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OPINIÓN

La muerte de Patricio Echegaray

El presidente del Partido Comunista Argentino, Patricio Echegaray falleció el último 9 de agosto. Una trayectoria que va desde la Secretaria General de la Federación Juvenil Comunista durante la dictadura genocida, apoyada por los dirigentes comunistas argentinos, hasta su candidatura al Parlasur en las listas del Frente para la Victoria.

Viernes 11 de agosto | Edición del día

“El Partido Comunista de la Argentina informa con profundo dolor el fallecimiento de su Presidente, Patricio Echegaray, a los 70 años de edad, tras una enfermedad contra la que peleó con firmeza hasta el último momento” dice el comunicado difundido por el Partido Comunista Argentino.

El Partido Comunista de la “Fusiladora” y del apoyo a los genocidas

Oriundo de San Juan, fue allí donde se incorporó como militante de la “Fede” en 1964. Echegaray ingresó a un Partido Comunista que, dirigido por Victorio Codovilla y Rodolfo Ghioldi, era un puntal del estalinismo en América Latina y venía de haber entregado la fabulosa huelga de los frigoríficos de 1943 bajo el argumento de no desabastecer a los “aliados” en la lucha contra el Eje en la Segunda Guerra Mundial; de haber sido parte activa de la Unión Democrática con los conservadores, la UCR y los socialistas contra el peronismo en 1945; de ser parte del frente gorila en 1955 y de haber rechazado la Revolución Cubana y al M26 a quien calificaban como un grupo de aventureros pequeñoburgueses.

Echegaray jugó un papel destacado en la coordinación de las Juventudes Políticas en la década del ‘70, según rescata el comunicado oficial del PCA. Recordemos que el papel del PCA después del Cordobazo, fue el de conformar una alianza con Oscar Alende del Partido Intransigente y Horacio Sueldo de la Democracia Cristiana, que luego del golpe de palacio de la derecha peronista contra Hector Campora, se disuelve frente a la convocatoria a elecciones en septiembre del 73 donde llaman a votar a la formula Perón-Perón (dicho sea de paso, fue un militar comunista, el coronel Francisco Corniccelli, quien negocio con Peron en Madrid los términos de su retorno a la Argentina en 1972). El motivo fundamental de la decisión del PCA se debía a que Perón restableció relaciones económicas con la URSS y su ministro de economía José Bel Gelbard era afiliado secreto y hombre del aparato financiero del PCA. Los comunistas oponían a la violencia guerrillera y a la acción insurreccional de las masas, la adhesión a la “vía pacífica al socialismo” que impulsaba la Unidad Popular de Salvador Allende y que terminó sangrientamente aplastada por la contrarrevolución encabezada por Augusto Pinochet en 1973.

En medio de la ofensiva terrorista de la Triple A, cuyo máximo responsable en vida fue el mismísimo Juan Domingo Perón, el PCA solía denunciar que “El terrorismo de ultraizquierda está inspirado en el trotskismo y el anarquismo y sus adherentes están animados por la impaciencia de los sectores pequeñoburgueses” (Tribuna Popular N° 10). En este sentido el PCA fue impulsor junto a la UCR del Grupo de los 8 que condenaba la violencia sin distinción ideológica en una proto teoría de los dos demonios: “Consustanciados en la necesidad de aventar definitivamente la violencia terrorista en sus distintas formas, signos ideológicos, orígenes o procedencias y para que el pueblo y la nación toda, en un marco de continuidad institucional” (Declaración del 19 de junio de 1975).

En 1975, luego de que las movilizaciones obreras y las huelgas impusieran la derrota del plan Rodrigo y la expulsión de José López Rega del poder, dejando al gobierno de Isabel Perón colgado de un hilo, el PCA planteó como salida la convergencia cívica-militar, la que seguirá planteando luego del golpe de 1976, donde el PCA sera uno de los apoyos políticos de Jorge Rafael Videla y la banda de asesinos de la Junta Militar. Un día después del golpe genocida escribían "Ayer, 24 de Marzo, las F.F.A.A. depusieron a la presidenta María E. Martínez, reemplazándola por una Junta Militar integrada por Los comandantes de las tres armas. No fue un suceso inesperado. La situación había llegado a un límite extremo "que agravia a la Nación y compromete su futuro", como dice en uno de los comunicados de las F.F.A.A.". Ya bajo la dirección de Arnedo Alvarez y Fernando Nadra los estalinistas argentinos plantearon además que “se requiere llegar a un Convenio Nacional Democrático, que sirva de fundamento a un gobierno cívico-militar (…) Si la Junta Militar es una transición al tipo de gobierno que el país necesita, se habría dado un paso adelante”.

El escandaloso alineamiento del PCA con los genocidas encuentra su explicación en las órdenes impartidas directamente del Kremlin quien compraba grano al gobierno militar en medio de un bloqueo comercial norteamericano contra la URSS.

Trágicamente, mientras que los dirigentes del PCA apoyaban a la dictadura genocidas, sus militantes eran perseguidos y desaparecidos.

La autocrítica del XVI Congreso

En 1980 Patricio Echegaray será nombrado secretario general de la “Fede”. En 1983 el PCA llamará a votar a los candidatos del PJ Ítalo Lúder y Deolindo Bitell. El primero responsable de los decretos de aniquilación del ERP en el monte tucumano y el segundo representantes de la derecha peronista contra Raúl Alfonsín y Víctor Martínez. Al poco tiempo de asumir la UCR, el PCA tomará la línea del apoyo crítico al hombre de Chascomús.

La línea teórica durante la mayoría de la historia del PCA era la de la revolución democrática, agraria y anti-feudal y el frente democrático como sujeto político que lo lleve a cabo. A partir del XVI Congreso en 1986, en medio de una dura lucha fraccional que terminará con la ruptura de toda una parte de la vieja dirección encabezada por Fernando Nadra, Echegaray impulsará una auto-crítica con respecto al apoyo a la dictadura militar. El PCA explicará que su apoyo a la dictadura genocida en realidad fue para un sector de “palomas” (Videla y Massera) que querían evitar un baño de sangre frente a los “halcones” que representaban un “pinochetazo”.

Echegaray escribirá en Propuesta Nº 933 (20/8/09): “En la actividad para conseguir el castigo de los responsables… está implícito un proyecto de reivindicación del PC y desenmascaramiento de las patrañas maccartistas sobre la supuesta complicidad con la dictadura, montada por los servicios de inteligencia… la autocrítica del 16º Congreso sólo abarca la exageración de las contradicciones dentro de la dictadura que perjudicaron la eficacia de la lucha”. Así describía el PC años después la política frente a Videla: “Cometimos errores en la apreciación de las contradicciones internas de las Fuerzas Armadas, sobrestimando las mismas y considerando posible aprovecharlas en la lucha contra el fascismo. No pudimos ver el carácter estratégico continental de las acciones en curso y del nivel de hegemonía que los sectores más proimperialistas habían alcanzado desde el primer momento”. Por su parte Echegaray sostendrá la defensa de la historia del PCA contra “una idea del PC gorila, que la trabajó históricamente la derecha. Pero el PC siempre se movilizó en contra del golpe contra Juan Perón o Isabel Martínez” (P12 6/4/08).

La autocrítica concluyó en una autentica falsificación de la historia para justificar los virajes estalinistas y se negó a condenar la orientación política que llevó al PCA durante el genocidio de complicidad con los militares. No implicó tampoco una denuncia sobre el papel de la URSS y el gobierno cubano que nunca denunciaron públicamente los crímenes de la dictadura argentina. Poco tiempo después de la auto-crítica sobre el apoyo a la dictadura, en la Semana Santa de 1987 el PCA rubricará el Acta de Compromiso Democrático que firmarán todos los partidos legales de entonces a excepción del MAS y el PO. El acta expresaba la capitulación del alfonsinismo y los partidos del régimen frente al alzamiento carapintada de Aldo Rico y habilitaba la sanción de la Ley de Obediencia Debida a favor de la baja oficialidad y sub-oficialidad que tomaron parte del genocidio.

Schafik Handal y el giro pro-cubano

Bajo la batuta de Echegaray el PCA adoptó las tesis del dirigente comunista salvadoreño Schafik Handal que aconsejaba a los PC’s de Centroamérica a ampliar sus coaliciones con las organizaciones a su izquierda para neutralizarlas e imponerles su línea del Frente de Liberación Nacional y Social. Con esta orientación los guerrilleros del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional terminaron entregando la lucha de masas en El Salvador y capitulando frente al imperialismo y la ultraderecha salvadoreña con quienes negoció una democracia burguesa que dejó impunes los crímenes de los militares y sus escuadrones de la muerte en aquel país.

Echegaray emuló al líder estalinista salvadoreño y mientras, por un lado impulsaba las relaciones internacionales con el castrismo y la dirección sandinista en Nicaragua donde enviaban a los militantes de la “Fede” a participar de las Brigadas del Café, por el otro buscó neutralizar el fortalecimiento de una fuerza trotskista en Argentina que a mediados de los 80 se manifestaba en el crecimiento del Movimiento Al Socialismo (MAS). El PC y el MAS acordaron una política de conciliación de clases, cuyo primer ensayo fue el Frente del Pueblo (1985/87) y, más tarde, Izquierda Unida (1989/91) que en 1989 coronará como diputado a Luis Zamora.

La caída del Muro de Berlín en 1989 encontrará al PCA tomando partido por la defensa de los regímenes estalinistas que se derrumbaban en Europa del Este y la ex URSS. A partir de entonces, sin el oro de Moscú de por medio, el PCA profundizará su giro pro-cubano.

Del Frepaso al kirchnerismo

Nunca pudo el PCA bajo el mando de Echegaray recuperar la influencia que alguna vez supo tener como referente de la izquierda argentina. Cada vez quedará más reducido a un aparato financiado con los fondos del Banco Credicoop, vacío de militantes. A principios de los 90 será parte de la fundación del Frente Grande hasta que son expulsados del mismo en 1994 por “Chacho” Álvarez, provocando una gran migración de dirigentes y militantes comunistas al seno de esa fuerza. El Frente Grande derivara en el Frepaso y más tarde en la nefasta Alianza que llevo al poder a fernando De la Rua. A fines de los 90 reeditará Izquierda Unida con el MST lo que le permitirá a Echegaray acceder al cargo de diputado porteño en las elecciones del año 2000 junto a Patricia Walsh.

Con el ascenso del kirchnerismo, el PCA se integrará a esta fuerza a partir del 2008, impulsando diversas candidaturas como la del banquero Carlos Heller hasta llegar a su casi integración en las listas del FpV del 2015, donde Echegaray fue candidato a diputado del Mercosur.

Echegaray fue un dirigente que intentó resolver la enorme crisis del estalinismo criollo como producto de su larga historia de capitulaciones frente a la burguesía argentina y sus fuerzas más reaccionarias sin romper con su tradición, su alineamiento internacional con burocracias contrarrevolucionarias y restauradoras o su matriz teórica estalinista. En los 80 recurriendo a una mezcla de guevarismo discursivo y en los 90 girando a un discurso socialdemócrata, mantuvo en lo fundamental los postulados teóricos del PCA que condenan a la izquierda y la clase obrera al seguidismo de la burguesía y sus agentes.

Echegaray llevo en el nuevo siglo a la disolución práctica del PCA en Nuevo Encuentro y distintas fuerzas del kirchnerismo, lo hizo abiertamente partidario del nacionalismo burgués chavista. Ninguno de sus esfuerzos le permitió al viejo partido estalinista renacer de sus cenizas.






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