100 años de la Revolución Rusa

PCU y bolcheviques: 2 estrategias opuestas

A 100 años de la revolución rusa triunfante encabezada por el Partido Bolchevique queremos reflexionar sobre la ruptura con esa tradición por parte del PCU a pesar de reclamarse sus continuadores.

Martes 24 de octubre

Arismendi, Secretario General del PCU con Michelini, Seregni y Terra. El Frente Popular en foto

Desde Izquierda Diario venimos reflejando en distintos artículos como se dieron los hechos que culminaron en la revolución rusa y cuál fue la política del Partido Bolchevique encabezado por Lenin y Trotsky que les permitió tomar el poder.

Cuando se están cumpliendo 97 años de la fundación del Partido Comunista del Uruguay parece pertinente analizar cuál ha sido la trayectoria política de esta corriente que se reclama continuadora y heredera del Partido Bolchevique y del pensamiento leninista.

Muchos son los temas que se pueden analizar para ver la diferencia entre ambas prácticas políticas y la ruptura que realizan los Partidos Comunistas actuales con la tradición bolchevique, pero nos detendremos en algunos puntos que consideramos centrales.

Revolución por etapas o Revolución Permanente

En la tradición marxista se venía discutiendo desde hace décadas cuales eran las tareas que tendría que llevar adelante el proletariado una vez en el poder. Algunos planteaban que dado el atraso de Rusia era necesaria una etapa “intermedia” en que lo central era el desarrollo del capitalismo y de las fuerzas productivas, y que luego, en un momento posterior indeterminado sería el momento de avanzar hacia el socialismo.

Esta concepción, que en realidad es propia de los mencheviques en un primer momento y del estalinismo después (opuesta además a la que desarrollan los bolcheviques cuando toman el poder), es la que aún sustenta el PCU y los demás partidos comunistas.

Según ellos se trata de construir un “bloque para los cambios” de los trabajadores junto al pueblo pobre, sectores medios y burguesía no monopolista que transite hacia una “democracia avanzada” sin que esté planteado que los trabajadores tomen el poder. Esta concepción deja para un futuro incierto la ruptura con el capitalismo.

Se desconoce de esta manera toda la experiencia histórica que dejó el siglo XX:

En esta fase del desarrollo del capitalismo en los países atrasados o semicoloniales la burguesía ha perdido todo papel progresivo y solo puede ser un socio menor del imperialismo, mientras que a su vez se forman proletariados relativamente fuertes. Por el contrario la política del PC pone a los trabajadores como furgón de cola de la propia burguesía, tal como sucedió en el Chile de Allende cuando la Unidad Popular (PC y aliados) ponen sus esperanzas y llaman a confiar en militares “patriotas” o burgueses progresistas con el fatal desenlace por todos conocidos.

Trotsky dice que la revolución democrática se entrelaza desde el principio con la revolución socialista.En su formulación de la revolución permanente plantea que no hay etapas “evolutivas” por la cual todos los países tienen que seguir un camino predeterminado, de modo que primero hacen revoluciones burguesas, liquidan el feudalismo, se desarrolla el capitalismo y después en el futuro continuarán hacia el socialismo.

Aunque en Cuba el sujeto de la revolución no fue centralmente la clase trabajadora, también es un buen ejemplo que mostró que solo se pueden obtener las reformas democrático radicales (reforma agraria, liberación nacional) si se toma el poder y se rompe con la burguesía tomando medidas como la expropiación a los capitalistas, es decir en una sucesión ininterrumpida hacia objetivos socialistas.

En Uruguay el PCU se propuso con la fundación del Frente Amplio construir una alianza con sectores burgueses “progresistas”. Luego apoya a los militares “peruanistas” que en febrero del 73 confeccionan los famosos comunicados 4 y 7.

Es decir, en lugar de confiar en la fuerza de la clase trabajadora y ayudar a organizarla para tomar el poder llama a confiar en sectores burgueses con quienes se propone formar gobierno en pos de un utópico desarrollo capitalista nacional. Su estrategia es confluir con sectores de los partidos tradicionales, con la democracia cristiana, en lugar de desarrollar la independencia política de la clase trabajadora. Todo lo contrario a lo que hicieron los bolcheviques en los años previos a la revolución rusa.


Estrategia soviética o participación de los revolucionarios en gobiernos burgueses

¿Que deben hacer los revolucionarios en relación a su participación en gobierno burgueses? El PCU, que se reivindica revolucionario, forma parte activa del gobierno del Frente Amplio desde sus comienzos en 2005.

Un gobierno que lleva una política armoniosa y sin conflictos con el imperialismo y los capitalistas, que incluso es alabado por los organismos internacionales por generar excelentes condiciones para el enriquecimiento de la burguesía. De hecho desde la dirección del PIT-CNT, donde es uno de los socios mayoritarios, también contribuye a sembrar expectativas en el FA y se encarga de que la bronca popular (ante despidos, cierres de empresa, carestía, bajos sueldos, etc.) no se masifique.

Desde sus cargos en el gobierno (Juan Castillo en la DINATRA u otros dirigentes en el MIDES) el PCU cree que puede inclinar la balanza a favor de los trabajadores o incidir en los lineamientos del gobierno, ilusión que también la realidad se encarga de refutar.


¿Que hicieron los bolcheviques con Lenin a la cabeza en este tema?

La Internacional Comunista en la época de Lenin y Trotsky toma una posición clara en relación a la participación en gobiernos obreros como los que se daban en Alemania en el 23.

El Cuarto Congreso de la Internacional comunista define que en determinadas condiciones, antes de la toma del poder (cuando el aparato estatal burgués se halla en crisis aguda y solo a condición de preparar la lucha insurreccional), los comunistas pueden participar de gobiernos con partidos y organizaciones obreras no comunistas, para desde allí desencadenar luchas revolucionarias.. La táctica del gobierno obrero implicaba una alianza circunstancial con objetivos tácticos precisos: “El programa más elemental de un gobierno obrero debe consistir en armar al proletariado, en desarmar a las organizaciones burguesas contrarrevolucionarias, en instaurar el control de la producción, en hacer recaer sobre los ricos el mayor peso de los impuestos y en destruir la resistencia de la burguesía contrarrevolucionaria”.

Es decir que la entrada en el gobierno está acotada a momentos concretos y precisos, en los cuales la participación sirve para aumentar la influencia revolucionaria y dar impulso a los formas de autoorganización obrera con la mira puesta en la toma del poder.

La estrategia bolchevique centralmente pasaba por la formación de soviets o consejos como poder alternativo al poder estatal.

Estos organismos estaban compuestos por delegados elegidos por los trabajadores en las fábricas y concentraciones obreras, y sus mandatos eran revocables en cualquier momento por resoluciones de asambleas.

La estrategia soviética ha sido totalmente “olvidada” por los partidos comunistas estalinizados. Ante hechos concretos como los Cordones Industriales en Chile o las Coordinadoras Interfabriles en Argentina en los 70, su posición fue de subordinación de estos organismos a dirección conciliadoras, o directamente de boicot. Al igual que para el PC uruguayo estos partidos apuntaban a alianzas con los burgueses; lo opuesto a desarrollar la autoorganización de los trabajadores.






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