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Precariedad y becas, propone AMLO para la juventud

Becas para todos los jóvenes hasta donde alcance, plantea AMLO en presentación del programa Jóvenes Construyendo el Futuro, aunque con $3600 pesos una vida digna no se puede financiar.

Viernes 11 de enero | 14:16

López Obrador presentó en Tlalnepantla, Estado de México, uno de sus primeros programas sociales Jóvenes Construyendo el Futuro.

Dirigido a la juventud mexicana para buscar convencer de ser becarios, no sicarios, promueve becas destinadas a todos los estudiantes de nivel medio superior -$2400 pesos-, a aquellos del nivel superior que provengan de familias de bajos recursos y a quienes trabajen por primera vez “capacitándose” en el sector público y privado.

Con aproximadamente 110 mil millones de pesos en un año, 2 millones 600 mil jóvenes “aprendices” se capacitarán con una beca mensual de 3,600 pesos, trabajando un 70% de estos en el sector privado, como empresas, comercios y talleres. También serán beneficiados los “tutores” que brinden la capacitación, recibiendo por su parte un incentivo. Según el propio AMLO, los patrones "tutores" también tendrán que “imprimir valores” y “moralizar” a la juventud.

El programa está dividido en seis áreas, las más grandes contemplan a los jóvenes de zonas rurales y quienes laboren impulsando brigadas de trabajo comunitario -protección civil, limpieza y saneamiento de localidades de zonas turísticas, recuperación de espacios públicos y alfabetización-, es decir, casi dos millones de los jóvenes becados. Deportes, salud y artes, así como quienes se inserten en el sector privado o “emprendan” contemplan a otro poco más de medio millón de beficiarios.

Definitivamente, como dijo el presidente, los gobiernos anteriores nada hicieron por la juventud. Al contrario, tecnificaron y privatizaron la educación, legalizaron el trabajo precario y el outsourcing, atacaron a los sindicatos, entregaron nuestros recursos naturales a los grandes empresarios y militarizaron el país, empeorando nuestras condiciones de vida. Hoy continuamos sin que tengamos futuro y el presente está teñido de rojo, de desempleo y de salarios que no pasan los 5 mil pesos al mes. Trabajar, ser explotado, se ha vuelto un privilegio.

Por eso la juventud de todos los estratos sociales ve con entusiasmo el narcomenudeo, o se ve obligada al sicariato, porque emplearse implica renunciar de a poco a esa energía vital que distingue al ser humano, sin días de descanso, rolando y doblando turnos, sin derechos laborales ni estabilidad por un sueldo que no alcanza para vivir bien ni para experimentar que la vida es hermosa.

La austeridad empezó atacando los derechos laborales

No es curioso que este programa social tenga el doble objetivo de ayudar a la juventud a sobrevivir las consecuencias de un sistema basado en la desigualdad económica, mientras la convence de que lo que antes conocíamos como trabajo hoy se llama tutoría y de que la percepción económica que de ahí se desprende, lejos de ser un salario, sea una beca.

¿Dónde queda la relación laboral y las responsabilidades patronales que se adquieren al tener un empleado, aunque sea un aprendiz en capacitación? ¿Y las vacaciones, el seguro social, las posibilidades de exigir un salario digno?

Para “poner el ejemplo”, la austeridad del nuevo gobierno empezó por atacar brutalmente al sector estatal, acusando de “aviadores” a cientos de trabajadores que laboran en condiciones de por sí muy precarias y que hoy están perdiendo el sustento para sus familias.

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Y es que AMLO mismo declaró la línea de su gobierno hacia los empleados estatales: "si hace falta pasar a la fase de la pobreza franciscana lo vamos a explorar. No lo descartamos. Para que no anden ahí diciendo que qué barbaridad, van a bajar mucho los sueldos". Esto sólo puede significar despidos y más precarización, pues de lo que se trata es de "avanzar juntos, no unos cuántos pasando sobre los derechos de otros".

Los socialistas del MTS consideramos que no puede haber mejora sustancial para la juventud plebeya, para los y las hijas de los trabajadores del campo y la ciudad, sin impulsar en primer lugar la unidad de todos y todas las trabajadoras. Una política que lamentablemente las direcciones sindicales democráticas y opositoras se niegan a impulsar por la vía de renunciar a plantear un programa común para la base que labora en los distintos centros de trabajo, más allá de su forma de contratación.

Sólo con la unidad de las filas obreras podremos arrancarle a la patronal mejores condiciones laborales, pues 3,600 pesos son absolutamente insuficientes para cubrir los gastos de una vida digna para la juventud, pues o se cubre la canasta básica o se cubre la renta, no digamos ya financiar actividades de esparcimiento, recreativas y otros gastos básicos como el transporte.

Al mismo tiempo, consideramos que si bien el programa de becas demuestra una disposición del nuevo gobierno a "atacar" la pobreza, terminará siendo un reducido paliativo mientras no se ataque de raíz la razón de la baja percepción de ingresos y el desempleo en el país: una administración y organización del sector productivo que apunta a garantizar que las ganancias del trabajo colectivo -de la riqueza que produce la mano de obra de nuestro país-, vaya directo a los bolsillos de los grandes empresarios.

Sólo un programa que apunte a que el presupuesto requerido para financiar los aumentos salariales y un trabajo digno salga de las ganancias de los capitalistas, y plantee la necesidad de la gestión independiente de los y las trabajadoras de sus centros de trabajo, de la industria y la economía de conjunto, puede resolver de fondo las dolencias que vive la clase trabajadora.

Pero los buenos deseos del gobierno chocan con sus medidas prácticas, pues mientras el gobierno presume su asistencialismo por un lado, por el otro arrebata puestos de trabajo y profundiza la división entre los y las trabajadoras, poniéndolos a competir entre sí por mantener su puesto.

Sin repartir el trabajo existente entre los ocupados y desocupados, para que trabajemos todos y trabajemos menos, garantizando que todos perciban lo que gana un maestro o trabajador calificado -desde quienes ocupen el menor puesto hasta los altos funcionarios públicos-, no podremos acabar con el desempleo y la precarización.

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Jóvenes construyendo el futuro es al mismo tiempo una palanca que empuja la esperanza de una vida mejor pero también es una cortina de humo que busca ocultar que serán los impuestos que paga el pueblo trabajador y administra el gobierno, los que financiarán el presente de la juventud plebeya.

Esto mientras el conjunto de las instituciones públicas y el gobierno guarda criminal silencio ante el beneficio que gozan las familias de los magnates, quienes viven opulentamente gracias a una riqueza producida con el trabajo acuñado entre la pobreza, la explotación y la violencia que vivimos los y las de abajo.

Por eso es fundamental organizarnos de manera independiente a los empresarios, los burócratas sindicales y los partidos del Congreso, confiando en nuestras propias fuerzas y fortaleciendo la unidad entre estudiantes y trabajadores, así como entre las y los trabajadores mismos.






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