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Mes del Orgullo LGBTI: 10 libros que no te puedes perder

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Mes del Orgullo LGBTI: 10 libros que no te puedes perder

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Cada domingo de junio hasta el Día del Orgullo LGBTI puedes encontrar las recomendaciones de Izquierda Diario sobre cine, literatura y series. Clásicos, novedades, historia y lucha. No te lo pierdas.

En el anterior número: 10 películas películas que no te puedes perder

1) Orlando: una biografía, Virginia Woolf (1928)

¿Quién es Orlando? “Es un bello animal romántico, que puede ser adornado con pieles y plumas, perlas y diamantes, sedas y metales.”

Así describiría Virginia Woolf a su personaje, que viaja a través del tiempo y cuyo género cambia de la noche a la mañana, amando a hombres y mujeres en distintos puntos de la historia. Sin embargo, Orlando es también un alter-ego de la escritora Vita Sackville-West, haciendo de la obra una biografía fantástica libre con ciertos guiños a la realidad.

La autora mantendría una relación secreta durante años con Vita, la cual alimentaría esta novela de gran experimentación formal y precursora de narrativas fantásticas y de la disidencia sexual.

2) Diario del ladrón, Jean Genet (1949)

Criado en hospicios, encarcelado varias veces por “conducta obscena”, censurado en vida en varios países, partidario de Mayo del 68, invitado político del Black Panther Party, relator de la masacre de Sabra y Chatila… la obra seleccionada de Jean Genet no podía sino ser autobiográfica.

El diario del ladrón de Jean Genet es una de las obras más famosas acerca de los barrios donde la marginalidad sexual y económica se daban la mano. Este “diario” constituye un relato, no sólo de su supervivencia juvenil en la prostitución y la delincuencia menor, sino todo un retrato grupal del Barrio Chino barcelonés y su periplo por otras ciudades en la década de 1930.

3) El cuarto de Giovanni, James Baldwin (1956)

En 1956 la batalla por los derechos civiles afroamericanos sacude la segregación racial en Estados Unidos y “las desviaciones sexuales” son abordadas desde la cárcel y el psiquiátrico. En 1956, James Baldwin, noveno hijo de una familia obrera negra de Harlem, publica El cuarto de Giovanni, con una trama sobre relaciones interraciales entre personas del mismo sexo. Los temas de ésta y otras obras provienen de lo más hondo de sus vivencias, así como de su participación en el movimiento por los derechos civiles.

Con un pie en la literatura negra deudora del Renacimiento de Harlem y otro en la genealogía literaria de la disidencia sexual, anímate a conocer más en este excelente repaso de Eduardo Nabal y Juan Argelina.

4) Frutos de rubí, Rita Mae Brown (1973)

Durante décadas, El pozo de la soledad fue casi la única novela accesible para que muchas mujeres lesbianas descubrieran entre sus páginas su propia sexualidad. Frutos de rubí surgió en plena ola del movimiento por la liberación sexual como una nueva referencia sobre el “llegar a ser” de las mujeres que aman a las mujeres.

Aunque este tipo de obras centradas en la adolescencia y el autoconocimiento se convirtieran en un cliché, ésta fue una de las que abrió las puertas, centrándose tanto en los sentimientos más íntimos de revelación y experimentación, como en el activismo del cual la propia autora formó parte.

5) El beso de la mujer araña, Manuel Puig (1976)

Esta novela fue adaptada a la gran pantalla en 1985 por el director brasileño Manuel Babenco y se desarrolla entre rejas, con el telón de fondo de la represión política en el Brasil de las dictaduras latinoamericanas de los 70. En la misma celda coinciden Arregui, un prisionero político de izquierda, y Molina, un preso homosexual, quienes acaban desarrollando fuertes lazos de amistad, que hacen que Arregui le permita a Molina penetrar los muros de su propia defensa. Siendo censurada por la dictadura militar, esta obra se ha convertido en un clásico de la literatura LGBTI latinoamericana.

6) Poemas selectos: viejos y nuevos, Audré Lorde (1982)

Este es un poema simple.
Para las madres hermanas hijas
chicas que nunca he sido
para las mujeres que limpian
el transbordador de Staten Island
para las brujas hermosas
que hacen arder
mi cuerpo a media noche
en efigie
porque como a sus mesas
y me acuesto con sus fantasmas.

Extraño fruto, la poesía

7) Loco afán, Pedro Lemebel (1996)

Este libro situado a caballo entre la poesía y la prosa rescata a través de 31 crónicas una memoria que se niega a extinguirse bajo losas de silencio: maricas, travestis, afectades por VIH y proscrites bajo la dictadura en Chile. Esa es la fuerza de Loco afán, crónicas de sidario, que incluye el célebre Manifiesto (Hablo por mi diferencia), pero también las historias conservadas en barroquismo de La Regine, la Loba Lamar, la Chumilou o la Madonna.

8) Memoria de unos ojos pintados, Lluis Llach (2012)

Abre la puerta un anciano con los ojos pintados. Se llama Germinal, un nombre propio de obreros sindicalistas, ateos y descreídos como los que vivían en el barrio de la Barceloneta cuando en 1920 vino a nacer en él. A través de entrevistas, una vida marcada por las grandes victorias y derrotas de la clase obrera y los grandes sentimientos de la juventud que ama distinto, se desgrana en esta novela del cantautor catalán Lluis Llach.

Ochenta y siete años vividos y construidos día a día, entre la ira de los dioses y el escarnio de los demonios, la pasión y el asco, la heroicidad de un gesto y la mediocridad de todos los demás, el amor que no muere y la muerte del que enamora.

9) La habitación de las ahogadas, Alana Portero (2017)

Mi nombre está escrito en las olas,
no en el agua,
en las olas
porque es lunar y cambiante.

No todo el mundo ha cambiado de nombre y así ha nacido dos veces. La habilidad simbólica de los versos de Alana Portero se combina con un manejo de las referencias a la antigüedad grecolatina que recuerda a las composiciones de Gata Cattana. Este es un poemario para cruzar el umbral de la puerta con reverencia y sentarse a escuchar en la habitación.

10) El violeta, Antonio Mercero, Juan Sepúlveda y Marina Cochet (2018)

Violetas. Sarasas. Maricones. Sodomitas… así recogía una pancarta de la manifestación de Orgullo en 1977 en Barcelona, la primera celebrada tras el franquismo. La historia que narra la novela gráfica El violeta, de Antonio Mercero, Juan Sepúlveda y Marina Cochet, es una de las que edifican esa memoria oculta.

Valencia. 1955. El Cine Ruzafa no sólo era un lugar de encuentros homosexuales clandestinos, sino también un sitio habitual de redadas policiales. El joven Bruno es detenido y enviado no sólo a prisión, sino a la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, un campo de concentración para los “enemigos invertidos del Régimen”. La supervivencia, la vuelta del destierro o la represión de las relaciones de convivencia aparecen en las viñetas de esta obra, retratando la época de la Ley de Vagos y Maleantes.

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