Géneros y Sexualidades

Tribuna Abierta

Más allá del 8A: Aborto legal y jurisprudencia

Reflexiones sobre el aborto, la biología, la moral y la ley a partir de la discusión por la legalización del aborto en Argentina

Miércoles 8 de agosto | 08:29

Durante años una de las banderas de los movimientos feministas y de mujeres ha sido la de la no penalización del aborto. Sobre este tema se han escrito cosas mejores que esta e incluso por gente mucho más capacitada que yo.

Los argumentos a favor y en contra de la interrupción voluntaria del embarazo han corrido de un lado a otro versando desde lo más tonto a los más fundamentados, pero la mayoría se centran en un elemento: la vida como valor.

Nadie en nuestra sociedad occidental está en contra del derecho a la vida, incluso lo tenemos como un derecho humano universal. Cuando los ProVida (y agrupamos aquí a todos los grupos contrarios a la legalización del aborto) tildan a los que están a favor de la no penalización de que atentan contra la vida, están faltando a la verdad.
En el debate no hay una sola persona - esté a favor o en contra - que argumente en contra de la vida, porque ese derecho se ve como universal. Nadie en la sociedad occidental puede estar en contra de la vida ya que es fuertemente censurado por la misma sociedad. Pensemos en el estigma que genera la idea del suicidio entre nosotros, no podemos comprender que no se elija la vida por sobre la muerte, se victorea al héroe salvador y se patologiza al que intentó matarse.

La universalidad de la vida está marcada a fuego en nuestra sociedad, así como el derecho de ser persona. El ser persona nos habilita el derecho a tener una vida, y ser parte del estado de derechos y obligaciones. Aquí se da un enfrentamiento que es interesante a mi modo de ver en el debate. El ser persona da la oportunidad de decidir, incluso a las mujeres, pero no de decidir si son un cuerpo gestante o no, la vida juega antes que el ser.

En este choque entre la vida y la persona se despersonaliza el cuerpo femenino en pos de cuidar la vida de un cigoto, como marca Susana Rostagnol en sus análisis de los discursos parlamentarios en el debate del aborto en Uruguay. La mujer es vista como gestante por sobre la persona, su principal función es tener hijos sin importar lo que suceda, ni su propio deseo. Vale recordar los estudios de Silvia Federici sobre la caza de brujas, donde una sociedad en pos de controlar los cuerpos femeninos establece mecanismos de control legal y coercitivo estableciendo al cuerpo de la mujer con el fin procreador como principal.

El argumento de la vida y la muerte es muy utilizado por los movimientos ProVida, en especial en el debate argentino donde se plantea la defensa de las dos vidas, de la madre y del cigoto. El derecho a la vida no debe ser cuestionado en nuestra sociedad racional occidental porque si no sería "la anarquía", grita una señora de pañuelo celeste por TN en la puerta del parlamento argentino. En el planteo de los ProVida, el derecho de la vida estaría sobre el de las personas, se podría concluir si somos apresurados.

Pero no creo que sea tan sencillo, la lucha por el aborto voluntario va más allá de qué derecho es mayor o menor, en su búsqueda por liberar y decidir sobre sus propios cuerpos gestantes, las mujeres como colectivo no solo interpelan al sistema que las oprime sino que al propio sistema jurisprudencial y de derechos como herramienta de esta opresión.

La jurisprudencia se ha construido como un campo esterilizado donde todos somos iguales. Esto esconde que la misma ley se construye en base a una moral determinada, de un tiempo y sobre todo de un grupo de poder determinado.
Así, la ley oculta tras sus páginas formas de pensar la vida y la muerte de un grupo social establecido. Pensemos en la concepción de la vida desde el momento de la fecundación. En base a qué norma social se marca esto? Se cita a la biología, pero ella aún no ha cerrado el tema. ¿Acaso no esconde una idea de dominio de la sociedad heteronormativa y patriarcal sobre las mujeres?
Pensemos en el fin de la vida entonces, ¿por qué un paciente no puede elegir cuando morir, o por qué su familia no puede hacerlo en caso de no poder responder el paciente?

El pensar a la persona no desde su fecundación sino desde las 14º semana, 5 meses, 6 meses o 9 meses no solo pone en jaque la idea de vida de nuestra legislación sino que la desenmascara y la muestra como una creación de una moral determinada. Muestra que, detrás de esa aparente blanquitud de los palacios de gobierno, hay grises entre los muros mármol. La ley se vuelve terreno de disputa, ya no todos somos iguales sino que ahora se vuelve imposición de determinadas morales sobre otras, los mecanismos de control son atacados y se vuelven más dolorosos de ver.

Los debates sobre el aborto han ido de un lado a otro, han mostrado caras y máscaras, presentados juristas, penalistas, filósofos, sociólogos, antropólogos, actores y matemáticos. Todos presentan sus argumentos, pero la lucha en su conjunto por despenalizar la interrupción voluntaria del embarazo va más allá de argumentos sesudos en parlamentos de mármol. Apunta a un sistema que obliga a muchas mujeres a morir por decidir, a escapar por no querer ser parte de un destino que no eligieron, a pensarse a sí mismas.

Es verdad que se dirá que es el mismo sistema que oprime el que va a habilitar el aborto, incluso los intentos por cortarlos por donde sea se han dado hasta el cansancio, pero es un comienzo, un paso a dar para emancipar a los cuerpos de sus cadenas, a ver que las cadenas no son solo en clave aborto si, aborto no, sino que están presentes en el mismo sistema que permite abortar o no.

La vida y la muerte tienen su cara biológica, pero la moral es la que manda. Que yo esté vivo y que yo decida morir, no es un tema biológico sino moral, donde yo puedo decidir, la discusión que plantean quienes están a favor de la despenalización del aborto va en esta clave. La posibilidad de elegir qué hacer con nosotros y nosotras, la posibilidad de elección - algo que para los grupos de poder es tan mentado, pero relegado para otros. Poder decidir, poder cambiar, poder liberar de la moral del opresor es lo que se juega en cada voto, en cada decisión, en cada puño levantado.






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