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Elecciones en Bolivia: boca de urna da ganador al MAS en primera vuelta con 52,4 %

La presidenta de facto Jeanine Áñez, reconoció en un tuit el triunfo de Arce. Luego de varias horas de incertidumbre, el domingo a medianoche se conocieron los resultados de boca de urna. Los mismos dan al candidato del MAS, Luis Arce Catacora la victoria en primera vuelta con 52,4% dejando a Mesa de Comunidad Ciudadana con 31,5% y seguidos de Camacho con 14,1%. Con estas cifras el MAS supera con creces la votación obtenida el año pasado. Los datos oficiales estarán recién el martes.

Lunes 19 de octubre

A la medianoche de la jornada de elecciones nacionales en Bolivia, luego de varias horas de incertidumbre, se presentaron los datos del conteo rápido. Aunque los mismos no tienen valor oficial, siembran certidumbre en lo que la gran mayoría de la población ya suponía como resultado. Estos datos le otorgan a Luis Arce Catacora del MAS la victoria en primera vuelta con 52,4% seguido de Carlos Mesa de Comunidad Ciudadana con 31,5% y en tercer lugar, el ultraderechista Luis Fernando Camacho de Creemos con 14,1%.

En un tuit publicado pasada la medianoche, y luego de que se conocieran en los medios los datos de boca de urna, la propia presidenta de facto Jeanine Áñez felicitó al binomio Arce-Choquehuanca, reconociendo el triunfo del MAS.

Con estas cifras el MAS supera con creces la votación obtenida el año pasado. Este resultado, de confirmarse con los datos oficiales que entregue el TSE a partir del martes, el MAS continuaría controlando 2/3 del Parlamento. El revés electoral sufrido por el bloque golpista es el resultado de la desastrosa y corrupta gestión de la pandemia por parte del Gobierno de Áñez y del retroceso de la ofensiva trumpista-bolsonarista en la región. El bloque derechista fraccionado y con fuertes disputas internas no pudo aprovechar el control del aparato estatal para revertir la relación de fuerzas con el MAS.

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Una jornada electoral de tensa calma

“Se vivió una jornada electoral tranquila” señalan todos los medios de prensa hegemónicos en Bolivia. En efecto, este 18 de octubre transcurrió, pese a los fuertes y múltiples rumores de fraude como acusación mutua entre todos lo partidos, con una tensión perceptible pero que no se manifestó –hasta el momento en que se redacta esta nota- en ningún hecho de conflicto. La jornada fue inaugurada por el presidente del órgano electoral, Salvador Romero, a las 8:00 am, y las mesas fueron cerradas a las 17:00. Romero dio su informe a las 21:00 afirmando que el conteo también se desarrolla de forma normal en lo que denominó “la elección más compleja de la historia de Bolivia”, con actividades que transcurrieron de manera regular y asegurando que los resultados de las actas serían la “expresión de la voluntad popular”, llamando a sostener un espíritu de calma.

Recordemos que el día sábado 17 de octubre, se anunció de manera inesperada la suspensión del conteo rápido, llamado DIREPRE (Difusión de Resultado Preliminares), que según Romero tuvo la finalidad de “priorizar los resultados oficiales”. Este hecho generó críticas de parte de la mayoría de los partidos políticos que, sin embargo, terminaron aceptando esta decisión de manera pasiva, incluido el Movimiento Al Socialismo y Comunidad Ciudadana, que se ubicaron en las encuestas como punteros en competencia por la silla presidencial.

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Es importante recordar también que en las elecciones del 2019 fue precisamente la inesperada detención de la emisión del sistema de conteo rápido de datos, que en ese momento se llamaba TREP, lo que generó críticas y sospechas de fraude en la elección, hecho que terminó abriendo la mayor crisis política de los últimos años en Bolivia y fue la excusa central para el golpe de Estado de noviembre de ese año.

Con los resultados del TREP el 2019, Carlos Mesa anunció su triunfo sin esperar datos oficiales y es llamativo que hoy, estos datos que en la pasada elección fueron considerados fundamentales por el bloque golpista, no sean defendidos como parte relevante del conocimiento del proceso electoral. Salta a la vista esta tremenda contradicción, que incrementó la susceptibilidad nacional a pocas horas del 18 de octubre del 2020.

Si bien la jornada electoral transcurrió sin ningún conflicto a la vista, no se puede aseverar nada hasta que se anuncie finalmente el cómputo oficial, esperado para el lunes 19 o incluso en algunos medios señalaron que estos podrían demorarse hasta el miércoles 21 de octubre.

La tensión persiste y se difunden en algunos medios y por las redes sociales, sin mayor eco, la denuncia de un ciudadano de San Ignacio (Beni) quien filmó una avioneta que estaría cargada con papeletas marcadas en la casilla de Comunidad Ciudadana de Carlos de Mesa. Aunque este hecho no haya generado mayor revuelo nacional, de ser denunciado oficialmente y confirmado, podría ser una un indicio de fraude a favor de Comunidad Ciudadana.

Los únicos datos oficiales confirmados a la noche del domingo eran los respectivos al voto en el exterior, que como sumatoria de todos los países donde la comunidad boliviana está habilitada para el voto (30 países, con mayoría en Argentina y España) dejan al MAS con un 78,38%, seguido de Comunidad Ciudadana con un 14,61%.

El escenario previo: amenazas, represión y acusaciones de fraude

La supuesta “fiesta democrática”, transcurre en medio de un escenario político altamente represivo. Tras el golpe de Estado, quedan serias y ascendentes secuelas como naturalización de la militarización: desde el sábado 18 de octubre, el país vio inundadas las calles por el verde olivo, con decenas de miles de efectivos policiales y militares desplegados por todos los departamentos.

Como era de esperarse, se observaron abundantes efectivos en lugares como El Alto, el centro de La Paz, el centro y la zona sur de la ciudad de Cochabamba, puntos importantes de resistencia antigolpista. Previo a esto, se invirtieron millones de dólares en equipamiento para las fuerzas represivas, anunciados con bombos y platillos por el más activo de los ministros golpistas, Arturo Murillo, quien señaló que este armamento tendría la finalidad de “hacer respetar la democracia”. A horas del inicio de la jornada electoral, Murillo nuevamente alertaba sobre la intensión de poner en orden a los supuestos “grupos subversivos”. Aberrantes hechos y afirmaciones que nos remontan a las épocas de dictadura militar, ya comunes en el panorama nacional boliviano.

Las múltiples acusaciones de intensión de fraude entre uno y otro partido, alertaban sobre una mayor tensión y escenario de conflicto, que hasta el momento parecen no avizorarse. Evidentemente, en una posición dicotómica ya clásica de este partido, el MAS es quien mayor alarma puso en esta denuncia por el control que tiene el bloque golpista de la institucionalidad del Estado; pero en contramano, sus principales representantes y voceros no dudaban en afirmar que respetarían los resultados electorales, fueran los que fueran.

Las últimas encuestas, tras las renuncias de las candidaturas de Juntos de Jeanine Áñez y de Libre 21 de Tuto Quiroga, acortaban las brechas porcentuales entre Carlos Mesa y Luis Arce Catacora. Dichas renuncias a pocos días de la jornada electoral, obedecían a la lógica del ya conocido “voto útil” propagandizado por el bloque golpista, para evitar que Arce Catacora triunfe en primera vuelta y así cohesionar el voto antiMAS.

Sin embargo, las últimas encuestas aún demostraban la existencia de una enorme cantidad de indecisos (alrededor de un 20%), así como una movilidad poco clara del voto de las candidaturas abandonadas, entre los partidos de Comunidad Ciudadana y el partido del ex líder cívico de extrema derecha, Luis Fernando Camacho, cabecilla de CREEMOS. Camacho, en una apuesta estratégica para la derecha más dura y reaccionaria, definió sostener su candidatura pese a las diversas críticas de la derecha “moderada” que se agrupa junto a Carlos Mesa; el bloque golpista se vio profundamente dividido, en este y otros hechos recientes.

La izquierda revolucionaria frente a las elecciones nacionales

Entre las tensiones políticas, se vivieron y continúan viviendo duros momentos para la clase trabajadora, el movimiento campesino e indígena. La crisis política abierta hace un año atrás, sumada a la crisis socio-sanitaria y la crisis económica, golpean sin cesar sobre los y las más empobrecidas. Las protestas sociales por hambre, necesidad y carencias elementales en plena pandemia, son criminalizadas día a día por el Gobierno golpista; la actuación criminal de Jeanine Áñez y su gabinete, llevaron a los sectores populares ya movilizados en noviembre del 2019, a reavivar sus esperanzas en que el MAS pueda quitarles de encima al bloque golpista, marcado por las masacres de Senkata, Sacaba y Ovejuyo, así como inundado en su Gobierno por polémicos casos de corrupción y un manejo negligente de la pandemia.

Desde la Liga Obrera Revolucionaria LOR-CI, hemos estado peleando junto a los sectores populares, para enfrentar todas las arremetidas del golpismo. Hemos acompañado la lucha que han dado no solo por conseguir que se realicen estas elecciones, sino por la propia renuncia de Jeanine Áñez, durante las movilizaciones de agosto del 2020. Hemos visto también junto a las y los trabajadores del campo y la ciudad, cómo el MAS ha usado nuestras movilizaciones como moneda de cambio para sus solos fines electorales, sin apostar por profundizar un proceso de movilización desde las bases. Todo lo contrario, el MAS ha sido el punto de apoyo del golpismo para desmovilizar al enorme movimiento de masas, desde noviembre del 2019.

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Comprendemos las causas de la desesperación ante la barbarie golpista, que condujeron a alimentar esperanzas en el MAS. Sin embargo, mientras acompañamos el proceso de los sectores populares con este partido, no hemos dejado de denunciar sus constantes capitulaciones, no solo en la reciente crisis política sino también en sus pactos con diferentes sectores de la derecha durante 14 años. Por ello, por el carácter de conciliación de clases y constante subordinación a los intereses de la burguesía, reflejado antes y ahora, desde la Liga Obrera Revolucionaria no hemos, ni antes ni ahora, apoyado políticamente al MAS. El caracter proscriptivo de la legislación electoral y los obstáculos puestos por parte del MAS, con la Ley 1096, impidieron el surgimiento de una alternativa independiente de las y los trabajadores, por lo que votamos nulo. Sin embargo, nuestra posición no es ni fue jamás neutral: estamos del lado de los sectores movilizados en las calles, con quienes tomamos partido en una lucha conjunta contra el golpismo. En esta jornada estamos, y permanecemos, junto a los sectores populares, frente a cualquier amenaza de fraude y junto al derecho legítimo de defender su voto, sin que esto signifique dar ningún apoyo político al MAS.

Creemos que es urgente construir una alternativa política que luche con independencia de clase, sin negociar ningún derecho ni lucha con el bloque derechista, y que se proponga unir la lucha de los pueblos indígenas, de los sectores populares, de las mujeres, de las diversidades sexuales, y de los y las trabajadores para que los costos de la crisis no sigan cayendo en las familias trabajadoras sino que la paguen los ricos y los capitalistas.

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