Política

IGLESIA Y DICTADURA

Un obispo de Bergoglio rezó en Luján por los genocidas presos víctimas de “venganza”

El jueves 18, dos días antes de recibir a parte del sindicalismo opositor, la Basílica se llenó de militares y policías. Allí monseñor Santiago Olivera pidió “justicia para todos y no venganza”.

Daniel Satur

@saturnetroc

Lunes 22 de octubre de 2018 | 20:24

Foto Agencia AICA

El jueves de la semana pasada en la Basílica de Luján se hizo una misa muy particular. Fue dos días antes de que en las puertas del histórico edificio católico se congregara parte del sindicalismo opositor, varios de cuyos dirigentes posan de “progresistas”.

En esa oportunidad los bancos de la Basílica estuvieron poblados de uniformes, gorras y charreteras. Hasta allí “peregrinaron” delegaciones de jerarcas del Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea, la Gendarmería, la Prefectura Naval y la Policía de Seguridad Aeroportuaria.

La misa la presidió el obispo castrense, monseñor Santiago Olivera, y fue concelebrada junto a monseñor Gustavo Acuña (vicario general castrense), los presbíteros Alberto Barda (capellán mayor del Ejército), Eduardo Castellanos (capellán mayor de la Armada), César Tauro (capellán mayor de la Fuerza Aérea), Jorge Massut (capellán mayor de Gendarmería), Diego Tibaldo (capellán Mayor de Prefectura), Rubén Bonacina (capellán mayor de la PSA), Diego de Campos (capellán de la Policía Federal) y capellanes castrenses de la zona Buenos Aires.

El jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, Vari del Valle Sosa, encabezó la comitiva militar junto a decenas de generales, almirantes, brigadieres, comandantes, prefectos y un grupo de cadetes de las instituciones militares y de Seguridad.

También tuvieron un lugar privilegiado frente al altar el director general de Culto Católico Luis Saguier Fonrouge y el intendente de Luján Oscar Luciani.

Foto Agencia AICA
Foto Agencia AICA

“Por los que no pueden estar”

Según informó la Agencia Informativa Católica Argentina, “a los pies de la Virgen patrona de la Patria y del obispado, monseñor Santiago Olivera presidió la misa” y comenzó su discurso con una inequívoca reivindicación de los genocidas procesados y condenados por delitos de lesa humanidad.

“Venimos como peregrinos, con numerosos hermanos de nuestras familias y lugares de servicios que nos pidieron oraciones, súplicas y acciones de gracias. Venimos con aquellos que no han podido venir, los enfermos y presos de nuestras fuerzas”, expresó el prelado. ¿Quiénes son los “presos de nuestras fuerzas” monseñor Olivera?

El obispo castrense designado en el cargo por Jorge Bergoglio en abril del año pasado, pidió a poco de un nuevo Día de la Madre por “las que nos acompañan en la tierra y por las que ya nos precedieron al cielo. Pedimos especialmente por las que más están sufriendo”. Enseguida desarrolló una extensa “biografía” de la virgen María.

Luego volvió a afirmar el motivo de la misa. “Vinimos como peregrinos, caminantes de este tiempo y en esta Patria nuestra, la Argentina. Venimos pidiendo el don de la paz, venimos pidiendo el don de la justicia en la verdad, venimos pidiendo por los que sufren, por los que están solos, por los que están enfermos, por los que están presos. Venimos pidiendo por el encuentro de todos”, enumeró.

No hace falta aclarar qué quiso decir con ese pedido de “justicia en la verdad” por “los que están presos”, ¿no?

No “venganza”

Monseñor Olivera continuó. “Aquí estamos Madre, aquí estamos Señor, tú nos conoces y conoces nuestras alegrías y nuestras angustias, nuestros deseos más profundos y nuestras necesidades”. Y recordando las bienaventuranzas bíblicas parafraseó una de las recientes definiciones de su jefe Francisco: “Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque quedarán saciados”.

En ese marco, agregó que “hay quienes con esa intensidad desean la justicia y la buscan con un anhelo tan fuerte” y que “tarde o temprano la justicia llega”. Pero que “la justicia que propone Jesús no es como la que busca el mundo, tantas veces manchada por intereses mezquinos, manipulada para un lado o para otro. Y esto lo sabemos bien, lamentablemente nuestras Fuerzas, nuestras familias, nuestra Patria lo experimentan hoy”.

¿“El mundo”, según la cosmovisión de Olivera y sus feligreses, vendrían a ser los sobrevivientes del genocidio, sus familiares, los organismos de derechos humanos y gran parte de la sociedad?

Foto Agencia AICA
Foto Agencia AICA

“Pedir justicia para todos y no venganza, parece que es causa de un escalón más en nuestras diferencias y grietas argentinas”, subrayó el obispo de las Fuerzas Armadas y de Bergoglio. “Pedir justicia como camino cierto a la paz, pedir verdad, misericordia y reconciliación, supone no pocas veces ser malinterpretado y calumniado”, se atajó a renglón seguido el monseñor.

¿Reconciliación?

Por último, el prelado afirmó que “perdonar es intentar reproducir en nuestras vidas un pequeño reflejo de la perfección de Dios, que da y perdona sobreabundantemente. Jesús no dice: felices los que planean venganza, sino que dice felices a aquellos que perdonan y lo hacen ‘setenta veces siete’. Es necesario pensar que todos nosotros somos un ejército de perdonados. Algunos en nuestra Patria quieren hacernos olvidar la clave del Evangelio, como son el perdón, la reconciliación y el respeto a todos sin excepción, en definitiva, la auténtica misericordia”, advirtió.

Así, rodeado de decenas de uniformados, muchos de los cuales comenzaron sus carreras castrenses en dictadura y nunca se presentaron ante los tribunales para confesar todo lo que saben sobre secuestros, torturas, desapariciones y apropiaciones de bebés, Olivera respondió con certeza a la tradicional consigna “ni olvido, ni perdón, ni reconciliación” acuñada por quienes luchan incansablemente por verdad y justicia.

No es la primera vez que Olivera se despacha públicamente con su perorata reaccionaria. Apenas asumido en el obispado castrense propuso beneficiar con prisiones domiciliarias generalizadas a los genocidas. Poco después, hipócritamente, condenó la violencia “con piedra y palos” al tiempo que mentía diciendo que no hay militares en actividad que provienen de la dictadura.

Y este año volvió a cuestionar públicamente la lucha de sobrevivientes y organismos de derechos humanos, cuando dio a entender que en el libro de bautismos registrados entre 1975 y 1984 en la capilla Stella Maris ubicada dentro de la ESMA (que “sorpresivamente” la Curia desempolvó después de cuatro décadas) no figuraban datos sobre bebés apropiados.

A esta altura del partido el problema no es monseñor Olivera, quien no hace más que ser consecuente con su rol clerical. El problema, en todo caso, lo tienen quienes ven en Bergoglio y su ejército de sotanas (Olivera entre ellas) cierta garantía de “unidad” y un “necesario” liderazgo espiritual que aglutine a toda la oposición política y social contra Macri y el FMI. Habrá que perdonarlos, no saben lo que hacen.






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