Política Uruguay

OPINIÓN

Pasado y presente de un ‘relato’

A partir del discurso presidencial en el ANTEL Arena, se confirma que Tabaré Vázquez también está en campaña electoral. Aquí, un análisis de sus “caballitos de batalla”. Un pasado difícil de recrear y una oposición que no tiene nada nuevo para ofrecer.

Sábado 16 de marzo | 23:53

La campaña electoral ya comenzó y los pre-candidatos de todos los partidos se encuentran recorriendo el país. El acto presidencial en el flamante ANTEL Arena fue un acto claramente electoral. Y el escenario elegido por el Presidente para su Rendición de Cuentas fue muestra de esto.

A la hora de presentar los números, el presidente tomó períodos de tiempo de forma arbitraria según la temática. Quizás sea porque los números de este segundo mandato sean demasiado magros. En algunas áreas se expusieron los logros del cuaternio, mientras que en otras se prefirió hacer un balance de los 14 años de gobiernos del Frente Amplio. Este período de tiempo es funcional a la comparación con los gobiernos blancos y colorados. Esa es la tarea de la hora.

Entre los logros del actual mandato se contaron el Sistema Nacional de Cuidados. El presidente Vázquez incluso lo planteó como un ejemplo de generación de empleo de calidad. En materia de educación se expusieron cifras tendientes a la “repetición cero” en secundaria, evitándose hablar de la promesa incumplida de alcanzar el 6% del PBI para la enseñanza pública.

De manera contradictoria uno de los principales ‘logros’ que se presentan es la firma del polémico contrato para la instalación de UPM2. Una inversión del Estado de más de 2 mil millones de dólares sin una confirmación de la inversión por parte de la multinacional finlandesa. Ya en 2017, el gobierno le concedió el decreto “antipiquetes” a la empresa. Ahora va por el tren y la obra pública.

Un punto en común entre el discurso de Tabaré Vázquez en el ANTEL Arena y el de los pre-candidatos del Frente Amplio es la pasión por recordar los primeros años de la gestión frenteamplista. Es el intento de ‘vender’ un pasado que fue ‘bueno’ en términos macroeconómicos y de recomposición salarial. El recuerdo de una bonanza excepcional que difícilmente pueda volver a repetirse. Cabe destacar que en ese pasado, los grandes ganadores fueron el sector financiero, el agro y los empresarios en general.

Pero en este juego de pasado, presente y futuro, seguramente aparecerá la polarización entre ese pasado y el presente de economías como la argentina, apelando al desastre que significó el macrismo en términos económicos.

Gobierno y oposición en el espejo regional

Si esta polarización aún es efectiva es porque frente al oficialismo hay una oposición cuya propuesta no resulta superadora en términos de creación de ilusiones. Desde el punto de vista económico, el bloque opositor pone sobre la mesa las reivindicaciones del movimiento Un Solo Uruguay. Mientras que desde lo ideológico se intenta una campaña de “los que creemos que Venezuela es una dictadura”, en palabras de Julio María Sanguinetti.

A diferencia de procesos electorales en la región, en nuestro país no hay una tendencia a polarizarse en los extremos. Pero sí la habrá entre los grandes aparatos y en la idea de recrear dos grandes bloques: el partido de gobierno y la oposición nucleada en torno a la perspectiva de un gobierno de coalición. Si algo quedó claro del discurso del Presidente el 1º de marzo y de los distintos pre-candidatos de la oposición del centro hacia la derecha del espectro político, es, por un lado, la perspectiva de votar al Frente Amplio para que todo continúe igual (o al menos esa es la ilusión) o lanzarse a la aventura de votar un cambio incierto y sin una perspectiva clara. Para el lector crítico e informado, el contenido de ese cambio es hacia la derecha, con un discurso más claramente pro-empresarial, contra los impuestos, y con un intento de restaurar al liberalismo de derecha como la ideología del Estado. El ataque de varios de los pre-candidatos de la oposición a los sindicatos frente a los cierres de empresas da la tónica de un eventual nuevo discurso oficial.

El desafío de Manini Ríosal gobierno y ahora la posibilidad de su entrada a la escena política exponen la necesidad de un sector de las FFAA de intervenir en la política con un representante propio y con “chapa” de caudillo.

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Desde la perspectiva del pueblo trabajador, de los jóvenes y de movimientos que irrumpen en la escena nacional, el futuro no parece prometedor bajo el paraguas de las grandes opciones electorales. La pérdida de fuentes de trabajo producto de las fábricas que cierran sin plantear luchas serias y/o posturas como la que adoptó el PIT-CNT hacia el 8M, muestran los límites de esta herramienta y la necesidad de transformarla desde los cimientos. El movimiento de mujeres no solamente demuestra lo anacrónico del régimen político y la subrepresentación de las mujeres, sino también lo demuestra a cada paso en las propias organizaciones de los/as trabajadores/as.

El FA, incapaz de frenar el avance de la derecha

Para sectores importantes de la población, el Frente Amplio configura una especie de barrera contra la tendencia regional a la derechización política. Es un sentimiento válido y por demás respetable. Sin embargo, el espejo del Frente Amplio podemos verlo en el PT brasileño y su derrotero político de estos años. En el país norteño, la campaña de Dilma Rousseff en 2014 se centró en discutir contra el ajuste que representaba la derecha encarnada en su rival Aecio Neves. Pero para sorpresa de muchos, semanas después de triunfar en el ballotaje, la misma Dilma comenzó a aplicar el ajuste económico que luego sería profundizado por el gobierno naciente del golpe institucional.

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Las posiciones de “defensa pasiva” por parte del PT ante cada ataque de la derecha durante todos estos años, y los llamados a confiar en la débil y cuestionada institucionalidad brasileña culminó con Jair Bolsonaro en el poder y con Lula preso. Esta triste experiencia deja sobre la mesa los problemas de la estrategia de conciliación de intereses y plantea rediscutir de qué forma y con qué programa se enfrenta a una derecha que quiere colocar a Uruguay a tono con la situación regional.

Para la intervención en la actual situación se hace necesario recrear un horizonte estratégico con la independencia política como norte. Para romper con la polarización actual y plantear la otra dicotomía: la de clases. Un proyecto político donde estén contenidas las demandas más sentidas del pueblo trabajador, las mujeres y la juventud y se plantee una salida política de fondo.






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