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Trump no se compromete a un "traspaso pacífico" del poder si pierde las elecciones

La afirmación del presidente parece haber ido demasiado lejos y provocó una "revuelta" entre los senadores republicanos que salieron a desmentirlo. La carrera por la presidencia se calienta en el último tramo y coincide con la elección de la sucesora de la jueza Ruth Bader Ginsburg, en la Corte Suprema.

Juan Andrés Gallardo

@juanagallardo1

Jueves 24 de septiembre | 15:24

No es la primera vez que Trump coquetea con la idea de no reconocer los resultados. Ya había hecho una declaración menos explosiva durante un acto de campaña, tras sugerir un posible fraude mediante el voto por correo. Esta vez se pasó de la "relación de fuerzas" de lo que los propios republicanos parecen estar dispuestos a soportar, además de tener lugar en medio del debate por la composición de la Corte Suprema, que puede terminar decidiendo la elección.

En una conferencia de prensa este miércoles, Trump dijo "Veremos qué pasa’’, ante una pregunta sobre si se comprometía a un "traspaso pacífico" del poder. "Saben que me he estado quejando muy fuertemente sobre las boletas y las boletas son un desastre". Se refería al voto por correo, del que ya había anunciado que podía ser fraudulento a pesar de que su administración es la que viene desfinanciando y cerrando centros postales en todo el país, lo que generó un caos en la entrega de correspondencia mediante el correo estatal.

Las afirmaciones de Trump cruzaron esta vez la línea imaginaria de lo que los propios parlamentarios parecen estar dispuestos a soportar. En general, y ante la falta de una figura alternativa dentro del partido, los congresistas han venido apoyando a Trump aunque en algunos casos eso significara la posibilidad de perder su banca en los estados que representan. Sin embargo, esta vez las críticas no se hicieron esperar.

Varios senadores republicanos se distanciaron de los comentarios de Trump, empezando por el líder de la mayoría oficialista, Mitch McConnell. En un tuit escribió: "El ganador de las elecciones del 3 de noviembre será investido presidente el 20 de enero. Habrá una transición ordenada, como la ha habido cada cuatro años desde 1792".

Marco Rubio, senador republicano por Florida, también recurrió a Twitter para dejar claro que está seguro de que las elecciones serán "legítimas y justas", y que aunque "puede que se tarde más en saber el resultado, será válido" y quien resulte elegido "jurará pacíficamente su cargo" el 20 de enero.

En el mismo sentido se pronunció el senador Lindsey Graham, uno de los más cercanos a Trump, quien aseguró en una entrevista con la cadena Fox News: "Es posible que haya un litigio sobre quién ha ganado las elecciones, pero el tribunal (Supremo) lo decidirá, y si perdemos los republicanos, aceptaremos ese resultado".

La declaración de Graham arroja algo de luz sobre la diferencia entre una maniobra pensada ante un posible resultado reñido y las brabuconadas de Trump. Y la llave de este truco se encuentra en la elección de la sucesora de la jueza Ruth Bader Ginsburg para definir la nueva composición de la Corte Suprema.

Por eso Graham es claro. Dice que no tienen problema en aceptar la decisión de la Corte Suprema, que es quién define el ganador de la elección presidencial en caso de existir alguna irregularidad. La reciente muerte de la jueza Ginsburg, acaba de dejarle a la mayoría republicana del Senado (que son quienes votan a los miembros de la Corte), la posibilidad de tener una mayoría conservadora en esa instancia, que no solo le permita avanzar sobre derechos conquistados, sino también tener la posibilidad de coronar a Trump de forma "legal", en caso de un final reñido, como ya ocurrió en el 2000 cuando definieron ganador a Bush hijo ante el demócrata Al Gore, que había ganado la mayoría del voto popular.

Luego de la reacción de los senadores republicanos, Trump matizó este jueves sus dichos y en línea con el consejo de Graham señaló que sí estaría "de acuerdo" con una potencial decisión del Supremo que no le certificara como ganador, pero dijo que "queda mucho hasta entonces", ya que aún no está claro que el proceso de elección para la vacante de la Corte sea un trámite rápido y exento de cuestionamientos.

Los demócratas por su parte no desaprovecharon la oportunidad para volver a ubicar al conservador Biden como el mal menor ante un segundo mandato de Trump.

Las declaraciones de Trump, que vienen a enturbiar más el panorama político estadounidense, tienen lugar en medio de las manifestaciones históricas contra el racismo institucional, del que son responsables tanto republicanos como demócratas, y del aliento del presidente a los movimientos de la extrema derecha supremacista, apañados con el discurso de la "ley y el orden".

Como señalábamos en un reciente artículo: "La estrategia electoral de Trump es presentarse como la alternativa al ’caos’ y tratar de evitar que la elección del 3 de noviembre se transforme en un referéndum sobre los últimos meses de su presidencia, dominados por los estragos del coronavirus, la recesión económica y las movilizaciones contra el racismo y la violencia policial (...) Si Trump llegara a perder por un margen más estrecho que el que prevén las encuestas no se puede descartar que no acepte reconocer el resultado. Las advertencias sobre fraudes y el intento de impedir el voto por correo alimentan este escenario hipotético lo que pondría en cuestión la legitimidad del próximo gobierno nada menos que en la principal potencia imperialista. Y si ganara, un segundo mandato de Trump tendría el potencial de profundizar las tendencias a la radicalización política".






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