitalismo.

Por un movimiento antimlitarista en contra de la guerra de Putin y la escalada guerrerista de la OTAN

El rechazo a la guerra y sobre todo al rearme imperialista puede ser un punto de partida para una política antimilitarista y antiimperialista para parar esta escalada guerrerista. Esto implica sobre todo una lucha política fuerte contra las burocracias reformistas que nos quieren alinear detrás de los intereses del imperialismo alemán y la OTAN, como son las centrales sindicales y la cúpula del partido DIE LINKE, además de las burocracias de los movimientos sociales.

En Alemania, impulsamos resoluciones y movilizaciones contra la guerra de Ucrania, contra Putin y la OTAN y contra el rearme imperialista en las universidades y los lugares de trabajo, al mismo tiempo que llamamos a todas las organizaciones de izquierda y sindicales de hacerlo también, en la perspectiva de un gran movimiento contra la guerra, independiente de los intereses de “nuestro” propio imperialismo.

Como primer ejemplo, los militantes del grupo RIO que impulamos el diario Klasse Gegen Klasse como parte de la Red internacional de Izquierda Dairio, logramos la semana pasada una gran asamblea con cientos de trabajadores de salud de los hospitales de Berlin, donde se votó una resolución con gran mayoría contra la guerra y contra el rearme. Del mismo modo, impulsamos en el movimiento estudiantil un movimiento contra la guerra retomando la tradición combativa del 68.

Mientras seguimos exigiendo el retiro de las tropas rusas de Ucrania y el fin de la reaccionaria invasión rusa, en Alemania apostamos por el surgimiento de un gran movimiento contra la guerra y contra el rearme imperialista, que retome la bandera de la gran tradición revolucionaria antimilitarista y antiimperialista de Wilhelm y Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo. Como decía Wilhelm Liebknecht: Ni un hombre, ni un centavo para el militarismo. Y su hijo Karl Liebknecht: El enemigo principal está en el propio país.


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