Internacional

RACISMO IMPUNE

En Estados Unidos el 99% de los casos de asesinatos policiales quedan impunes

Un estudio revela que en Estados Unidos un hombre afroamericano tiene 3 veces más probabilidades de ser asesinado por la policía que un hombre blanco. Los datos de la encuesta "Mapeo de la violencia policial" también señalan que de 2013 a 2019 solo el 1% de los oficiales de policía acusados ​​de asesinato fueron castigados.

Martes 2 de junio | 13:46

Las protestas que ya se han apoderado de más de 140 ciudades en los Estados Unidos han sacado a la luz una realidad cruel, de un estado racista que asesina afroamericanos en forma sistemática y que lo hace con
una garantía de impunidad.

El propio asesino de George Floyd, Derek Chauvin, no fue arrestado hasta la rebelión impuesta por la movilización. A pesar de la evidencia irrefutable del video donde se ve el asesinato a sangre fría de Floyd, a Chauvin solo lo habían separado del cargo y aún después de que lo detuvieron se niegan a imputarlo como homicidio en primer grado y siguen tratando el caso como "homicidio involuntario". Esto a pesar de las evidencias documentales y de que la autopsia confirma el que Floyd murió por la asfixia que le provocó la rodilla de Chauvin en su cuerpo.

Aún así solo las manifestaciones masivas lograron que lo encarcelen, y la resistencia a cambiar la carátula a homicidio en primer grado responde a dejar la puerta abierta a una futura condena reducida o directamente a dejarlo sin condena. Esto es lo que ocurre en el 99% de los casos de asesinatos policiales. Y es también la razón por la cual los otros tres policías que estaban en la escena y fueron cómplices del asesinato, tan solo fueron separados de sus cargos y no se les imputó ninguna causa por el hecho.

Racismo estructural e impunidad sistemática

El asesinato de Eric Garner, de 43 años, en Nueva York en 2014 después de ser asfixiado por agentes de policía, es otro gran ejemplo de impunidad para los asesinos. En agosto de 2014, el jurado decidió no acusar al oficial de policía involucrado. Daniel Pantaleo solo fue despedido muchos años después, en 2019 y nunca fue castigado. Mientras estaba inmovilizado, Garner repitió 11 veces "No puedo respirar". La misma frase trágica dicha por Floyd, que se ha convertido en el lema de las protestas.

Hace poco menos de dos años, en el mismo Minneapolis que hoy explota una gran movilización popular, Thurman Blevins, de 31 años, fue asesinado por la policía.

En marzo, Breonna Taylor, de 26 años, fue asesinada dentro de su propia casa durante una operación policial en Louisville, Kentucky. La policía de civil entró a su casa y la asesinó de ocho disparos. Se trataba de una supuesta investigación por drogas, de la que no encontraron ningún indicio y por supuesto solo abrieron un sumario para iniciar una investigación que puede llevar meses o años.

En febrero, Ahmaud Arbery, de 25 años, trotaba en la región de Brunswick, Georgia, cuando fue confrontado por dos hombres blancos que lo confundieron con un sospechoso local. El joven afroamericano fue asesinado de tres tiros.

Todos estos casos, que salen a la luz ahora con la revuelta de Minneapolis, y también cientos de los previos muestras según la investigación del "Mapeo de la violencia policial" que solo 1% de los policías que participan de estos asesinatos y tiroteos son encontrados culpables.

Es por eso que la impunidad policial, el aparato represivo del estado que sirve a la clase dominante, es lo que asegura que estos asesinatos continúen ocurriendo libremente.

La revuelta contra estas muertes y el historial sofocante de violencia policial contra la población negra, dio origen al movimiento Black Lives Matter, que sacudió a los Estados Unidos durante el gobierno de Barack Obama vuelve ahora a las calles bajo el gobierno racista y xenófobo de Donald Trump.

Sin duda Trump no hace más que exacerbar la situación con sus amenazas contra los manifestantes, y envalentonando a la derecha supremacista. Sin embargo el racismo en Estados Unidos es una cuestión de estado que viene desde el origen mismo de la nación y de la relación estrecha entre capitalismo y esclavismo. Una relación que siguió a lo largo de los años con leyes segregacionistas, y luego con una desigualdad endémica y la criminalización de la población negra, que es apoyada por el establishment de los dos partidos que gobiernan el país. La mejor muestra de esto es el hecho de que ni siquiera la llegada de Obama a la Casa Blanca, afroamericano y demócrata, haya cambiando en absoluto el racismo estructural estadounidense.






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