Cultura

CICLO DE PEDAGOGOS NACIONALES

Figari: pedagogía, poética y política

El presente ciclo de Pedagogos nacionales, abordará las principales corrientes de la tradición del pensamiento pedagógico nacional, expresado en diferentes textos emblemáticos y autores fundamentales del campo. Agradecemos a los compañeros de Reactiva contenidos por compartir el material audiovisual de su "Ciclo de pedagogos nacionales", columna del programa "A la olla con los grillos" emitido por Radioactiva FM 102.5.

Jueves 14 de junio | 09:43

Retomando la discusión acerca de la contribución de Pedro Figari al campo intelectual uruguayo en general, y al debate educativo en particular, quisiéramos centrarnos en tres focos de análisis que pueden iluminar algunas aristas interesantes y complejas de su producción intelectual.

Pedagogía: Actividad y productividad

En la concepción pedagógica de Figari podemos visualizar una confluencia con los fundamentos teórico-prácticos del escolanovismo y la Escuela Activa, principalmente con la noción de "actividad", comprensiva de un visión integral y polivalente del proceso de aprendizaje, basada en la libre actividad, en el aprovechamiento de los dispositivos lúdicos, y del "interés" del niño como principales métodos didácticos-pedagógicos en el proceso de individuación y aprendizaje.

Los presupuestos teóricos de la Escuela Nueva o Activa se oponen por la tangente a la concepción de la Escuela tradicional, de corte verbalista e intelectualista, de base positivista y conductista, promotora de la pasividad del alumno, que limitaba de forma severa la libre actividad, coartando con ello el desarrollo de la "expresión creadora del niño" parafraseando a Jesualdo Sosa.

Tanto la Escuela Nueva como Figari, desde distintas tradiciones, perspectivas y proyectos, reaccionan en común contra el esquema asfixiante y mutilador de la enseñanza tradicional:

"Tomar al niño, inmovilizarlo en el banco de la escuela, comprimiendo sus bríos ejecutivos para encauzarlo por entero hacia la escuálida especulación mental, abstracta, que, si puede llegar a comprender más o menos penosamente, no le interesa, es contra hacerlo, y, por lo mismo, desadaptarlo, suprimiéndole o rebajándole su modalidad orgánica más fructuosa: la productividad."

Como vemos el autor es declarado enemigo de la pedagogía del "banco fijo" como cuestionara Julio Castro en "El banco fijo y la mesa colectiva"; porque suprime la faceta más importante del niño en el proceso de aprendizaje: su productividad.

Si en el presente asociamos directamente productividad con las exigencias de la economía capitalista y de la explotación del trabajo asalariado al servicio de la "rentabilidad" del capital, en cambio en la concepción pedagógica de Figari debemos entender productividad como fundamento psicopedagógico de una educación técnica-industrial-artística de carácter integral y polivalente.

La noción de productividad en este sentido, desde un punto de vista más pedagógico que económico, se asemeja a la naturaleza dinámica del concepto de "actividad" resignificado y potenciado por el escolanovismo.

Ahora bien, como sustentación filosófica de la educación integral, e incluso epistemológica, Figari desarrolla un concepción de la teoría del conocimiento muy próxima al materialismo dialéctico, logrando captar la dinámica compleja establecida en la relación entre sujeto y objeto en el proceso de aprendizaje:

"Por una falsa comprensión de la realidad, nos hemos habituado a mirarla como espectadores, ajenos a ella. Obligados a dividir y clasificar, para comprender, nos hemos acostumbrado a considerar lo real a través de la retícula de nuestras clasificaciones, lo que desvirtúa a nuestros ojos la continuidad de los fenómenos naturales, que es su característica esencial. Es así que, a fuerza de considerarla erróneamente, hemos olvidado que nuestro artificio no tiene objetividad alguna, como no sean los efectos mínimos de nuestra incomprensión frente a la inmensidad infinita de las formas y transformaciones del universo"

Poética: Prosa positivista

Hijo de su época, la elaboración intelectual de José Pedro Figari en general, y su prosa en particular están impregnadas de un espíritu eminentemente positivista, como lo señalan algunas características sobresalientes de su discurso: su confianza en el progreso y el desarrollo, su fe ciega en las capacidades y potencialidades inagotables e inexploradas del individuo.

El estilo literario y discursivo figariano comparte con otros textos e intelectuales del período como Rodó, esa especie de "ethos" cultural epocal, de confianza en el porvenir del país, presente tanto en "Arte y Educación"; como en el celebrado "Ariel" que exhorta con entusiasmo a los "jóvenes de América" a tomar los destinos del continente en sus manos.

Sin embargo, a pesar de su prosa positivista, Figari no es ingenuamente determinista en relación a su sueño programático: una educación integral al servicio de la industrialización del país, sino que es lúcidamente realista; siendo consciente de las profundas contradicciones y tensiones que el país encierra para la plena realización de su aspiración política, algo que evidencia el ultimatismo de su advertencia: "O nos industrializamos o nos industrializan".

Quizás la ingenuidad de Figari pasó por creer que las clases dirigentes de un país semi-colonial como el Uruguay pueden llevar adelante la tarea histórica de la industrialización nacional, cuando sabemos que solo el proletariado convirtiéndose en caudillo de la nación puede llevar hasta el final semejante empresa.

Política: una polémica con Rodó

Figari no agotó su intervención en la esfera pública del país como pensador y constructor de la educación pública uruguaya, ni tampoco como distinguido artista plástico posteriormente, sino que además, a pesar de los olvidos, constituye uno de las figuras intelectuales más importantes de nuestra historia.

Revalorizado con justeza por Arturo Ardao como filósofo además de pintor y pedagogo, destaca su ensayo "Arte, estética e ideal", texto clave del corpus figariano para comprender su concepción filosófica.

Coincidiendo humildemente con Ardao, queremos reivindicar la estatura de Figari como pensador nacional, a la misma altura de Carlos Vaz Ferreira en su contribución a la filosofía, o de José Enrique Rodó en el cultivo del ensayo.

En este sentido, nos resulta sugerente establecer un contrapunto entre este último y Figari, en relación a la consideración de ambos por los Estados Unidos y su modelo de desarrollo capitalista y sus consecuencias en el terreno de la educación y la cultura.

Si mientras para Rodó, la sociedad norteamericana y su peculiar capitalismo ("utilitarismo" en la conceptualización del autor) representaba una amenaza para la preservación de los bienes culturales de la humanidad, cuestionando de esta forma los rasgos más nocivos y lesivos del imperialismo norteamericano y su barbarie "utilitarista"; en cambio Figari supo destacar e incluso elogiar la originalidad de la sociedad norteamericana y su industria, y la potencialidad de su educación industrial-artística, como motor de la innovación técnica y el desarrollo artístico.

Ambas visiones, diferentes pero complementarias, resultan necesarias desde un punto de vista crítico para entender la significación histórica del imperialismo norteamericano; tanto la crítica de Rodó a su "utilitarismo", como la valoración de Figari de su enseñanza artística, señalan la dialéctica entre lo anti-civilizatorio y lo civilizatorio de la sociedad y la cultura estadounidense para los destinos de la humanidad.

Sólo una revolución obrera y socialista en los Estados Unidos podrá enterrar para siempre la amenaza a la cultura que temía Rodó, y posibilitar el desarrollo ilimitado de las artes como soñaba Figari.

Figari, Pedro. "Educación y Arte". Ministerio de Relaciones Exteriores, Uruguay, 2011.

Matias Matonte en "A la olla con los grillos". Radioactiva FM 102.5:

https://www.youtube.com/embed/fVq4j5pan5U






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