Cultura

ENTREVISTA

Yamandú Cardozo: “Tanto uruguayos como argentinos tenemos que reclamar por la aparición con vida de Santiago Maldonado”

Conversamos con el letrista y director de la murga uruguaya "Agarrate Catalina".

Sábado 7 de octubre | 14:39

¿Cómo surgió la idea y composición de este cuento-teatral “Un día de Julio” con una estructura tan atípica al formato tradicional de murga uruguaya?

Responde a unas ganas que estaban añejadas por ahí y que estaban desde hace un tiempo dando vuelta en nuestras cabezas y, como siempre, esa idea tuvo un tiempo de germinación, de fermento.

Hay algunas ideas que son menos rebeldes y se pueden bajar en seguida y otras que tienen su momento. Nos pusimos a investigar y descubrimos que Julio César era el nombre mas común en Uruguay. Siempre teníamos ganas de animarnos a contar un cuento, a ver qué pasaba con nosotros con esa estructura narrativa, de poner personajes determinados con una psicología, una locación, una relación visible y adivinable, con una introducción, nudo y desenlace. Todos los espectáculos que habíamos hecho (y nos siguen gustando) tenían una idea madre y alrededor de esa consigna andaban los bloques, pero este era el primero que tenia el formato de cuento y nos animamos a hacerlo.

“Un día de Julio” surgió como idea por 2013 pero creo que nos dimos cuenta que era posible cuando presentamos este mismo espectáculo para la prueba de admisión al carnaval de 2015 y nos dejaron afuera, algo impensado y muy doloroso para nosotros. Junto con ese naufragio, creo que inmerecido, aparecieron entre los restos un montón de cosas, entre ellas la libertad; nos chocamos de frente con la libertad. Ahí nos dimos cuenta que podíamos tomarnos mas tiempo para armar y desarrollar esta historia y que teníamos que hacer uso de esa libertad. Estoy seguro que no habríamos llegado a lograr este espectáculo si lo hubiéramos enmarcado para el concurso. Siempre desafiamos esas reglas, pero nunca hubiéramos podido lograr esto dentro del reglamento.

¿Cómo vivieron ustedes no ser admitidos en los carnavales pasados por no cumplir los requisitos del jurado, y en qué los hizo crecer como grupo?

Lo vivimos con mucho dolor. Creo que en este caso aplica la ley que si no te mata te fortalece. Hubo otras cuestiones en esa eliminación por parte de los jurados que no tenían nada que ver con lo artístico. Hubo un entorno, sin ánimo de parecer paranoico, del propio micro mundo del carnaval, y también social, que favoreció esa lapidación: veníamos de una gira mundial en la que nos fue muy bien y siento que eso parece haber molestado a muchos. La Catalina, sin querer demostrar, evidenció que no necesitaba ni del concurso ni de la estructura del carnaval para estar viva y saludable.

Nos dolió lo que nos tenía que doler: la prohibición, la violencia de los comentarios; pero no nos paralizó. Nos sentó en la lona, pero después entendimos que ese voleo en el culo era también un trampolín y que este espectáculo era nuestro futuro y, con todo nuestro entusiasmo, ese cachetazo nos presentaba la posibilidad de mayor libertad y apertura en lo artístico. Pero nos dimos cuenta de que esa jaula que tanto nos asfixiaba era también nuestro sostén; como el boxeador cuando está grogui pero también se apoya en las cuerdas para descansar. De golpe teníamos una hoja más en blanco que nunca y eso estuvo buenísimo. Si hoy tuviera que pasar nuevamente por ese naufragio para hacer “…Julio” te digo que sí, naufragaría de nuevo.

Habiendo recorrido el mundo y países tan lejanos culturalmente como China, Corea, Rusia o Alemania, ¿sintieron que podían llegar al público con esa forma tan uruguaya de expresión o debieron adaptar el espectáculo?

Las dos cosas. Entendimos que una cosa no iba en contra de la otra; adaptando, eliminando los ruidos que puede haber entre emisor y receptor se puede transmitir lo que querés comunicar. En eso, toda La Catalina fue muy valiente. Incorporamos el sobre titulado, cambiamos algunos diálogos por el lenguaje corporal, armamos un glosario de terminologías y hechos puntuales a los que nos queríamos referir. Hicimos un espectáculo típico de murga uruguaya, no una versión lavadita ni pasteurizada o for export. Presentamos un show para exportar pero que era murga bien uruguaya para compartir y se entendió a la perfección.

Fue todo un hallazgo para nosotros.

Con la creciente derechización a nivel mundial, ¿sienten que la murga, por su estrecha relación entre arte y política, puede ocupar un rol de resistencia cultural o corre el riesgo de adaptarse al show business y ocupar el lugar de entretenimiento comercial en que cayó mayoritariamente el rock?

Espero que eso no suceda y siento que no va a pasar. Igualmente creo que para la murga es mas peligroso el escenario que atravesamos ahora con la izquierda en el poder en Uruguay. La inmensa mayoría de las murgas uruguayas son de izquierda. Me parecía mas riesgoso el cómo iba a mantener la murga ese espíritu necesariamente crítico sin transformarse en el brazo artístico del gobierno o en un bufón de la corte. Creo que esto se sorteó muy bien.

También la murga ya transitó un camino parecido cuando fue bastión de la lucha contra los movimientos de derecha y el fascismo en Uruguay; hubo censura, murguistas presos, prohibición, pero en aquel entonces surgió el crear entre líneas y esconder entre versos encriptados los mensajes y hubo un increíble alimento de la esperanza en la propia cara estúpida del poder. Creo que la murga se resignifica a partir de ahí y encuentra una nueva manera de decir las cosas que estuvo buenísima.

Murgas como “La Soberana”, al caudal critico que ya tenia la murga, le agregaron contenido e ideología y eso se transformó en un combo que durante y después de la dictadura marcaron un camino. Así que espero que no, que este nuevo escenario internacional no siga virando hacia la derecha, pero si es lo que toca espero que las manifestaciones culturales se pongan el overol y laburen desde lo humano, más allá de las banderas, incluyendo las mías, desde un concepto de mundo como ese que queremos tener y desde el que elegimos cantar.

¿Crees que “La Catalina” pudo preservar esa rebeldía y el tono ácido e irónico de denuncia característico del género estando tan cercanos al poder?

Me encantaría que la murga esté parada siempre en ese lugar: inorgánico, independiente y desobediente, incluso para con sus propios dogmas. A nosotros también nos ha costado mucho.

Cuando parecía que el Frente Amplio podía llegar al poder, (muchas de las familias de los murguistas habían trabajado muchos años a nivel político para eso); decidimos que había que salir, ir a los actos y cantar con el espectáculo que teníamos, pero eso no intervenía en el mismo, no le cambiábamos nada, ni decíamos para que voten a este o al otro. El espectáculo es sagrado, no podemos condicionarlo.

Si, después, algunos quisimos grabar una canción como la que hicimos para el Pepe Mujica, gratis obviamente, y que no toda La Catalina grabó porque no todos votan al Frente; digo que, en ese momento, ese tipo, era el que yo quería de presidente y pagamos el precio por identificarnos y levantar esas banderas, pero eso no quiere decir que fuéramos condescendientes con el poder. Ese creo que fue el escenario más riesgoso para nosotros.

La Catalina tiene en Argentina un gran número de seguidores donde suelen tocar a sala llena, ¿qué fibra creen haber tocado en el público local para lograr tanta simpatía?

Nosotros nos preguntamos lo mismo. Falta y resto nos abrió muchas puertas en su paso por aquí. Pero es verdad que La Catalina ha pasado por esos momentos de conexión con el público que son alucinantes y que crecen cada vez más en intensidad y en frecuencia. Lo analizamos eso que decís; sabemos que tenemos un piso de calidad y trabajamos de forma comprometida… Y tuvimos suerte también.

La conclusión es que no sabemos. Confiamos en el esfuerzo, en el laburo que hemos hecho, en el compromiso del espectáculo siempre digno, preocupados por lo que le sucede a la gente… pero es un misterio y nos alegramos de no saber que fibra tocamos en la gente. Para nosotros eso quiere decir que es de verdad y que no tenemos manera de replicarlo, no tenemos forma de fotocopiar esa fórmula del éxito y entonces no tenemos manera de que el público se enamore de nosotros mecánicamente; tenemos que salir a laburar de vuelta siempre y eso está buenísimo para nosotros como creadores. Siempre prefiero que la gente sea cómplice, que no vaya acorazada si no dispuesta a dejarse enamorar por el espectáculo, pero tampoco quiero una corte de claques. Nos alegra no haberle encontrado la vuelta ni saber la ecuación exacta. Lo que sabemos que tenemos para ofrecer es honestidad brutal y absoluta. Tenemos ganas de hacer esto mas allá de lo que espere de nosotros el imaginario colectivo, eso creo que asfixia.

Saber el secreto con el que conectas tanto puede generarte el miedo a moverte e inmovilizarte por perder ese vínculo. A veces lo más honesto que tenemos es ofrecer un cambio brusco como con esta obra y que tampoco implica que “formulicemos” el cambio, si no dejar aflorar las ganas más honestas que haya.

En unos días se celebrará en Chaco un nuevo encuentro nacional de mujeres al que suelen asistir decenas de miles de todo el país para tocar las problemáticas de género y clase que abundan en la sociedad patriarcal-capitalista, ¿qué lugar ocupan hoy las mujeres, en un género que históricamente era exclusivo para hombres, en su composición grupal y en la temática de sus letras?

Si, si. El año pasado fue en Rosario, no? … Por suerte cada vez más. No solo en la temática y en ser incluidas en ella, si no en ser las que escriben los textos, arman los espectáculos y las que deciden en muchos casos. La Catalina es la primera, en 2005, que gana el concurso de carnaval con tres mujeres integrando la murga. Pasó un siglo para que eso ocurra y fue muy resistido; hasta hoy hay quienes dicen: "una murga con mujeres no es murga".

En la murga del 1900, nacida de los arrabales, de la marginalidad, era imposible que hubiera mujeres, estaba vedado; a las mujeres no se les podía confiar nada y eran objetos comercializados en esos ambientes o denigradas y denostadas. Entonces la gente se acostumbró, por una cuestión física y vocal, a escuchar las voces de hombres forzadas e impostadas, en esos tonos agudos a los que las mujeres llegan naturalmente, pero que le dan el color a la murga que aprendimos a querer y entonces queremos que suene siempre y solamente así. Hay que entender que no es solamente así y que si no es así también es murga y que va evolucionando y por suerte está viva y se mueve para todos lados. Me encantan las murgas con mujeres, de mujeres altivas y estoy muy orgulloso de mis compañeras que son tremendas murguistas y de todas las mujeres que están tomando el carnaval también. Por suerte, como sociedad, no tenemos mas remedio que aceptarlo. Es un proceso lento, al que nos vamos acercando de a poco en una sociedad machista.

No sé si las conoces pero aquí también tenemos ejemplos como “Baila la Chola”…

Siii, claro; y en Uruguay también están: “La bolilla que faltaba” y “Cero Bola” que están muy buenas, son todas mujeres y está re bueno lo que plantean desde las cuestiones de género y también como murga. Esta buenísimo visibilizar esas perspectivas. Yo aplaudo y pongo a disposición a La Catalina para generar instancias para dar la pelea por la igualdad. Aún cuando eso implique revisarse en la temática y desde donde escribimos. Hay que acompañar poniendo nuestro arte al servicio de esa pelea siempre, que no es de género contra género, si no contra el sistema.

Cada vez estoy más cerca, aunque me gustaría estarlo más, y siento admiración por la claridad de Rosa Luxemburg: “por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”. Ella me parece impresionante. La igualdad en la diversidad. Ojalá las murgas tomen esta temática y encuentren nuevas maneras de hacerlo carne viva y de poner el cuerpo artístico a eso.

¿Están al tanto de la desaparición forzada de Santiago Maldonado? En Uruguay, ¿los artistas se sumaron a la campaña internacional para exigir su aparición con vida? ¿Es un hecho que les preocupa?

Si. La gente está al tanto. Iba en el bondi el otro día por Montevideo y vi 6 o 7 pintadas pidiendo por Santiago Maldonado. En la marcha por la diversidad de la semana pasada, a la que fueron 100.000 personas en la Avenida 18 de julio, fue una tremenda fiesta, con lluvia y todo vos veías familias, niños y a toda esa gente que no va a crecer ajena. Sabían de qué se trataba y fue alucinante. Ahí en la marcha, toda la comunidad LGBT y el colectivo Ovejas Negras leyeron en su proclama e incluyeron el reclamo por la aparición con vida de Santiago Maldonado, al que se sumaron numerosos artistas.

Nosotros también. El otro día actuamos en Banfield y nos sumamos con banderas y dimos lugar en el escenario porque creo que hay que apoyar ese reclamo y que tanto uruguayos como argentinos tenemos que reclamar por la aparición con vida de Santiago Maldonado. Queremos saber exactamente que pasó y que haya justicia. Y después, a partir de esta desaparición forzada, desde todos los colectivos y lugares en que se pueda, ver la situación de fondo con esta cuestión feudal que viene pasando en tierras mapuches desde hace tantos años.






Temas relacionados

Murga   /   Música   /   Cultura

Comentarios

DEJAR COMENTARIO