Política Uruguay

#8M URUGUAY

Sobre la presencia de políticos en el 8M

El 8M alcanzó en Uruguay niveles históricos en masividad y contundencia del paro. Pero en la movilización estuvieron representantes políticos de todos los partidos. ¿Qué hace esta gente en nuestra marcha?

Karina Rojas

Montevideo

Domingo 19 de marzo | 16:26

Algunos de los personajes políticos que pudieron verse entre las distintas columnas de la movilización en el Día Internacional de la Mujer fueron, entre otros, el intendente de Montevideo Daniel Martínez, el ex presidente José mujica, el senador del Partido Independiente Pablo Mieres y varias legisladoras del Partido Nacional. Con sonrisas en sus rostros, se mostraban muy contentos mientras los medios les sacaban fotos. Pero, ¿qué expresa su presencia en una marcha en donde se supone que el reclamo va dirigido a quienes tienen responsabilidad política?

Oportunismo oficialista y opositor

La mayoría de estos personajes fueron por puro oportunismo a la marcha o directamente cinismo ya que tienen cargos ejecutivos de responsabilidad y legislativos, y sin embargo siguen dejando morir a las mujeres a manos de la violencia machista, siguen permitiendo los abusos y desigualdades en el ámbito laboral, y pertenecen a los partidos que hoy se encuentran pidiendo más ajuste en salud, educación, los que piden mano dura, los que mantienen el salario en niveles de pobreza mientras benefician con sus leyes a las grandes empresas y las multinacionales. Ellos son los que descargan las crisis sobre las espaldas de las familias obreras cerrando fábricas, destruyendo puestos de trabajo y con eso el sustento de miles de familias, y por supuesto de las mujeres que en muchos casos deben sortear solas esta situación. Ellos son los que con su falsa moral nos quieren imponer la tutela de nuestros cuerpos y de nuestras decisiones.

Pero la lucha de las mujeres no tiene nada que ver con estos políticos que representan al Estado patriarcal y capitalista que queremos combatir y que constituye la causa de nuestra opresión de género y la perpetuación de la explotación de clase. En el caso de los hombres, nada les importa la causa de las mujeres ni los conmueven las terribles situaciones por las que muchas de nosotras pasamos.

Pero tampoco nos mancomunamos con esas mujeres de los partidos políticos del régimen (esto incluye tanto a la derecha más recalcitrante como a las representantes del frenteamplismo). Ellas pertenecen a los mismos partidos que aplican los ajustes contra el pueblo trabajador, que tienen en sus filas a exponentes explícitamente misóginos que con total impunidad reconocen ser consumidores de prostitución, o que se manejan con favores políticos que se pagan con sexo, o que hacen “fiestitas” con menores de edad, o que habilitan la explotación sexual que se da en los prostíbulos y casas de masajes. Comparten bancada con líderes evangelistas que muestran posturas totalmente reaccionarias respecto a las reivindicaciones democráticas de las mujeres. Ellas tienen el doble discurso (o la contradicción) de decir que luchan por los derechos de las mujeres pero sus partidos convalidan modelos de pensamiento que perpetúan y reproducen el patriarcado y sostienen la desigualdad económica creada por el sistema capitalista. Como dice la dirigente de la Agrupación Pan y Rosas de Argentina Andrea D’atri respecto de las mujeres de la burguesía o de las integrantes de los partidos que representan los intereses de las clases dominantes: “el género nos une, la clase nos separa”.

Acerca de la independencia política

La opresión patriarcal hacia la mujer atraviesa todos los sectores de la sociedad, y por tanto la opresión se da hacia todas las mujeres, aunque no todas lo sufren de la misma manera.

Pero para poder conquistar nuestros derechos, aunque sea los más mínimos, necesitamos un movimiento de mujeres independiente del Estado y de los partidos del régimen. Ya tenemos experiencia cuando se va de la mano de estos partidos: nuestra lucha termina domesticada y las conquistas o bien son efímeras o tuteladas. Necesitamos organizar a las decenas (o cientos) de miles de mujeres que pararon y concurrieron al 8M y construir un poderoso movimiento de mujeres que luche contra los feminicidios y las múltiples manifestaciones de la violencia machista, que defienda el derecho a decidir sobre nuestro propio cuerpo y que tome las reivindicaciones de “las más oprimidas dentro de las oprimidas”, las mujeres trabajadoras. Para enfrentar al capitalismo y al patriarcado debemos conquistar la independencia política de nuestro movimiento.






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