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A 48 años del golpe

A 48 años del golpe: Lecciones políticas y estratégicas de la "vía chilena al socialismo” de la Unidad Popular

A 48 años del golpe y a casi dos años de la rebelión de Octubre, en medio de un proceso constitucional que desvío la lucha y ad portas de una elección presidencial que tiene como clave los centros políticos, es más necesario que nunca volver a las lecciones políticas y estratégicas que son un debate al interior de la izquierda, pero también patrimonio para las nuevas generaciones que han despertado a la vida política, denunciado y organizado contra el régimen de los 30 años.

Domingo 12 de septiembre

A 48 años del golpe, luego de la rebelión popular y un desvío de la lucha encarnado en el actual proceso constituyente, es fundamental presentar posiciones y tomar partido frente a uno de los momentos más álgidos de la lucha de clases en Chile y la experiencia reformista que es reivindicada por gran parte de la izquierda chilena como fue el gobierno de la Unidad popular, con su tesis de la “vía chilena al socialismo” lo cual se ampara por medio de la idea pacífica, es decir, de no confrontación con el Estado y sus fuerzas represivas, sino que todo lo contrario.
Si bien, por un lado, la elección de Allende mostraba el deseo de imponer la voluntad popular por medio de las elecciones y el uso de la política y el Estado capitalista, las aguas por abajo no estuvieron quietas. Todo lo contrario, dentro de la UP existieron oleadas de luchas de clases.

Aquellos choques no partieron en el golpe de septiembre de 1973. En realidad partieron a pocos días de la elección de Allende. En noviembre de 1970 los campesinos y obreros de Panguipulli iniciaron una toma de 24 fundos que abarcaban más de 36 mil hectáreas. Su exigencia era la expropiación inmediata. Por la fuerza de los hechos se acabó el latifundio en aquella zona, y luego de varios meses de intervención. En octubre de 1971 se crea el Complejo Forestal de propiedad estatal. En 1971 también ocurre la toma de las fábricas Yarur y Progreso. Denunciaban el acaparamiento y boicot de sus dueños deseosos de estrangular la economía para poner término al gobierno.

En junio de 1972 una serie de luchas locales en Cerrillos y Maipú permitieron la creación de un “cordón industrial”. Exigían el traspaso al Área de propiedad social ya que sus empresas cumplían con las condiciones de monopolio y se encontraban también acaparando y generando baja productividad deliberadamente sus empresarios respectivos. Más tarde en 1972 surgen a nivel de Santiago y otras regiones los Cordones Industriales como organización territorial de trabajadores de diversas fábricas ocupadas a raíz de la huelga patronal de octubre, logrando la coordinación directa con las juntas de Abastecimientos y Precios que requisaron locales cerrados y vigilaban los precio en variadas poblaciones de la capital.

En todos estos eventos de choque entre las clases, la intención golpista de la derecha y el imperialismo era clara. En todo ese camino, la clase trabajadora y el pueblo, resistió a esta sucesión de “golpes” y multiplicó su organización para resolver las tareas de desabastecimiento y gestión de la producción en las áreas agrícolas y fabriles. Y en todo este camino el rol del gobierno y el Partido Comunista fue el de querer atenuar los choques entre las clases y fortalecer el rol del Estado.

El tanquetazo del 29 de junio fue un ensayo de golpe militar. Buscó medir las fuerzas de resistencia que podría tener potencialmente el gobierno y sus bases. Se organizó en un regimiento blindado y contó con el apoyo directo y público de la derecha. 400 hombres con una decena de vehículos blindados se lanzaron al centro de Santiago y rodearon el ministerio de Defensa. La respuesta de Allende fue apoyarse en el Comandante en Jefe del Ejército Carlos Prats. Tras este acto de junio, Prats pierde el apoyo de sus pares en el ejército renunciando en agosto sabiendo del inminente golpe. El PC tras la derrota del golpe de junio saca otra lectura: “los planes de la derecha para implicar a las FFAA en una aventura partidista han fracasado”. En concordancia con su visión e hipótesis de “vía pacífica”, haber sofocado el intento demostraba “la solidez de las instituciones” que según su lógica fueron capaces de sofocar el golpe de Estado y probaron a su vez la “lealtad” de las fuerzas armadas.

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Sin embargo, los trabajadores no mostraron plena confianza en las FFAA, sino que organizaron una resistencia. Durante los primeros días de julio se desarrolló el movimiento más masivo de tomas de empresas. Se producen más de 500 tomas en pocos días. En muchas asambleas se decide el control obrero de la producción expulsando a los interventores designados por el poder Ejecutivo. Los camiones fueron requisados y sirvieron de transporte de columnas de trabajadores y adherentes del movimiento. En el cordón San Joaquín los obreros de la Sumar exigían armas: “no queremos ir al centro con el pecho desnudo”. Los Cordones se reactivaron en todo el país. “Estuvimos atentos y esperando instrucciones” .Cada fábrica tenía su comité de vigilancia que logró reunir escudos, cascos, material combustible y piedras para barricadas. Es quizás el momento más revolucionario de la historia de Chile. Es decir, en donde más las clases dominadas irrumpen con sus métodos de lucha desafiando el poder de los capitalistas. Durante julio la ley de control de armas fue la manera de darte cobertura legal a una serie de acciones contrarrevolucionarias. Fueron allanados los lugares de trabajo, el asalto a los locales de CUT y locales de la izquierda. Se intimidó a la población y a los trabajadores imponiendo las armas del Ejército. Eso dio pie a otro paro camionero a fines de julio. Y la dinámica de respuesta obrera volvió a ser la misma. Aumento de tomas y mayor control de la distribución y comercio.

El papel de las FFAA quedaba cada vez más en evidencia. Como un instrumento al servicio de la contrarrevolución. Todos estos eventos muestran que el golpe no se produjo de golpe. Sino que efectivamente la vía chilena al socialismo, no podía ser “pacífica” ni por fuera de la dinámica propia de la lucha de clases con choques, batallas y luchas, que no sólo se miden por cuánta injerencia se tiene al interior del Estado burgués, que para la Unidad popular con Salvador Allende a la cabeza era un fin en sí mismo, sino que por cuanta respuesta existe a esa serie de golpes. La clase obrera respondió con sus métodos y organizaciones, pero la política que hegemonizaba era la del gobierno de la Unidad Popular que buscó apaciguar los ánimos de los trabajadores organizados, sino que derechamente le cedió terreno a la derecha golpeando a las organizaciones obreras y los cordones industriales.

Hubieron pasos preparatorios que se dieron a lo largo de todo el mes de julio. La reacción de Allende en agosto fue nombrar a más generales como ministros de Estado posicionando cada vez más las FFAA como garantes del orden. Y mientras por abajo avanzaba la conspiración golpista. Armando Cruces, dirigente del Cordón Industrial Vicuña Mackenna declaraba con mucha conciencia: “Los militares en el gobierno, igual que en octubre, son una garantía para los patrones”. Desde julio de 1973 la DC declaró que el gobierno de la UP era inconstitucional al no reprimir con la fuerza armada la autoorganización que se había generado a partir de la ocupación de fábricas y la extensión de organismos populares como los Cordones.

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El 4 de septiembre en ocasión del tercer aniversario del triunfo electoral de la UP se desarrolló en la capital de Santiago la marcha más grande de la historia del siglo XX. Según registros se movilizaron más de un millón de trabajadores. Este impulso por iniciar una lucha no tuvo representación política en la UP. Aquel 11 de septiembre la suerte ya estaba echada. Sin embargo igualmente hubo disposición a resistir, como ocurre en los enfrentamientos armados contra el Ejército en las fábricas Sumar y en la población La Legua. Hubo un plan de los Cordones de abrir paso al centro de la ciudad. A pesar de esta heroica resistencia no hubo ningún llamado de la UP ni del PC por resistir el golpe.

La instalación de una Dictadura Militar al mando de las cuatro ramas de las FFAA significó la represión sangrienta contra el movimiento de los trabajadores y sobre todo a su vanguardia organizada en los cordones, sindicatos y partidos. Y construyó un modelo económico, político y social en beneficio de nuevos monopolios capitalistas. Sus consecuencias las vivimos hasta hoy.






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