ENTREVISTA CON PANAGIOTIS SOTIRIS

Althusser, Gramsci y Trotsky

Tiempo estimado 23:14 min


Panagiotis Sotiris es Doctor en Filosofía, con amplia experiencia en la docencia universitaria. Forma parte del consejo editorial de Historical Materialism y de la organización de izquierda anticapitalista griega ARAN [Recomposición de Izquierda]. Sus investigaciones teóricas giran en torno al pensamiento de Althusser, el de Gramsci y los problemas de la filosofía, la política y la hegemonía en la tradición marxista.

Juan Dal Maso

juandalmaso@gmail.com

Domingo 28 de abril | Edición del día

Fotomontaje: Juan Atacho

En esta entrevista conversamos con él sobre algunos de sus trabajos recientes, en los que realiza ciertas críticas a las concepciones posmarxistas de la política y rescata la problemática de la dualidad de poderes. Sobre este tema, tenemos una diferencia en relación con los llamados “gobiernos de izquierda”. Sotiris considera que las formas de auto-organización obrera y popular pueden servir para que los gobiernos de formaciones de izquierda reformista o neo-reformista tomen medidas más radicales. Para nosotros el desarrollo de este tipo de formas de organización debe mantener independencia de cualquier tipo de gobierno incluidos los “de izquierda”, que es la única vía para abrir lo que Sotiris llama un “proceso constituyente”. Más allá de las diferencias importantes en este aspecto, consideramos destacable su interés por retomar la cuestión de la dualidad de poderes, que suele ser un tema poco visitado incluso entre quienes se reivindican marxistas en la actualidad y que Sotiris aborda retomando los aportes de Lenin y Trotsky, relacionándolos con la teoría de Gramsci. También charlamos sobre la recepción de Althusser en Grecia –un proceso sumamente peculiar–, las relaciones entre la teoría de Althusser y la de Gramsci y sobre la situación actual de Grecia y de la izquierda griega.

En un trabajo reciente planteás una lectura crítica de los enfoques de Laclau, Mouffe y Jessop sobre la cuestión de la hegemonía. Decís que la hegemonía tiene que ser algo más que un proyecto. ¿Qué quiere decir y por qué?

Recientemente estuve indagando un poco sobre los usos de la noción de hegemonía. Parte de eso tiene que ver con los usos de esta expresión “proyecto hegemónico”. Esta investigación me llevó a la introducción por primera vez de este término por Bob Jessop a comienzos de la década de 1980 y de ahí muchos otros usos: en Laclau y Mouffe, en la teoría de las relaciones internacionales y por supuesto en los debates contemporáneos de la izquierda. No hace falta aclarar que yo he usado mucho el término también.

Como ocurre con muchas frases, nociones que parecen ser útiles, uno debería siempre hacer un esfuerzo y analizarlas. En este sentido, he sugerido que más allá de lo útil que pueda ser como una metáfora, surgen problemas, si intentamos verla como un concepto teórico.

En particular, el problema es que este “proyecto hegemónico” aborda la lucha por la hegemonía como la elaboración de un proyecto político de “clase media”, una combinación de construcción de alianzas exitosa y retórica efectiva. Esto es particularmente cierto, si vemos las formas contemporáneas de proyectos políticos asociados con o influenciados por la obra de Ernesto Laclau, donde la hegemonía es pensada solamente en términos de articulación de discursos que pueden interpelar a amplios segmentos de la sociedad, algo que puede conducir fácilmente al tratamiento de la práctica política de la hegemonía como una práctica comunicativa.

Además, un enfoque de este tipo corre otro importante riesgo. Abordar la política hegemónica principalmente en términos de “arriba-abajo”, que es algo particularmente evidente en esos teóricos y esos proyectos políticos que remiten a alguna forma de populismo, con toda la importancia puesta en la figura del líder, etc.

Por el contrario, me gustaría insistir en la riqueza de la teorización de Gramsci sobre la hegemonía. Como es bien conocido, Gramsci tomó la noción de los debates al interior del movimiento revolucionario ruso, hasta la NEP, en el que se refería a la capacidad de la clase trabajadora para asumir un rol dirigente en una alianza más amplia de las clases subalternas, y la transformó en un nudo conceptual dentro de un enfoque para repensar la sustancia de la política en la época burguesa.

En este enfoque hegemonía se refiere a la modalidad particular de la política que emerge en la modernidad exactamente porque emerge de las nuevas formas de la lucha de clases y politicidad asociadas tanto con el ascenso de la clase capitalista al poder (incluyendo lo que llamamos “revoluciones burguesas”) como con las nuevas formas de intervención política de las clases subalternas, y en particular el movimiento de la clase obrera.

Esta lectura enriquece y transforma la noción misma de hegemonía. Hace evidente que la hegemonía no se trata solamente de ideología y “consenso”. Muestra cómo las prácticas y formas hegemónicas también emergen en el terreno de la producción capitalista. Subraya la diferencia entre la hegemonía burguesa y una potencial hegemonía de los subalternos.

En cierta manera, la hegemonía emerge después de la elaboración compleja de Gramsci como la práctica particular que provee la “coherencia” tentativa e inestable de una formación social, en la compleja interacción entre economía, política e ideología, una práctica articulada por medio de una compleja serie de aparatos hegemónicos al interior del “estado integral” concebido no solo como la combinación de sociedad civil y sociedad política sino también como dice Gramsci: “el entero complejo de actividades prácticas y teóricas con la cual la clase gobernante no sólo justifica y mantiene su dominio sino se arregla para ganar el activo consentimiento de aquellos sobre los cuales gobierna”.

Podríamos decir que la hegemonía se refiere a la misma serie de preguntas a la que Althusser intentó responder con la noción de sobredeterminación, la cual para él era exactamente la que hacía posible la política. Y es interesante cómo Althusser, quien sería luego muy crítico de Gramsci, en ese momento particular, el del surgimiento por primera vez del concepto de sobredeterminación, subraya la importancia de Gramsci:

[E]sta teoría de la eficacia específica de las superestructuras y otras “circunstancias”’ deberá todavía ser en gran parte elaborada […] Como el mapa de África antes de las grandes exploraciones […] desconocido en sus detalles ¿Quién después de Marx y Lenin ha verdaderamente intentado continuar su exploración? No conozco sino a Gramsci” [3].

En este sentido, es importante pensar más en términos de práctica de la hegemonía y en particular de la potencial práctica de la hegemonía de los subalternos. Como muchos teóricos han sugerido, incluido Etienne Balibar que primero subrayó este punto pero también Althusser, en Marx no encontramos simplemente la necesidad de una política de la clase trabajadora, sino también la importante sugerencia que la remite una nueva práctica de la política. Uno podría decir que esta práctica política, basada en la democracia, la participación, la experimentación intelectual y colectiva masiva, en suma una política de transformación, es exactamente la base también de una forma antagonista para una potencial hegemonía de los subalternos, transformando efectivamente sus aspiraciones, resistencias, invenciones, sensibilidades y conocimientos en una práctica hegemónica.

Una percepción así también tiene repercusiones políticas. Conduce a la necesidad de no limitar la hegemonía al discurso o lo que es peor a la comunicación. Hace evidente que no estamos hablando de un proyecto a ser elaborado desde fuera de las masas y luego “dirigido” a ellas. Remarca la importancia de las clases y las estrategias de clase. Y es claro que estamos hablando de una práctica hegemónica que emana de una manera orgánica ( en el sentido gramsciano) de las prácticas de los subalternos, una expresión de su propia lucha hacia el auto-gobierno y la autonomía integral.

Por estas razones, pienso que la noción de “proyecto hegemónico” es muy inadecuada para describir esos desafíos políticos y teóricos.

Relacionada con la hegemonía y la cuestión de una nueva práctica política de las clases subalternas, planteaste la necesidad de retomar la problemática de la dualidad de poderes. ¿Qué importancia te parece que tiene en la actualidad para la izquierda y el marxismo?

Creo que el de doble poder es un concepto muy importante, que no se refiere simplemente a cierto “momento” en una secuencia revolucionaria. Más bien se refiere al núcleo de problemas asociados con la elaboración de cualquier estrategia revolucionaria viable.

En la lectura clásica de los textos de Lenin, el doble poder es considerado para aludir preferentemente a una breve fase de crisis revolucionaria aguda, donde coexisten durante un corto lapso de tiempo dos formas opuestas de poder, el poder estatal y el poder potencial del estado obrero en la forma de los soviets.

De todas maneras, pienso que el poder dual expresa una modalidad más profunda de cualquier proceso revolucionario. En este sentido, el modo en que Trotsky describe el doble poder como un elemento importante de todo proceso revolucionario abre una necesaria línea de investigación.

Me parece que la única vía para tratar estas cuestiones es pensarlas en toda la complejidad de una proceso de transición como un período de intensificación de la lucha de clases y como un proceso en el que el simple mantenimiento del poder gubernamental puede no sobrevivir a los contra-ataques de la burguesía sin la intervención de formas de poder popular desde abajo.

Además, pienso que el doble poder también apunta a un proceso prolongado de confrontación entre diferentes formas y prácticas sociales. El proceso de transición implica una constante lucha entre las relaciones y formas sociales capitalistas y el comunismo emergente. La única manera para que los elementos y formas sociales comunistas o socialistas emergentes se vuelvan dominantes es por la vía de un proceso expansivo de experimentación social y de liberación del potencial del ingenio colectivo. Un proceso de este tipo requiere las formas políticas del doble poder, las formas de la auto-organización, resistencia y lucha de los subalternos que permiten la emancipación de la experimentación social, más allá de la planificación del “Estado obrero”.

La misma experiencia de los experimentos socialistas ha hecho evidente que la única manera de enfrentar la constante re-emergencia de las formas sociales y jerarquías capitalistas y evitar el peligro de lo que hemos definido históricamente como “burocracia” es mediante la existencia y expansión de formas de organización autónomas de las clases subalternas, capaces incluso de luchar contra el propio “Estado obrero”.

Todas esas cuestiones son también pertinentes para las luchas y movimientos contemporáneos. La actual coyuntura de crisis hegemónica ha abierto nuevas posibilidades, incluida la posibilidad de formas de “gobiernos de izquierda”. De cualquier modo, la única forma posible de combinar una eventualidad de este tipo con una estrategia revolucionaria es insistir en que también necesitamos formas autónomas de poder desde abajo que permitirían la expresión constante de las prácticas políticas y la experimentación colectiva de los subalternos para empujar a los “gobiernos de izquierda” hacia posiciones más radicales y en particular hacia medidas de carácter socialista y un proceso constituyente que permitiría el desarrollo hasta el final de nuevas formas de poder popular.

Siguiendo con este tema, destacaste que la definición de Lenin sobre el rol de los soviets se parece bastante a lo que Gramsci llama "aparato hegemónico". ¿Por qué? ¿Cuáles te parece que son los aportes de Trotsky sobre la problemática del doble poder?

Creo que la única manera de pensar en los soviets y la cuestión misma del poder soviético es dando cuenta de que no se trata solamente de algunas formas de expresión de poder proletario o simplemente de la democracia obrera, más allá de lo importantes que sean estos aspectos.

La pregunta es si todo el período de transición hacia la “sociedad regulada” –para usar la expresión de Gramsci– y una integral socialización de las formas políticas y la politización de las formas sociales, puede ser visto como una constante expansión y desarrollo de la “sociedad civil” de modo mucho más rico que en la época burguesa y como una vía para inducir realmente transformaciones profundas de la “sociedad política” o el estado en sentido estrecho.

En oposición al “estado integral” burgués, necesitamos un proceso integral de lucha, experimentación, transformación y emancipación y la completa elaboración y puesta práctica de una potencial hegemonía de los subalternos. Desde esta óptica los soviets se vuelven mucho más que simples “asambleas”. Más bien se transforman en nodos cruciales en un conjunto de aparatos hegemónicos de las clases subalternas. En este sentido, no se trata solamente de la legitimidad democrática o del proceso democrático al interior del socialismo, lo cual por supuesto es en sí mismo de la mayor importancia, sino sobre todo de la profundización integral de la práctica de la hegemonía de los subalternos, una nueva relación dialéctica entre sociedad civil y sociedad política con el objetivo de lo que Gramsci definió como absorción de la sociedad política por la sociedad civil.

Me parece que hay importantes percepciones sobre el poder dual en las obras de Trotsky y en particular en la forma en que él conceptualiza el doble poder como un aspecto de todo proceso revolucionario. Quisiera citar estos pasajes:

“Si el Estado es la organización del régimen de clase y la revolución la sustitución de la clase dominante, el tránsito del poder de manos de una clase a otra, es natural que haga brotar una situación contradictoria de Estado, encarnada, sobre todo, en la dualidad de poderes. La relación de fuerzas de clase no es ninguna magnitud matemática susceptible de cálculo apriorístico. Cuando el equilibrio del viejo régimen se rompe, la nueva relación de fuerzas solo puede establecerse como resultado de la prueba recíproca a que estas se ven sometidas en la lucha. La revolución no es otra cosa [4].

Yendo a otro tema sobre el que has trabajado en profundidad. Hay un creciente interés por Althusser en los últimos años y también distintas tentativas de relacionar o comparar el pensamiento de Althusser con el de Gramsci. ¿Cuáles te parecen sus puntos de contacto y sus diferencias principales?

He estado trabajando sobre Althusser desde los años 1990, por lo que en cierto modo me sigo considerando un althusseriano. La importancia de Althusser es la originalidad de su intento por repensar la posibilidad de una nueva práctica materialista de la filosofía, en una aguda ruptura con todas las formas de historicismo, teleología y pensamiento metafísico. Es el intento de subrayar la originalidad del pensamiento de Marx. Al mismo tiempo es también importante destacar que las obras de Althusser fueron intervenciones en coyunturas específicas y por eso fue también el filósofo por excelencia de la autocrítica como estrategia filosófica.

De alguna manera ambos, Althusser con el concepto de sobredeterminación y Gramsci con el de hegemonía intentaron responder preguntas similares, es decir la complejidad de la práctica política como práctica articuladora en un terreno atravesado por la lucha de clases. Además es importante señalar que Althusser fue influenciado en muchos aspectos por Gramsci, lo cual se puede ejemplificar con las nociones althusserianas de aparatos ideológicos del Estado.

Al mismo tiempo, Althusser también emprendió la búsqueda de una práctica de la filosofía altamente original y allí hay analogías con la investigación de Gramsci sobre la filosofía de la praxis.

De todas maneras, uno podría hablar de un desencuentro entre Althusser y Gramsci, algo demostrado por la muy crítica postura asumida por Althusser contra Gramsci tanto en Para Leer El Capital como también en sus textos de la década de 1970. Hay varias razones para esto desde el miedo de Althusser de que el “historicismo absoluto” gramsciano pudiera llevar en los hechos a un historicismo idealista (a pesar de que de hecho la “ontología social” de Gramsci estaba mucho más cerca de la concepción althusseriana de un materialismo no teleológico) hasta su oposición al uso de Gramsci por las distintas variantes del Eurocomunismo.

Tengo entendido que en Grecia la teoría de Althusser tiene peso en la izquierda militante. ¿Es así? ¿Cuáles son las claves de apropiación de su pensamiento?

Desde la década de 1970 ha habido un interés constante en el trabajo de Louis Althusser en Grecia. Esto tiene que ver con el hecho de que las tendencias radicales que intentaron una crítica por izquierda al reformismo comunista encontraron en el trabajo de Althusser, en su teoría de los Aparatos Ideológicos del Estado, en su insistencia en la primacía de las relaciones de producción sobre las fuerzas productivas, en su crítica del economicismo y el marxismo “humanista” y en su insistencia sobre la crisis del movimiento comunista un útil aliado. Esto fue impulsado también por el hecho de que en el movimiento estudiantil Althusser fue leído como un crítico radical de la educación burguesa y en particular de la educación universitaria. Con estas dos circunstancias, se combinó la importancia del trabajo de Poulantzas en los debates griegos y el hecho de que Poulantzas también se hizo eco de algunas de las posiciones de Althusser. Esto hizo de Althusser un punto de referencia constante para militantes, organizaciones (como Aristeri Anasythsi-ARAN [Recomposición de Izquierda] la corriente de la que soy miembro), pero también para importantes publicaciones teóricas como Theseis.

En este sentido, podríamos decir que en Grecia tenemos el reverso de la forma tradicional en que Althusser es visto en la academia. Mientras la tendencia más común es tratarlo como un “teoricista” separado de las exigencias políticas reales, en Grecia la lectura de Althusser fue desde el principio mucho más política y relacionada con cuestiones políticas urgentes. Esta es quizás la principal originalidad de la recepción de Althusser en Grecia: exactamente este tipo de lectura política y políticamente motivada de su pensamiento.

Aunque muchas obras de Althusser fueron publicadas en las décadas de 1970, 1980 y 1990, ahora estamos intentando hacer nuevas traducciones, tanto de los trabajos ya publicados en Grecia como de trabajos que no habían sido traducidos. Este trabajo lo esta llevando adelante la editorial Ektos Grammis, con Tasso Betzelos como traductor y yo estoy muy feliz de ser parte del colectivo editorial.

Una pregunta más, la última, también sobre Grecia. ¿Cómo ves la situación actual del país y en particular la de la izquierda después del alineamiento de SYRIZA con la Troika y el avance del plan de austeridad?

Después de la capitulación de SYRIZA a la cabeza del gobierno en 2015 y la firma de otro “Memorándum de Entendimiento” (es decir, un programa de reestructuración y austeridad capitalista) con la Troika; la oportunidad que se abrió ante el tremendo movimiento de 2010-2012 y la demostración de fuerzas de las clases subalternas en el referéndum de 2015, se perdió y en su lugar tuvimos una derrota de las fuerzas populares. Esto fue una expresión de los límites, defectos y contradicciones de todas las corrientes de la izquierda griega: el reformismo y europeísmo de SYRIZA que ahora la ha llevado a transformarse en un partido socialdemócrata pero también la incapacidad de la izquierda anticapitalista para elaborar efectivamente una estrategia viable de poder y hegemonía y el sectarismo del Partido Comunista. El resultado ha sido la derrota y desesperación de las clases subalternas y una amplia desagregación, que se expresa en la incapacidad de montar una resistencia seria a las políticas de SYRIZA.

Además, el panorama social, incluso ahora que Grecia está nominalmente “fuera de los programas de austeridad” (aunque es todavía la Unión Europea la que dicta las políticas) es realmente difícil. El desempleo es todavía muy alto (más del 18 %) y la mayoría de los trabajos nuevos son part time y precarios. Un gran segmento de la juventud ha migrado, especialmente de los sectores con títulos universitarios. La extrema derecha, en la forma de la neonazi Aurora Dorada tiene todavía una influencia considerable. Los movimientos están fragmentados y falta esa clase de compromiso con una causa común que caracterizó el período de 2010-2015.

Como producto de esto la izquierda griega está pasando por un período de profunda crisis. SYRIZA es un partido abiertamente socialdemócrata y no tiene sentido tratarlo como una fuerza progresista o incluso reformista. Unidad Popular, la coalición del ala izquierda de SYRIZA que rompió en 2015 y algunos segmentos de la izquierda anticapitalista, no logró ofrecer una alternativa y no evitó algunas posiciones nacionalistas en la llamada cuestión macedónica. ANTARSYA, el frente anticapitalista, está en una crisis estratégica y girando hacia posiciones más sectarias y el Partido Comunista (KKE) insiste todavía en una línea que combina una retórica anticapitalista con sectarismo y una concepción derrotista de que “aún no están maduras las condiciones”.

En este sentido, lo que se necesita es en efecto un proceso de recomposición de la izquierda y los movimientos sociales, la creación de nuevas formas colectivas, nuevas formas de coordinación del movimiento pero también nuevas formas de reconstruir la izquierda como un laboratorio para el potencial hegemónico de los subalternos. Esto requiere repensar profundamente las estrategias pero también las formas de organización. Y también requiere darse cuenta de que lo que necesitamos son movimientos, resistencias y colectivos que puedan realmente actuar como laboratorios y encontrar puntos y prácticas de aprendizaje, en orden a realmente contribuir a la emergencia de nuevas formas de intelectualidad política de los subalternos y también nuevos proyectos políticos orgánicamente relacionados con sus prácticas, luchas y aspiraciones colectivas.

Solo de esta manera podemos realmente trabajar hacia la formación de un nuevo bloque histórico, que no debería ser considerado como simplemente una alianza de clases sino como la combinación de una amplia alianza de lucha de los subalternos hacia la elaboración de un programa de transición y de nuevas prácticas políticas.

Y como ya mencioné esto requiere repensar la organización, especialmente hoy que vemos muchos signos de una crisis de autoridad en las organizaciones tradicionales, como un "moderno Príncipe". Esto significa ver el frente político como un laboratorio y punto de encuentro, como un "Frente Único integral", es decir el conjunto de todas las actividades y prácticas que pueden elaborar los subalternos para reivindicar su propia práctica de la hegemonía.

Para tal desafío, un retorno a Gramsci y a toda la riqueza de sus investigaciones carcelarias es más que necesario. Cuando preguntas sobre el poder y la hegemonía vuelven a pasar a primer plano, incluso por medio de derrotas como las del movimiento popular griego, entonces Gramsci se vuelve mucho más urgentemente necesario, en toda la riqueza de sus escritos.



[1Althusser, Louis, La revolución teórica de Marx, México DF, Siglo XXI Editores, 1967, pp. 93/94.

[2Trotsky, León, Historia de la Revolución rusa, Tomo I, Bs. As., Ediciones IPS-CEIP, 2017 (Obras Escogidas 11, coeditadas con la Museo Casa León Trotsky), pp. 191/192.

[3Althusser, Louis, La revolución teórica de Marx, México DF, Siglo XXI Editores, 1967, pp. 93/94.

[4Trotsky, León, Historia de la Revolución rusa, Tomo I, Bs. As., Ediciones IPS-CEIP, 2017 (Obras Escogidas 11, coeditadas con la Museo Casa León Trotsky), pp. 191/192.





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