SUSPENSIÓN DEL SINDICATO POLICIAL

¿Por qué los policías no son trabajadores? ¿Para qué sirven los sindicatos policiales?

A partir de la suspensión del sindicato policial en la Mesa Representativa del Pit-Cnt, se han recreado nuevamente un montón de argumentos para censurar dicha decisión. La siguiente nota polemiza con dichas argumentaciones.

Domingo 14 de marzo | 11:57

La reciente suspensión en el PIT-CNT del sindicato policial, reabre una polémica y expone ante los ojos de todos, la insistencia de muchos argumentos y sentidos comunes para defender la sindicalización de la policía, a los cuales vale la pena poner en cuestión.

El argumento de que serían trabajadores porque reciben un salario

Uno de los principales argumentos de aquellos que defienden la sindicalización de la policía es ubicarlos mecánicamente dentro de los trabajadores porque reciben una remuneración denominada salario. Pero esta interpretación pobre de la realidad, desecha la comprensión de las distintas posiciones y roles sociales que se desarrollan en la sociedad capitalista.

A nadie se le ocurriría situar dentro de la clase trabajadora a un alto funcionario político o al gerente de una compañía transnacional, los cuales también reciben su remuneración, pero que claramente tienen posiciones y funciones sociales que los ubican dentro de la clase capitalista, de igual forma que la policía.

Por el contrario, hay miembros de la clase trabajadora que incluso pueden no tener un salario como los desocupados o algunos sectores precarizados, que pueden estar en esa situación de forma temporal o incluso permanente en algunos casos.

Ejemplos concretos de esto se pueden ver en trabajos precarizados como los repartidores, donde los trabajadores incluso usan herramientas de trabajo de ellos mismos (medios de transporte), pero se encuentran en una situación de dependencia con respecto a su patrón, razón por la cual a nadie razonable se le ocurriría afirmar que no pertenecerían a la clase trabajadora por no encajar plenamente en el esquema mencionado de asalariado.

En definitiva, la definición esquemática de pertenencia a la clase trabajadora por el solo hecho de la remuneración, es insuficiente y no capta la forma concreta en qué se expresa la real ubicación y rol social que cumplen los individuos en la sociedad capitalista.

El argumento de que generalmente provienen de una extracción social popular

Otro argumento muy típico para ubicar a la policía dentro de la clase trabajadora es sostener que, como la mayoría del personal policial tiene un origen de extracción popular o incluso directamente de la clase trabajadora, eso los ubicaría como parte de la clase, como si fuera por herencia “cultural”. Como si fuera un esencialismo que determinara automáticamente la pertenencia a una clase y no a otra, cosa que no es así y no solo con el caso de los policías. De nuevo, la operación que se hace con este argumento falaz es ignorar la ubicación y rol social de los individuos en la sociedad capitalista.

No es que todos los elementos no sean importantes en lo que sería la constitución de una clase social, sino que tomados aislada y esquemáticamente, son inútiles para comprender las reales relaciones sociales que se dan en los hechos.

Por último, considerado desde el lugar en la lucha de clases, si tomamos la definición que nos dan Marx y Engels en “La Ideología Alemana” en torno a la constitución de una clase: “Los diferentes individuos sólo forman una clase en cuanto se ven obligados a sostener una lucha común contra otra clase”. Vemos que esto también está muy lejos de la tendencia a la que lleva el corporativismo policial, que se coloca a sí mismo como pilar que garantiza el orden burgués.

En definitiva, la pertenencia a una clase no está exclusivamente dada por encajar en una categoría económica, sociológica o antropológica abstracta, sino por su lugar en la lucha de clases misma.

El argumento de que son servidores públicos y de que están para protegernos

Desde el sentido común se concibe al Estado por fuera de su carácter de clase, o sea, lo sitúan por encima de las clases, como si fuera un actor neutral, a pesar de los innumerables ejemplos históricos e internacionales que demuestran lo contrario.

Consecuente con lo anterior, en lo que atañe a la policía, se la describe como “servidores públicos” y “garantes” de la paz, la seguridad y el orden. Generalmente se usa como argumento lo expuesto declarativamente en las leyes y el ordenamiento jurídico, en el papel. Ocultando cómo en realidad los privilegios de clase se garantizan a partir del monopolio de la fuerza estatal, siendo la principal tarea de las fuerzas del orden la protección de la propiedad privada de los medios de producción por encima de cualquier otro derecho.

Baste repasar la historia del Uruguay, en especial la historia de la violación de los DDHH por parte de las fuerzas represivas del Estado, para encontrar un ejemplo concreto de la inexistencia de esa supuesta neutralidad del Estado y sus fuerzas armadas.

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Un ejemplo histórico es el que nos muestra el origen de la moderna policía, surgida en países como Inglaterra y EEUU durante principios del siglo XIX, para reprimir huelgas obreras, para controlar la población de esclavos en el sur de EEUU, contra las insurrecciones populares en las ciudades del norte de EEUU. Para otros países se repite el mismo patrón histórico.

¿Para qué sirven los sindicatos policiales?

Aquí en Uruguay y en otras partes del mundo se corrobora que la existencia de los sindicatos policiales sirven para fortalecer a dicha fuerza represiva del Estado. La defensa corporativa que típicamente despliegan sus miembros va en consonancia con el poder político y Estatal de fortalecer los medios de defensa de que dispone la clase capitalista.

En los hechos aumenta la profesionalización, el equipamiento y sobre todo la impunidad de su accionar, naturalizando y avanzando en el abuso de poder. Como pudimos ver recientemente en múltiples hechos represivos que merecieron la condena del movimiento obrero en su conjunto y por el contrario la defensa del accionar represivo por parte del sindicato.

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La policía es irreformable

Los defensores reformistas del sindicato policial - como algunos dirigentes del PIT-CNT y la cúpula del Frente Amplio - basan su opinión en la concepción de que es posible la reforma pacífica e institucional del aparato represor del Estado, ignorando intencionalmente el carácter de clase del mismo y la función central que cumple la policía en dicha estructura de poder.

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Como vimos, el poder policial y la opresión que cumple sobre las clases oprimidas, es para garantizar el poder de la clase capitalista y por lo tanto es uno de los pilares fundamentales del dominio clasista del capital. Por eso, la reforma de dicha institución es imposible porque pone en riesgo la propia existencia de los capitalistas como clase. Esto lo saben bien ellos y sus representantes políticos, a pesar de que lo nieguen los políticos progresistas o lo maquillen con relatos que no responden a la esencia de la cuestión.

Esperan que la defensa corporativa de sus intereses lleve a los policías a una “evolución” cultural y política que los decante a favor de los intereses populares. La realidad represiva cotidiana marca con crudeza la ingenuidad de esas ilusiones.

La abolición del aparato policial es la perspectiva y el objetivo a apuntar, para empezar a terminar con los reales problemas de los trabajadores y los sectores populares: el dominio de la clase capitalista y su régimen de miseria para las mayorías, basado en última instancia en la violencia estatal sobre el resto de la sociedad.






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