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ENTREVISTA / CULTURA

Walter Tournier, del joven militante al cineasta de animación

Entrevistamos al cineasta uruguayo creador de “Los Tatitos”, “Selkirk” y más películas animadas, donde nos cuenta de su trayectoria, su motivo para dedicarse al cine cunado casi no habían uruguayos cineastas, la influencia del contexto histórico, su exilio político, su retorno al cine, sus últimos trabajos y más. Publicamos aquí la primera parte de la entrevista.

Jueves 8 de diciembre de 2016 | 10:04

LID: Walter, contanos quién es Walter Tournier

Bueno, mi profesión, que me costó poner algunas veces en el pasaporte es cineasta, dedicado a la animación fundamentalmente aunque también hice algún documental y ficción. Soy uruguayo, tengo a esta altura 72 años, y no toda mi vida me dediqué a la animación, mi primera película que hice fue recién a los 30 años.

LID: ¿Qué te influenció a esos 30 años, o tal vez antes, para que decidieras dedicarte al cine?

A los 30 años era estudiante universitario, de la facultad de Arquitectura, ingresé en el 65 y me tocó vivir el 68, un momento muy especial en todo el mundo, la cúspide de todo un movimiento estudiantil y obrero, una serie de cuestionamientos que había de la sociedad y nosotros no escapábamos a eso.

Dentro de Facultad de Arquitectura nos juntamos algunos que, de alguna manera teníamos, no solo la inquietud de la arquitectura sino del cine. A raíz de eso hicimos algo que era lo que vivimos en ese momento, el movimiento estudiantil, íbamos a marchas, filmábamos, sacábamos fotos, y bueno, así hicimos una película, un corto, que en aquel momento para nosotros fue lo mejor que podíamos hacer, desconociendo la técnica, desconociendo todo porque no había escuelas de cine en el Uruguay. Se llamó “Refusila”, sobre la inquietud socio política del movimiento estudiantil.

Eso fue lo que nos llevó a vincularnos a algo más grande que había en Uruguay que era el Cineclub de “Marcha”, que luego de nuestra incorporación se conformó lo que fue la “Cinemateca del Tercer Mundo” donde ya era un objetivo netamente político. Esto fue en el año 70 o 71.

Lo que hacíamos era películas de corte político, documentales, eran los documentales de Mario Handler, él era parte de eso, y nosotros como tipos que recién ingresábamos ayudábamos en las distintas películas, la mayoría cortometrajes. Difundíamos mucho, íbamos a los comités de base, sindicatos, a distintos lugares a mostrar las películas y conversar con la gente, ese era nuestro objetivo. Era una cinemateca porque realmente teníamos más de 100 o 150 películas, películas políticas de todo ese momento, argentinas como “La Hora de los Hornos”, bolivianas, las películas de Camilo Torres de Colombia, cubanas, del mayo francés, un montón de cosas, y con eso trabajábamos.

La última película que hicimos del grupo fue en el 71 o 72 porque ya fuimos perseguidos, nos empezaron a parar las fuerzas conjuntas, nos detuvieron, fuimos de los primeros encapuchados de esa época. No sabíamos que era, nos agarraron con algo como unas fundas de almohada y nos llevaron a un lugar que no sabíamos, nosotros con un temor brutal. Todo esto fue antes del golpe de estado. Ya estaban investigando al grupo nuestro. Nuestro grupo estaba luego mermado, muchos perseguidos no solo por la actividad misma de la cinemateca sino también por la actividad política, y siendo pocos ya en funcionamiento hicimos esa última película que fue mi primer película de animación, que se llamaba “En la selva hay mucho por hacer”.

Esa primera película animada es en base a un cuento de Mauricio Gatti, uno de los primeros presos político de la época, que escribió para su hija que tenía tres años para explicarle un poco la situación. Era sobre unos animalitos que vivían en la selva, tranquilos trabajando, y vienen los cazadores y los llevan para un zoológico, y bueno, alegóricamente eso es la película animada que hice, y yo creo que debe ser la más larga que se hizo hasta esa época porque duraba 16 minutos, animación con papeles recortados. La tuvimos que hacer medio en la clandestinidad, nos llevó como un año y medio y la pudimos estrenar en el 74, la mostramos para familiares de presos políticos, y después yo me tuve que ir exiliado.

La película tuvo creo esa sola proyección del 74 en Uruguay, luego empezó a dar vueltas por el mundo, luego se volvió a proyectar acá recién en el 85 por Cinemateca Uruguaya.

Te cuento todo esto porque mi inquietud para hacer cine fue esa, una inquietud socio-política de tratar de trasmitir a través del cine determinados valores.

LID: ¿Con quienes hiciste esa primera película y qué queda de ella?

Éramos pocos. El productor fue Walter Achugar, que se encargó de conseguir el dinero. En el equipo estaba Gabriel Peluffo Linari, quien fue en los últimos años director del Museo Blanes, Alfredo Echaniz, que en aquel momento era trabajador y del sindicato de FUNSA, actualmente está en Argentina, los tres éramos parte de Cinemateca. La canción la cantó Jorge Estela, cantante popular uruguayo que vive ahora en Barcelona, y participó Susana Castro, que persigue aún su actividad teatral, quien leyera la cartita.

Fue una película que se hizo y se rebeló acá, yo empecé a trabajar en el laboratorio Roca que revelaba en 16 y 35 milímetros tanto blanco y negro como color, y allí la rebelamos en 35 milímetros. Pero bueno, el proceso no era muy bueno y se deterioró al poco tiempo, y aunque quedan copias, son de muy mala calidad porque son copias de copias, de copias, pero al menos algo se rescató.

LID: ¿A raíz de esa película, y tu militancia con otros estudiantes, es que tuviste que exiliarte?

Si, pero no fue por la película. Si bien el cine nos importaba, todos teníamos una militancia en algún partido o sector. Yo era un colaborador del MLN (Movimiento por la Liberación Nacional), pero cuando la cosa se puso peor, de repente la colaboración era algo mayor como esconder a alguien (risas), y llegó un punto que me agarraron, cuando ya había pasado casi un año del golpe del 73. Estuve tres meses preso, llegando a instancias de un juez, sabían que algo pasaba pero no le habían pegado bien al punto, le erraron, entonces me soltaron y al otro día me fui.

Me fui al peor lugar que podía haber ido, a Buenos Aires. En ese momento había muchos uruguayos, de distintos partidos, y que veíamos lo que se venía. Yo llegué a Argentina el día que murió Perón, cuando lo entierran, lo que me impresionó por la magnitud, un silencio brutal, una cola enorme para poder ver el cadáver. A partir de ahí se vino un debacle, Isabel Perón, las “tres A”, López Rega, un desastre. Viví un año allí y luego me fui a Perú.

LID: ¿Cuánto tiempo duró tu exilio y qué hacías en ese momento?

Mi exilio fue un año en Argentina y nueve en Perú.

Ese año que estuve en Argentina vivía de artesanías. Gracias a la solidaridad de la gente, me pude comprar un equipo de soldadura de autógena y oxígeno, y con eso hacía artesanías que vendía en la calle, en una feria de recoleta o distintos lugares. Bueno, eso me dio para vivir durante ese tiempo, pero cuando la cosa estaba mal, que me enteraba porque seguía en contacto con distintos compañeros, me volví a ir.

Llegué a Perú, porque allí había un amigo, con el que había comenzado un taller de artesanías en Uruguay, mientras en la noche estudiaba y militaba, durante el día hacía artesanías allí cerca de Facultad de Ingeniaría. Este amigo se casó con una peruana y estaba viviendo allá. Además en Perú se daba el movimiento militar progresista de Velazco Alvarado, que había leído algunas cosas interesantes. Le comenté a algunos compañeros uruguayos que yo tenía posibilidad de ir allí y veo cómo está la cosa, cualquier cosa les chiflo y van para allá. Pero llegué a Perú y no les chiflé nunca porque la cosa también estaba complicada. Sin embargo había una serie de logros que tenía la revolución velazquista, que con los años logré usar ya que primero estuve unos cinco años con las artesanías hasta que me metí nuevamente en el cine por una Ley que era del gobierno de Alvarado, que protegía al cine nacional peruano con la obligatoriedad de exhibición de cortos delante de cualquier película en el cine. Eso permitía que se pudiera crear una productora y hacer cortos, eso fue lo que dinamizó la producción cinematográfica en Perú. Así, luego de varios años volví a hacer cine de animación.

Retorné en el 85 a Uruguay.


Segunda parte de la entrevista:
Tournier: "Durante años me dediqué a reparar y vender muebles hasta que retorné a la animación con Los Tatitos”






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