Géneros y Sexualidades

Otra vez la noticia desgarradora: primeros dos feminicidios del año

Una mujer fue asesinada en Paso de la Arena y otra fue encontrada sin vida en San José. Ayer hubo Alerta Feminista. Los números de la violencia en Uruguay son alarmantes. Preparemos el 8M.

Karina Rojas

Montevideo

Martes 5 de febrero | 15:01

Foto: Belén de Pan y Rosas

Ayer se realizó una nueva Alerta Feminista, donde las mujeres nos movilizamos, ocupamos las calles y los espacios públicos para visibilizar que nos están matando.

Ayer recordamos a Jaqueline Rodríguez de 34 años, mujer de nacionalidad cubana que vivía con su pareja en el barrio montevideano de Paso de la Arena y con quien había llegado de Cuba hacía tan solo unos tres meses. La mató su pareja y su cuerpo fue encontrado debajo de su cama.

Foto: Belén de Pan y Rosas

También recordamos a la mujer oriunda de San José cuyo cuerpo sin vida fue encontrado colgado junto al de quien fuera su pareja. Las investigaciones presuponen que éste fue quien mató a la mujer de 61 años y luego se suicidó.

Las cifras de la violencia en Uruguay

Estos dos feminicidios son los primeros de 2019. En 2018 cerramos el año con 39 asesinatos a mujeres – un poco más que tres mujeres asesinadas por mes-, estadísticas que, comparativamente a los países de la región, son alarmantes.

Según datos de la Cepal, Uruguay se encuentra entre uno de los 5 países de América Latina con mayor número de mujeres asesinadas por la violencia de género.

Después del hurto, la violencia de género es el segundo delito más frecuente por el que se recibe una denuncia cada 14 minutos.

El Estado sigue siendo responsable

A estos crímenes los llamamos feminicidios: no solamente porque fueron perpetrados contra una mujer por el solo hecho de ser mujer – es decir, para quebrantar su voluntad e imponer la del otro – sino que el Estado es también responsable de estos asesinatos por la reproducción y naturalización de los roles socialmente impuestos y por la falta de una política efectiva que prevenga la violencia machista y que atienda a las mujeres que la padecen sin revictimizarlas ni volver a vulnerarlas, como ocurre todos los días. Es la policía que destrata a las mujeres, es la Justicia que no atiende nuestro relato, es el cuerpo médico que invade nuestros cuerpos, son los medios de comunicación que nos cosifican, son las instituciones que nos expulsan.

Foto: Belén de Pan y Rosas

Por tanto, los feminicidios se desarrollan en el ámbito de lo privado, pero cuentan con una dimensión pública al ser la expresión más descarnada de la naturalización de las múltiples violencias naturalizadas socialmente.

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Hoy el gobierno del Frente Amplio – que pretende ubicarse en el terreno de lo políticamente correcto incorporando la temática de la mujer a la “agenda de derechos” - sigue sin resolver la falta de financiación para la ley Integral de Violencia de Género que esa misma fuerza impulsó pero que ellos mismos evitaron otorgarle financiamiento cuando se debatió en el Parlamento el Presupuesto y la Rendición de cuentas.

El gobierno sigue sin brindar refugios ni una asistencia integral a las mujeres que viven una situación de violencia, sigue sosteniendo la injerencia de la Iglesia Católica en la educación y otras esferas de lo público, sigue permitiendo la precarización femenina (de hecho, el Estado es uno de los mayores precarizadores del mercado laboral), y encima nos quiere hacer creer que protege nuestros derechos.

Cínicamente habla de los derechos de las mujeres, pero se niega a poner plata donde hay que ponerla, y mientras, utiliza nuestros impuestos para pagar la fraudulenta deuda externa y honrar los compromisos con los organismos financieros internacionales, o para seguir exonerando a las multinacionales, las zonas francas y las inversiones privadas.

Patriarcado y capitalismo, santo matrimonio

La violencia no cesa y llega de los vínculos más íntimos de las mujeres. No hay otra explicación que el patriarcado para definir el estado de situación: un sistema que otorga la supremacía al varón y lo habilita a disponer la vida (y la muerte) de las mujeres.

Foto: Belén de Pan y Rosas

Pero el patriarcado no interviene solo, sino que se manifiesta y se realiza en el actual sistema de relaciones sociales capitalistas donde también se naturaliza el maltrato y la discriminación a las mujeres en los trabajos, los menores salarios por la misma tarea, el acoso laboral y sexual cotidianos, la precarización laboral que tiene rostro de mujer…

De cara al 8M: ¡a organizarnos!

Un nuevo Día Internacional de las Mujeres – donde recordamos la lucha de las mujeres obreras que pedían no solamente “el pan” para sus hijos e hijas, sino también “las rosas” para tener una vida más plena y libre – nos convoca a organizarnos y preparar el paro y la movilización.

Ese día tenemos que ser miles en las calles, para que se escuche nuestra voz por todos nuestros derechos y para que nos dejen de matar. Tenemos que hacer que, una vez más, la tierra tiemble con nuestra lucha.

Tenemos que lograr llegar hasta las más oprimidas dentro de las oprimidas, a las mujeres trabajadoras, las que tienen empleos precarios, las que viven en asentamientos, las que no acceden a los servicios básicos, las que no pueden continuar sus estudios porque tienen que trabajar o maternar, las que son discriminadas por “negras” o “lesbianas” o “gordas” o “feas”.

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Esa fuerza social imparable que es la mujer trabajadora cuando se organiza es lo que permitirá que el paro contra el capitalismo patriarcal sea una medida realmente contundente. Y eso es lo que necesitamos si verdaderamente luchamos por la emancipación de la mujer.

La Agrupación de Mujeres Pan y Rosas se compromete con esta causa desde nuestro feminismo socialista, anticapitalista y revolucionario.






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