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El Pentágono contradijo a Trump sobre el asesinato de Soleimani

El secretario de Defensa de Trump reconoció en una entrevista el domingo que no existían pruebas sobre supuestos ataques a cuatro embajadas de EE. UU. como había dicho el presidente. Ese había sido el último argumento del Gobierno para justificar el asesinato de Soleimani. Las fricciones entre Trump y el "Estado profundo".

Juan Andrés Gallardo

@juanagallardo1

Lunes 13 de enero | 14:00

El secretario de Defensa, Mark Esper, habla y el presidente Donald Trump lo mira.

El secretario de Defensa de EE. UU., Mark Esper, admitió este domingo que no ha visto ninguna "prueba" concreta de que el general iraní Qasem Soleimaní, asesinado a principio de enero en una operación estadounidense en Bagdad, planeara atacar cuatro embajadas del país norteamericano, como afirma el presidente Donald Trump.

Esper también dijo que Trump aún está dispuesto a dialogar con los líderes iraníes, en medio de una serie de tuits publicados por el presidente (algunos en persa), para atacar al régimen iraní y apoyar las movilizaciones que se hicieron el fin de semana en Teherán en protesta por la responsabilidad del Gobierno en la voladura del avión ucraniano la semana pasada, que había sido negada originalmente por el régimen.

Estas fricciones entre lo que dice Trump y las afirmaciones de su secretario de Defensa muestra las internas entre el Gobierno y el Pentágono sobre cuales deben ser las prioridades en temas de política exterior.

Las causas del asesinato de Soleimani

Tras el asesinato del general iraní, Trump y su secretario de Estado, Mike Pompeo, ensayaron una serie de justificaciones, ninguna de las cuales pudo ser corroborada y que mostraban la arbitrariedad con la que actuó Estados Unidos en el bombardeo y asesinato de la segunda figura en importancia del régimen iraní en suelo iraquí.

El Gobierno estadounidense dijo primero que lo habían asesinado por los planes que Soleimani tenía en mente, luego por todos los "asesinatos que había llevado a cabo en el pasado" y finalmente lo justificaron diciendo que el general iraní tenía planificado atacar al menos cuatro Embajadas de Estados Unidos.

Sin embargo las declaraciones de Esper lo niegan de plano. "El presidente no citó una prueba en concreto, y yo no he visto ninguna, en lo que a las cuatro embajadas se refiere", dijo el secretario de Defensa en una entrevista con el programa televisivo "Face The Nation" en CBS News.

Tan solo 48 horas antes Trump había asegurado en una entrevista con la cadena Fox News "Puedo revelar que creo que probablemente habrían sido cuatro embajadas", refiriéndose a los supuestos objetivos de Soleimani.

No es la primera vez que Estados Unidos miente para llevar a cabo ataques en otros países. El caso más resonante del último tiempo sin dudas fue la argumentación de que el Irak de Sadam Husein tenía armas de destrucción masivas, para invadir el país en 2003. Nunca nadie, ni siquiera los propios gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña pudieron demostrarlo, todo se reveló una absoluta mentira. Lo mismo hicieron los últimos años con los asesinatos de miles de civiles durante sus bombardeos con drones, muchos de los cuales son ocultados y otros son informados bajo el rótulo de "daños colaterales".

Pero en este caso es el propio Pentágono quién contradice a Trump. Si bien no es algo nuevo, las fricciones entre el llamado "Estado profundo" y la administración Trump, que fueron recurrentes estos últimos años, tienden a agudizarse cuando prima el aventurerismo presidencial, como el de las últimas semanas (aconsejado por Mike Pompeo, que en el último período ha venido insistiendo en una política más dura hacia Irán).

Además, Esper también dijo que Trump aún está dispuesto a dialogar con los líderes iraníes. Contradiciendo una serie de tuits que disparó el presidente todo el fin de semana, Esper dijo que "Estamos dispuestos a sentarnos y discutir sin condiciones previas una nueva vía, una serie de medidas que harán de Irán un país más normal".

Los tuits de Trump muy por el contrario, escritos directamente en persa, mostraban un contenido más agresivo, buscaban empatía con los manifestantes que protestaban contra el derribo del avión ucraniano y lanzaba advertencias al régimen iraní.

En uno de los primeros, publicado antes de las declaraciones de Esper, señalaba "A los líderes de Irán: NO ASESINEN A LOS MANIFESTANTES. Miles ya han sido asesinados o encarcelados por ustedes, y el mundo los está mirando. Más importante aún, Estados Unidos los está mirando. ¡Vuelvan a encender Internet y dejen que los periodistas informar libremente! ¡Detengan la matanza de su gran pueblo iraní!"

En un segundo tuit parecía estar contrapesando directamente a Esper "El Asesor de Seguridad Nacional sugirió hoy que las sanciones y protestas en Irán (que están ahogando al régimen), los obligará a negociar. En realidad, no podría importarme menos si negocian. Es un tema que deberán decidir ellos, solo le digo ’no tendrán armas nucleares’ y ’no maten a los manifestantes’".

Las internas sobre prioridades estratégicas de Estados Unidos

Trump se apoya en el hecho cierto de que las sanciones sí han dañado la economía de Irán, con una alta inflación y devaluación de la moneda, aumento de la desocupación y una contracción de la economía de más del 9 % solo en 2019. Aunque las movilizaciones en Irán en protesta por la voladura del avión ucraniano han sido por el momento pequeñas, Trump espera con sus mensajes alimentar nuevas marchas como las que se venían sucediendo en los últimos meses del año pasado, que fueron multitudinarias y que no solo apuntaron al malestar por la situación económica sino también contra la represión y la opresión del régimen teocrático iraní. Las marchas al interior del país se complementaron con otras en Irak y Libano que combinaron problemas locales con la protesta por la injerencia y la influencia político y militar de Irán en varios países de la región.

El presidente estadounidense espera que se cierre lo más rápido posible el paréntesis en esas movilizaciones que se abrió tras el asesinato de Soleimani y que fue aprovechado por el régimen iraní en el marco de los multitudinarios funerales del general asesinado.

Sin embargo, los problemas que acarrea Irán y que muestran las dificultades que tiene para mantener la sobreextención militar en la región, no ocultan los que le provocó a Estados Unidos la aventura trumpista. El asesinato de Soleimani, que tuvo un repudio inmediato en varios países de Medio Oriente y que fue también rechazado por Rusia y China, le valió a Estados Unidos una votación en contra en el Parlamento iraquí para expulsar a sus tropas del país, y en terreno doméstico le costó a Trump una votación impulsada por los demócratas para condicionar las medidas que el presidente pueda tomar en cuanto a un ataque sobre Irán.

En medio de todas esas noticias llamó la atención una en particular. Un documento sin firma filtrado desde el Pantágono anunciaba el retiro de las tropas de Estados Unidos de Irak. Horas más tarde varios funcionarios salieron a decir que se trataba de un error. Sin embargo, ya habían quedado al descubierto las fracturas en cuanto a las prioridades estratégicas para Estados Unidos entre el Gobierno y parte de la comunidad de defensa y de inteligencia.

Mientras que Pompeo viene de un semillero más abiertamente conservador, y es quien aconseja a Trump sobre la belicosidad hacia Irán y el apoyo a los asentamientos israelíes entre otros, Esper, y el Pentágono, plantea otras prioridades. La carta filtrada la semana pasada como las declaraciones de este domingo, muestran que no existe interés de este sector para ampliar la cantidad de tropas en la región como así tampoco ir a una escalada contra Irán, que los obligue a centrar sus esfuerzos en medio oriente.

Pompeo y Esper se graduaron juntos en la Academia Militar de West Point en 1986. Sin embargo, no tienen más coincidencias que esa. A diferencia de Pompeo, Esper es un fanático de la doctrina de seguridad nacional definida por Washington a fines de 2017 por las cuales determinan que Rusia y China son los principales competidores y rivales, que suponen la principal amenaza para los intereses estratégicos de Estados Unidos.

En una entrevista previa a asumir su puesto el año pasado, Esper había dicho que "llegamos tarde a reconocer que estamos en una competencia estratégica con China", señalando que esa debe ser la prioridad de EE. UU. y no medio oriente.

En un artículo sobre su perfil de noviembre pasado, la revista Foreign Policy aseguraba que el secretario de Defensa estaba ganando el juego de poder en Washington, aunque evidentemente Pompeo tiene la llegada directa al presidente.

Es posible que en un año electoral como el que empieza, donde Trump busca su reelección y al mismo tiempo afronta el inicio de un juicio político en el Parlamento, los roces entre el Gobierno y el Pentágono recrudezcan una y otra vez, y que las fisuras entre Pompeo y Esper se vuelvan cada vez más insalvables e incluso alguno de los dos termine siendo eyectado en medio de alguna nueva aventura presidencial.

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