Internacional

ELECCIONES EN BRASIL

La burguesía brasileña mueve sus piezas a favor de Bolsonaro

El movimiento en las fracciones burguesas luego de la divulgación de las encuestas Ibope y Datafolha tiene un primer resultado más evidente: el fortalecimiento de Bolsonaro, en vísperas de la primera vuelta.

André Augusto

Natal | @AcierAndy

Jueves 4 de octubre de 2018

Las dos agencias le dan 31% y 32% de intención de voto al exmilitar ultraderechista Jair Bolsonaro, y coinciden en marcar dos movimientos simétricos para Haddad, que se ubica en segundo puesto: su estancamiento entre 21% y 23% (este último, resultado de Ibope del miércoles), y el fuerte aumento de su rechazo (cerca de 11% en una semana). La resultante es una mayor brecha a favor de Bolsonaro en la primera vuelta y la proximidad de la tasa de rechazo de los dos candidatos en un eventual balotaje.

Bolsonaro y su compañero de fórmula Hamilton Mourão, representan los deseos más esclavistas de la clase dominante contra los trabajadores. Estos defensores de torturadores, que entusiasman a los oficiales de alto rango del Ejército y del reaccionario Club Militar, y que fueron beneficiados por las maniobras autoritarias del poder judicial, odian a las mujeres, a los negros, a los pueblos originarios, a la diversidad sexual. Las bancadas “de la bala” (de la mano dura), “de la vaca” (de los intereses de los grandes terratenientes) y “de la biblia” (del conservadurismo religioso) depositan sus esperanzas de sangrientos ajustes contra la población en la victoria de Bolsonaro, que tiene el apoyo de sectores de las finanzas y de los mercados.

En estas elecciones completamente manipuladas por los agentes del golpe institucional, que no tienen pudor en asaltar cualquier vestigio de soberanía popular, la lectura de estos resultados hizo que distintos sectores de la burguesía pusieran sus deseos esclavistas en la canasta de Bolsonaro, disipando dudas y enalteciendo sus capacidades para aplicar pesados ajustes contra los trabajadores, con un sentimiento sintetizado por el economista jefe de MB Asociados, Sérgio Vale: “Si el candidato es autoritario o no y su vicepresidente hizo alusión a un autogolpe, no son cuestiones relevantes para el mercado”.

Las encuestas de opinión de Ibope y Datafolha, que aun considerando la modificación en la metodología señalan una tendencia más favorable a Bolsonaro, no vinieron solas. La última semana previa a la primera vuelta trajo a luz movimientos más profundos al interior del régimen.

El Tribunal Superior Electoral había literalmente robado 1,5 millones de votos en el Nordeste, 600.000 solo en Bahia, a través de la cancelación del registro biométrico. En todo el país fueron soplados 3,3 millones de votos, la aplastante mayoría de la población pobre. Es notorio como el Nordeste es un centro de votos del PT, lo que hace esta maniobra francamente favorable a Bolsonaro, que no prospera en esa región.

Acto seguido, el juez de la Corte Suprema (STF) Luiz Fux vetó la autorización de otro juez Supremo, Ricardo Lewandowski, para que Lula pudiese dar entrevistas antes de las elecciones. El presidente de la Corte, el juez Dias Toffoli, estuvo de acuerdo con Fux. ¿La razón? Una de las más convincentes: “La desinformación del elector compromete la capacidad de un sistema democrático para elegir mandatarios políticos de calidad”. La calidad de los mandatarios debe ser autenticada por la oligarquía judicial, que ya pisoteó el derecho de la población a votar a quien quiera.

Como si no fueran suficientes estos servicios prestados a Bolsonaro, en la más rudimentaria maniobra golpista que recuerda la conducta de la revista Veja en 2014, el juez director de la operación Lava Jato, Sérgio Moro, “quebró el secreto” del testimonio Antonio Palocci, exministro de Lula, contra el PT, delación que ya había sido descartada por el propio Ministerio Público por falta de pruebas. ¿El objetivo? Su esposa lo aclaró al hacer campaña por Bolsonaro en Instagram. El capitán reformado comienza a ser agraciado por la proimperialistas Lava Jato, que busca instalar constitucionalmente (¿en una “constitución de notables”, como dijo Mourão?) la cabal violación de todos los derechos democráticos que ya son violados en los “morros” y periferias cotidianamente.

Por su parte, Donald Trump hizo declaraciones contra una supuesta “dureza” de Brasil en las relaciones comerciales, lo que es parte de una política que “le da un empujón” para que más sectores burgueses se alineen con Bolsonaro, que propone privilegiar la relación con Estados Unidos en detrimento de China. A pesar de las editoriales de The Economist contra “la catástrofe de Bolsonaro”, otro sector de las finanzas –representado por Bloomberg- manifestaron su agrado con el ascenso del capitán.

El ancla económico de Globo, Myriam Leitão, levanta sospechas sobre la capacidad de reformas que tiene Bolsonaro, enla columna “Inversores eligen el autoengaño al apostar en un Bolsonaro reformista”. El mercado estaría intentando auto engañarse, según la analista, ya que Bolsonaro siempre votó en contra de las reformas en la Cámara de Diputados. Naturalmente, la familia Marinho, dueña de la red Globo, le exige a Bolsonaro las certezas necesarias tras el distanciamiento de su asesor económico, el chicago boy Paulo Guedes. ¿O estaría poniendo un huevo en cada canasta?

Las divisiones todavía existen con vigor en las distintas esferas del régimen, no hay homogeneidad en las decisiones de las instituciones y fracciones de la burguesía. Lo que es innegable es que los francoapoyadores de Bolsonaro salieron de las alcantarillas de la clase dominante para exprimir su voto.

Estos sectores sociales, de las bancadas evangélica, del agronegocio y de la bala, junto con sectores de las finanzas, quieren de la extrema derecha odiosa todo lo que ella promete: inmediata reforma previsional, destruir derechos sociales, fin de la legislación laboral, aplicación real de la tercerización total del trabajo, recortes en gastos en todo el presupuesto para pagar la deuda pública a los banqueros internacionales.

El dogma de la conciliación petista

El PT quiere convencer a su público elector de que la salida para enfrentar a Bolsonaro es un amplio arco de alianzas con golpistas -no solo del MDB de Temer y del Centrão (gran centro), sino también del PSDB del expresidente Fernando Henrique Cardoso- y con el capital financiero. El problema es que los “mercados” no están satisfechos con los ataques ya prometidos por el PT en campaña, y comienzan a mirar con más confianza a Bolsonaro.

Haddad, apoyado por Lula y la cúpula del PT, hizo incesantes movimientos para agradar a los capitalistas y al golpismo: Dijo estar comprometido con el ajuste fiscal y con la reforma previsional -hasta le encontró mérito a la propuesta por Temer. Presentó la autocrítica del presidente del golpista PSDB, Tasso Jereissati, como una “buena señal de aproximación”, haciendo señas al MDB y al Centrão. Anunció que no revertiría la venta de la empresa nacional de aeronáutica Embraer a Boeing. Enalteció su función en la creación de las sociedades público-privadas (PPP) y mostró ser un fiel pagador de la fraudulenta deuda pública.

Los intelectuales del petismo se pronuncian a favor del "ensanchamiento del arco" de acuerdos con la derecha no bolsonarista. André Singer admite que el PT tiene dos tareas: "De un lado, agregar a todos los que rechazan el regreso de la dictadura. De otro, romper el bloqueo neoliberal en la política económica", asumiendo que "parte de los neoliberales es sinceramente democrática" (sic). Luiz Nassif lo secunda: "El desafío consistirá en ensanchar el arco, invitar a todos los sectores comprometidos con la democracia, desarmar los espíritus y comenzar el trabajo de reconstrucción institucional", incluso con el poder judicial golpista. Luis Costa Pinto va más allá: "Haddad tiene que encarnar, ya, el papel de aglutinador de todo el polo democrático e independiente del país [...] Haddad, en este momento, tiene que mirar más a JK y menos a Lula Más a Arraes, que siempre se alió a la derecha y gobernó con agenda progresista"

Todos admiten el pacto con los "esclavistas democráticos" en la composición de un gobierno nacional con el PSDB,MDB, Centrão. "Lidiar con los demonios es la tarea de aquel que tiene vocación para la política", dice con cierta indecencia Max Weber. Se trata del mismo camino que llevó al golpe institucional, y ahora fortalece a Bolsonaro.

Vale aclarar que esta derecha no es menos esclavista que Bolsonaro: al contrario, estaría tranquilamente en la base de un eventual gobierno de la extrema derecha ultraneoliberal. Fueron agentes del golpe institucional, que ahora busca ser coronado con Bolsonaro. ¿O alguien tiene dudas de que Alckmin y la latifundista Ana Amélia son representantes del esclavismo más grotesco, proponiendo incluso terminar con el Ministerio de Trabajo? ¿Qué decir del MDB de Temer, que controla el interior del país con métodos coronelistas? ¿Habría una "empatía democrática" en un grupo de partidos como el Centrão, verdadera cloaca donde desaguan todas las inmundicias del régimen burgués?

La fuerza que la nueva extrema derecha va a mantener después de las elecciones, sea cual fuere el resultado, son prueba evidente de que el golpe institucional no se va a derrotar con votos, como el PT pretende hacernos creer.

Las burocracias sindicales petistas, como la CUT y la CTB, permanecen calladas y apostando en el voto, después de haber sido fundamentales para fragmentar, aislar y derrotar a los trabajadores, y con eso construir la pasividad del movimiento obrero, tanto en el período anterior al golpe institucional como posteriormente. El PT y sus burocracias tiraron a la basura la enorme oportunidad generada por las contundentes huelgas generales contra la reforma previsional en el primer trimestre de 2017.

Ni Ciro Gomes, con un discurso cada vez más derechista y parecido al de Alckmin, ni el PT con su lujuria por pactos con la derecha golpista y la institucionalidad burguesa pueden ser la salida para enfrentar la odiosa extrema derecha. La política petista se fundamente en una utopía reaccionaria, un sueño idílico de conciliación de clases que no existe.

Ya vivimos la experiencia de lo que fue el segundo mandato de Dilma Rousseff. El día siguiente a las elecciones, tiró a la basura todo el discurso "de izquierda" que había tenido durante la campaña electoral, puso a un banquero ultraneoliberal en el Ministerio de Hacienda (Joaquim Levy) y atacó el derecho al seguro desempleo en un momento de enorme recesión y desempleo masivo, recortó miles de millones de los presupuestos de salud y educación y avanzó en la privatización de Petrobras, para seguir pagando fielmente la deuda pública a banqueros millonarios y para ganar el apoyo de sectores del capital financiero internacional.

Mientras tanto, Bolsonaro, Hamilton Mourão, el poder judicial autoritario y la cúpula de las Fuerzas Armadas preparan la lámina para que los trabajadores paguen la crisis.

Una Asamblea Constituyente Libre y Soberana

Ningún combate a la extrema derecha nefasta representada por Bolsonaro, o el autoritarismo judicial apoyado por la cúpula de las Fuerzas Armadas, puede ser hecho de manos dadas con el capital financiero y los golpistas. No podemos derrotar a la extrema derecha odiosa a través del voto, como quiere el PT, y sí a través de la lucha de clases.

Contra esta salida, los socialistas revolucionarios proponemos una medida de emergencia: una Asamblea Constituyente Libre y Soberana.

Una Asamblea que pueda votar libremente por el no pago de la deuda pública, por la reestatización bajo gestión de los trabajadores y control popular de todas las grandes empresas estratégicas como Petrobras, Eletrobras, los servicios de água y transporte, que pasen a tener licitaciones públicas y transparentes controladas por la población. Por la anulación de todas las leyes reaccionarias votadas por los gobiernos anteriores y la aprobación del aborto legal, seguro y gratuito. Por la elección directa de todos los jueces y políticos, que pasen a ganar como una docente y sean revocables si traicionan el mandato popular. Que todos los casos de corrupción sean juzgados por jurado popular, así como la abolición del Senado y la unificación del poder legislativo y ejecutivo en una cámara única.

Cuando decimos que la Constituyente debe ser soberana queremos enfatizar que ninguna institución del régimen burgués pueda limitarla, revisar o vetar sus decisiones.

En otras palabras, esta Constituyente impuesta por la lucha debe tener plena libertad para abordar todos los grandes problemas nacionales, las reivindicaciones populares y medidas de emergencia, para que la crisis la paguen los capitalistas. En este sentido, la Constituyente Libre y Soberana tiene como objetivo sustituir no solo el gobierno, sino también todas las instituciones del régimen.

Será una experiencia que permitirá avanzar en la comprensión de la necesidad de luchar por un gobierno de los trabajadores que rompa con el capitalismo, expropie a la burguesía y socialice los medios de producción bajo control democrático de los propios trabajadores, que es la perspectiva estratégica por la que luchamos los socialistas revolucionarios.

En esta batalla ponemos todas las energías de Esquerda Diário, que alcanza a más de 1,5 millones de lectores por mes, y las candidaturas anticapitalistas del MRT en distintas ciudades del país, al servicio de la construcción de una alternativa política de los trabajadores a la izquierda del PT, que supere su estrategia de conciliación y enfrentar seriamente a los golpistas y los capitalistas.






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