Sociedad

CAPITALISMO Y MISERIA

La navidad, el consumismo y la imposición de “ser feliz” aunque pasemos hambre

¿Qué sucede cuando nuestros exiguos sueldos no nos permiten participar del consumismo imperante? ¿Cómo se pasa la navidad en hospitales? ¿Ya no existe el paro?

Juan Romero

Madrid | @jromelasco

Miércoles 27 de diciembre de 2017 | 18:55

En estas fechas que los medios de comunicación nos transmiten que la “navidad” es un tiempo de paz, amor y fantasía. Nos quieren dar la impresión que todo está bien. Las compras navideñas están auspiciadas por la máxima de “si no compras no eres feliz”. De aquí parte este artículo.

En el Estado español cientos de miles de hombres y mujeres, siguen en el mejor de los casos cobrando 400 euros al mes y en el peor de los casos, sobreviviendo con pequeños trabajillos en negro, ayudas de amigos, contando los céntimos para comprar el pan, sin poner la calefacción porque no pueden pagarla y frustrados por no poder realizar regalos.

El sistema capitalista predica el consumismo y arroja al ostracismo a todos aquellos que no pueden responder a la llamada consumista. Así, la pobreza de buena parte de la sociedad española es asimilada por muchos como un trauma psicológico, una tristeza interna y una gran impotencia por no poder participar de la “fiesta” del consumo navideño y poder regalar cosas a sus seres queridos.

En el fondo sus seres queridos ya tienen su mejor regalo, su amor, su cariño y pese a la precariedad, poder estar juntos. Pero el capitalismo, todos los días, a todas horas, nos bombardea con su publicidad asfixiante, haciéndonos sentir mal, para que la rueda del consumismo siga dando vueltas y pase por encima de mujeres y hombres de distintas edades que han sido marginadas del mercado laboral, por su edad o por su condición y solo les queda sobrevivir.

En estas navidades los telediarios no se cansan de mostrarnos Papas Noel en hospitales, con niños con cáncer, que es una imagen muy comercial. Pero, ¿qué sucede con todas las personas adultas, sobre todo ancianos, que pasan días enteros en Urgencias o en la camilla de un pasillo? ¿Y qué de los familiares que sufren con desesperación el sufrimiento de sus familiares, infra atendidos por los recortes criminales y que cuando por fin les suben a una habitación, pareciera que nos ha tocado el gordo de la lotería?

Porque en esta realidad de la sanidad pública también se pasan las navidades. Cada mes van cerrando más plantas de camas en los hospitales y en cuanto estas un poco mejor, te dan el alta, por la falta de camas. Los sucesivos recortes hacen que haya muy pocos trabajadores para atender a decenas de miles de personas, que sufren más por la soledad en estas fechas en las que te imponen “ser feliz”. Como sufren familias enteras que ven a sus mayores en las últimas y se preguntan con amargura, ¿cómo vamos a sobrevivir sin la miserable pensión del abuelo/a? Y, mientras sucede todo esto, el sistema nos dice que hay que estar contentos y felices.

Frente este bombardeo de "felicidad y consumismo” debemos denunciar la hipocresía de este sistema capitalista, que nos engaña con la "felicidad" del consumismo barato. La felicidad no se compra.

Este supuesto sentimiento “navideño” con el que nos bombardean los medios es una falacia. Porque la felicidad sólo es verdaderamente factible mediante la fraternidad y solidaridad entre la clase trabajadora, la cual puede crear un verdadero sentimiento de ayuda y cariño, que además es el sentimiento más revolucionario que existe. En la unión y fraternidad de la clase trabajadora, incluyendo lógicamente a los parados, que sobreviven día a día, a hombres y mujeres marginados por su edad, su formación, su género o su etnia, está el “secreto” de la felicidad: la lucha por la revolución que cambie al mundo de base.






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