Economía

DIA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES

Informe especial: las mujeres siguen siendo las más precarizadas

Este 8 de marzo millones de mujeres se movilizan en el mundo, los motivos sobran. En el país la precariedad laboral afecta a 5 de cada 10 trabajadoras, en las más jóvenes la situación empeora siendo 7 de cada 10 las que se insertan en trabajos precarios, según estimaciones de La Izquierda Diario.

Sábado 7 de marzo | 22:23

Imagen I Enfoque Rojo

En un escenario internacional convulsionado y ante la inminencia de un 8 y 9 de marzo donde se movilizarán millones de mujeres en el mundo en defensa de sus derechos , La Izquierda Diario realizó una estimación propia de la precariedad laboral de las mujeres argentinas con datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) relevada por el INDEC. Quedando en evidencia la extrema precariedad que sufren las mujeres, sobre todo las más jóvenes y las mayores de 50 años, analizando también la situación de aquellas que son jefas de hogar.

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La precariedad laboral incluye a aquellos trabajos enmarcados en condiciones laborales carentes de regulación o en condiciones de informalidad, inestabilidad y desigualdad. Hay formas de contratación que encubren una relación de dependencia con el empleador o generan vínculos de contratación inestable como los contratos de corto plazo, las pasantías universitarias, los contratos como monotributistas (como ocurre en muchas dependencias estatales) o asistencias técnicas. Muchas de ellas aparecen como empleo “registrado”, pero no significan los mismos derechos para los trabajadores. La precariedad se manifiesta también a través de la tercerización laboral que oculta la verdadera relación entre el trabajador y la empresa que contrata a la tercerizada. Generalmente los trabajadores sufren las peores condiciones de trabajo percibiendo menores salarios.

La información pública disponible solo da una idea reducida sobre la precariedad laboral a través de los datos sobre el porcentaje de trabajadores informales que no tienen descuentos jubilatorios, el trabajo "en negro". Pero este indicador es insuficiente para dar cuenta de todas las dimensiones y formas que hoy adopta la precariedad laboral. Es posible ampliar esa medición incorporando otros aspectos que ayudan a ver la crítica situación que soportan las mujeres, particularmente las mujeres más jóvenes y las adultas mayores, y las que son jefas de hogar y que en muchos casos tienen la responsabilidad del sostenimiento económico. De todos modos es una aproximación que subestima el fenómeno de la precarización laboral entre otras cuestiones porque los datos solo representan a la población que vive en las grandes ciudades del país.

Mujer y precarización laboral en números

La Izquierda Diario analizó los datos de la EPH del tercer trimestre de 2019, últimos disponibles, y calculó una aproximación al porcentaje de trabajadores precarios. Se amplió la definición de precarios a los asalariados y no asalariados con bajos ingresos, considerando como límite el salario mínimo vital y móvil (SMVM) que al momento de relevarse los datos ascendía a 16.875 pesos, monto que a su vez resulta muy por debajo de lo que necesita un trabajador para cubrir la canasta total y no caer en la pobreza , en septiembre del 2019 el valor para un hogar tipo fue de $ 34.784,75, según el INDEC. En la estimación se excluyó a los ocupados que se encuentran bajo la categoría ocupacional de patrones.

En el caso de los asalariados se agrupó a aquellos que cuenten con al menos una de las siguientes condiciones: que no tenga descuento jubilatorio, o que no tenga derechos laborales en relación de dependencia como aguinaldo, vacaciones pagas, días pagos por enfermedad, obra social o estabilidad en el puesto de trabajo, o cuyo salario sea menor al SMVM.

Los no asalariados incluyen a los cuentapropistas con salarios insuficientes (menores al salario mínimo, vital y móvil) y trabajadores familiares sin remuneración.
Los datos muestran que para el 3er. trimestre de 2019 la tasa abierta de desocupación fue de 9,7% y mayor en las mujeres que presentaron un 10,8 de desocupación frente a un 8,9% en varones. La subocupación abierta, fenómeno complejo que involucra tanto a los que apenas trabajaron muy pocas horas en el mes de referencia como a quienes no lograron alcanzar una jornada laboral plena (menos de 35 horas semanales), refiere siempre a personas que necesitan trabajar más horas y están disponibles para hacerlo. Usualmente se considera a la subocupación como el complemento de la desocupación, la sumatoria de ambas tasas dan un pantallazo de los graves problemas que tiene la población para conseguir trabajo.

La subocupación ascendió a 12,8%, y la brecha por sexo es muy marcada, mientras en varones la tasa es de 11,1% en mujeres alcanza el 15%.

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Pero además de los que están marginados de la posibilidad de acceder a un empleo, dentro del conjunto de trabajadores que tienen trabajo se extiende una diversa gama de situaciones de trabajo precario.

Entre quienes sufren cotidianamente la precariedad más extrema medida como la falta de derechos y seguridad laboral (aportes jubilatorios, obra social, vacaciones pagas, aguinaldo, días por enfermedad y continuidad laboral) y salarios por debajo del salario mínimo vital y móvil, se encuentran las mujeres. Al menos el 55,2% de las ocupadas (asalariadas y cuenta propias) sufren condiciones de precariedad extrema, en tanto que en el caso de los varones esta proporción es del 45,7%. Situación que viene desmejorando si se tiene en cuenta que en el mismo trimestre del año anterior (2018) los porcentajes eran más bajos: 53,2% en las mujeres y 42,6% en los varones.

Cómo afecta la precarización en las jóvenes y en adultas de edades más avanzada

En el análisis de los distintos grupos de edad se observa que son los más jóvenes los que enfrentan situaciones de mayor precariedad, 7 de cada 10 menores de 29 años trabajan en condiciones de extrema precariedad, seguidos por los de 50 años y más que en términos comparativos presentan un mayor porcentaje de trabajadores precarios que los de 30 a 49 años. En todos los grupos de edad son las mujeres las que se insertan en peores condiciones laborales y presentan las tasas más altas; la brecha entre los jóvenes es de 5 puntos porcentuales dado los altos niveles de precariedad extrema que padece la juventud al momento de insertarse laboralmente. A medida que aumenta la edad las brechas crecen, así entre los trabajadores de 30 y 49 años es de 10 puntos porcentuales (mujeres: 48,5% y varones: 37,9%) mientras que entre los de más edad dicha diferencia asciende a 15 puntos porcentuales (mujeres: 54,5% y varones: 39,2%).

Los datos son alarmantes, la situación crítica se viene profundizando en las últimas décadas con los cambios tecnológicos y económicos que tuvieron un impacto directo en el empleo en general, y en el de los jóvenes en particular, configurando un nuevo mapa del trabajo, heterogéneo y más precario, donde los jóvenes son el grupo de edad que se encuentra en una situación de precarización extrema. A las enormes dificultades para acceder a un empleo se suma un nivel altísimo de precariedad que padecen los que logran acceder, mayoritariamente sin protección ni estabilidad, con bajos ingresos y sin perspectiva de desarrollo.

La precariedad también afecta a las mujeres jefas de hogar

A las tareas reproductivas (de cuidados) que realizan gratuitamente las mujeres dentro del hogar se suma una mayor intervención en el trabajo productivo fuera del ámbito doméstico. En las últimas 4 décadas las mujeres aumentaron significativamente su nivel de participación laboral que se concentra en “nichos” de tareas de producción social asalarizada: escuelas, hospitales, geriátricos, guarderías, limpieza, etc. que se combina como vemos con una mayor precarización laboral.
En una situación económica adversa las mujeres se han puesto a la cabeza de los hogares, no obstante las trabajadoras de los sectores más desprotegidos soportan una mayor carga de trabajo ya que sobre ellas recae en forma mayoritaria el trabajo doméstico además del sostenimiento económico del hogar.

La casi exclusividad de las tareas reproductivas de “cuidados” en un rol subordinado respecto al varón se complementa con un fenómeno que se viene profundizando desde la década del 80, que es la tendencia al incremento de mujeres que encabezan hogares donde están solas con sus hijos. Motivos de distinta índole explican el aumento de la jefatura femenina en los hogares (sociales, económicos, demográficos y culturales); lo cierto es que en los últimos 30 aumentó un 71% la jefatura femenina, y se triplicó el peso de los hogares que dependen exclusivamente del trabajo de las mujeres, los hogares de núcleo incompleto con jefatura femenina.

Los datos revelan que para el 3er. trimestre de 2019 la tasa abierta de desocupación de los hogares con jefatura femenina fue de 7,2% frente a un 4,8% cuando los jefes de hogar son varones. La subocupación fue de 15,8 en jefas mujeres frente a un 9,8 en la jefatura masculina. Sumadas ambas tasas la cifra asciende a 23% en jefas mujeres ante un 14,5 en jefes varones lo que da cuenta de las enormes dificultades que sufren las mujeres trabajadoras que son jefas de hogar para conseguir trabajo y de la profunda brecha entre sexos.

Entre los jefes de hogar que sufren cotidianamente la precariedad más extrema se encuentran las mujeres. Al menos el 52,3% de las jefas de hogar ocupadas (asalariadas y trabajadoras por cuenta propia) sufren condiciones de precariedad extrema, en tanto que en la jefatura de varones esta proporción es del 37,6%.
En el marco de economías recesivas las mujeres aumentan sus niveles de participación laboral soportando la doble carga de trabajo dentro y fuera del hogar, con promedios salariales inferiores al de los varones y en una situación muy crítica de los sistemas de salud y educación pública que han sido sostenes que posibilitaron la salida masiva de la mujer al mundo del trabajo. Hoy ven el deterioro de toda la red de servicios esenciales que en otro momento posibilitaron el acceso a mejores condiciones de vida, y las trabajadoras tienen mayores trabas para conseguir vacantes en los colegios para sus hijos mientras que la salud pública se destruye tras los sucesivos gobiernos.

Los primeros tres meses de gobierno de Alberto Fernández mostraron el sentido de las prioridades. Las medidas económicas adoptadas confirmaron que los recursos están puestos en función de pagar la deuda al FMI y los especuladores, heredada del macrismo. Después de haber avanzado sobre los derechos de los jubilados el gobierno se dispone a perpetuar el ajuste que impactará con mayor fuerza en los sectores más vulnerables como las mujeres y juventud, mientras se destinan millones a pagar la deuda odiosa. La clase trabajadora observa día a día como se pulverizan los salarios y el futuro de la juventud, pero el gobierno le ofrece la suspensión de la cláusula gatillo.

El movimiento de mujeres viene protagonizando enormes movilizaciones, exigiendo el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Una abrumadora mayoría de jóvenes expresó su firme decisión de seguir luchando. Este es un ámbito propicio para pelear firmemente por el conjunto de nuestros derechos, contra la precarización laboral y los empleos basura, la extensión de la jornada laboral, por el desconocimiento soberano de la deuda, para que ese dinero se destine a trabajo, vivienda, educación y salud. La fuerza de la marea verde continuara luchando por el derecho al aborto legal, como se vio en el último pañuelazo, y va a volver a las calles estos próximos 8 y 9 de marzo.

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