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El PSTU de Brasil: apoyando al motín policial-miliciano igual que la derecha bolsonarista

André Acier

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El PSTU de Brasil: apoyando al motín policial-miliciano igual que la derecha bolsonarista

André Acier

[Desde Brasil] El bolsonarismo no está solo en el apoyo al reaccionario motín de milicianos policías en Ceará: el PSTU (Partido Socialista dos Trabalhadores Unificado) rápidamente salió en su defensa. Se trata de un salto de calidad en la política derechista de esa organización, cuya teoría y práctica la llevaron a profundizar su papel de quinta columna del golpismo.

El miércoles pasado una escena aberrante se coló en la primera plana de los noticieros de todo Brasil. En medio del motín de bandas policiales armadas y encapuchadas contra sus jefes, el gobierno de Ceará, en la ciudad de Sobral, en una escaramuza entre policías y el senador de licencia Cid Gomes (PDT, oportunamente base del PT) resultó baleado. Cid Gomes manejaba una retroexcavadora con el objetivo de entrar por los portones del 3.° Batallón de la Policía Militar del municipio, cuando fue alcanzado por los balazos de los militares encapuchados.

Según informó la prensa como Globo y Folha, los policías militares de Sobral habían ordenado a la población que no saliera de sus casas, y que los comercios cerrase sus puertas en el centro de la ciudad. El clima de terror instalado por las bandas policiales se dirigía directamente contra los trabajadores y la población pobre, mientras negociaba con sus superiores en el gobierno de Camilo Santana (PT) más armamento, más equipos y privilegios, es decir, mejores condiciones para reprimir cualquier movimiento de oposición a los ajustes económicos impulsados por el propio gobierno cearense.

Hay sospechas de que las bandas policiales encapuchadas que estuvieron involucradas en estos acontecimientos tienen lazos con elementos milicianos de extrema derecha, y disputarían espacios de poder a través de métodos de terror contra la población. Si eso es verdad, la operación podría tener como tendencia el apoyo de un proyecto político. Nunca está demás recordar que, en una situación política con marcados contornos reaccionarios, la región Noreste (en la que se encuentra el estado de Ceará) representa un obstáculo para el avance del bolsonarismo: los 9 estados del Noreste componen, de conjunto, los lugares donde Bolsonaro tiene la mayor tasa de rechazo. La utilización de milicianos –con los cuales el clan bolsonarista tiene lazos estructurales, con su “centro de gravedad” en Río de Janeiro– ¿podría ser un artificio para expandir la influencia política de la extrema derecha en regiones donde el bolsonarismo registra baja adhesión? No está descartado que tendencialmente esa se pueda transformar en una táctica de la extrema derecha para sus objetivos reaccionarios. Eso es lo que está indicado en el hecho de que los principales liderazgos de los policías y bomberos amotinados son los diputados estaduales Soldado Noélio, Comisario Cavalcante y Sargento Reginauro, este último presidente de la Asociación de Profesionales de la Seguridad (APS). Todos bolsonaristas duros que apoyan al diputado federal Capitán Wagner (Partido Republicano da Ordem Social), candidato a alcalde de la ciudad de Fortaleza.

Incluso ante este panorama, el PSTU no perdió el tiempo: se lanzó inmediatamente en apoyo al reaccionario motín policial (“Toda la solidaridad con la lucha de los policías y bomberos militares de Ceará”), en nombre de su ya consagrada política de apoyo a las fuerzas especiales de represión estatal, cuya función social es la de proteger, con la fuerza de las armas y de la violencia, la propiedad privada y el orden capitalista. Ninguna de las ocasionales insubordinaciones de la asesina policía brasileña por mejores condiciones de represión pasó sin un apoyo abierto de esta organización, que desde 2016 quedó marcada por la adhesión al golpismo, a la FIESP (Federación de Industrias del Estado de San Pablo, la mayor cámara patronal del país) y al autoritarismo del poder judicial como las “fuerzas motrices” de la liberación del país ante el reformismo petista.

Las lecciones centrales del marxismo sobre el papel de la policía burguesa le fueron siempre esquivas al PSTU. Durante los años 30, contra las ilusiones de la socialdemocracia alemana en la policía, Trotsky afirmaba que “un trabajador que entra a la policía deja de ser un trabajador, pasa a ser un agente uniformado de la burguesía”. O sea, un policía no es parte de la clase trabajadora, y no es “como cualquier otro funcionario público”, como dice el PSTU.

Una cosa es no tener ninguna ilusión sobre el coronelismo político de Cid Gomes y el programa liberal disfrazado de desarrollismo del PDT (Partido Democrático Trabalhista). No hay razón para embellecer a ese partido burgués: participa del tradicional juego político del orden capitalista y su supuesto “progresismo” no puede ocultar que más del 30 % de sus parlamentarios votaron a favor de la reforma previsional. El partido de Ciro y Cid Gomes ayudó a la elección de Rodrigo Maia como presidente de la Cámara de Diputados y votó a favor del decreto de Guedes que permite el trabajo sábados, domingos y feriados sin ningún derecho, colaborando en varios otros ajustes. Ajustes que, cabe recordar, el PT de Camilo Santana articula para todo Ceará, como la reforma previsional que encabeza, o la militarización de las escuelas. Pero eso no hace menos ridícula la política derechista del PSTU de considerar que los motines policiales, que además pueden estar relacionados a los milicianos de la extrema derecha, son una herramienta favorable a los trabajadores.

Con esta política, ¿qué tan distante está realmente el PSTU de la política de alguien como Eduardo Bolsonaro, que también defiende el motín policial cearense, justificando la balacera como “autodefensa de los manifestantes”? Una vergüenza, al punto que el PSTU propuso en asamblea de trabajadores del subte de San Pablo el apoyo al motín policial, rápidamente rechazado por los trabajadores.

El PSTU argumentó que su posición no sería derechista porque el propio Bolsonaro estaba en contra del motín policial, ya que autorizó una orden de Garantía de Ley y Orden (GLO) que implica la utilización de tropas federales de las Fuerzas Armadas para auxiliar la pacificación de la situación. Sin embargo, Bolsonaro ya se pronunció diciendo que quiere terminar lo más pronto posible la intervención federal para que la presión de los policías amotinados siga su curso. Resultado: el PSTU tiene la misma política que Bolsonaro, para que se termine la GLO y siga el motín. Que el mundo perezca pero que la policía triunfe...

La trayectoria política del PSTU en Brasil pos golpe institucional se resumió a la adopción de la política de las alas más reaccionarias de la burguesía, o más precisamente, a arrastrarse detrás de ellas. En 2016, el PSTU apoyó el golpe institucional promovido por la operación judicial Lava Jato de Sérgio Moro, no eligiendo mejor manera de delimitarse del PT que ser la quinta columna de la derecha golpista. En abril de 2018 apoyó la condena arbitraria de Lula por el Poder Judicial y posteriormente su prisión por el autoritarismo de la Lava Jato, un nuevo “sujeto histórico” para el PSTU. Si ante este retrato no llega a espantar el apoyo del PSTU a los policías encapuchados, sorprende por su derechismo sin igual.

Curiosamente, la agilidad del PSTU para apoyar motines policiales de toda naturaleza no estuvo presente cuando intentó dirigir sus bases en la Federación Nacional de Petroleros (FNP) durante la mayor huelga de petroleros desde 1995. Los lugares que dirige la CSP-Conlutas fueron casi los últimos a adherir a la huelga, y no sirvieron como punto de apoyo para enfrentar el desarme operado por la FUP en algunos lugares centrales como en Río de Janeiro.

Este es otro resultado de la ruptura del PSTU con la teoría de la revolución permanente de Trotsky, y con ella el abandono de una estrategia de independencia de clase, separando taxativamente los movimientos políticos reales entre las clases y sus direcciones. Según la “teoría de la revolución democrática” del PSTU, todo reside en la caída del gobierno de turno, independientemente de cuál sea el programa que encabeza el movimiento. Así, la clase trabajadora no necesitaría pelear por su programa y organización independientes contra toda variante burguesa, sino que podría adaptarse a los movimientos tal cual surgen, una vez que las condiciones de la época los tornan “objetivamente socialistas”, a pesar de sus direcciones burguesas.

Vimos la catástrofe de esta estrategia del PSTU en Medio Oriente en general, y en Egipto en particular, donde defendió durante la Primavera Árabe la represión del Ejército sobre la Hermandad Musulmana, o en Ucrania en 2014, donde apoyó los “rebeldes” neonazis en nombre de la lucha contra el gobierno de turno. También en Venezuela, donde, para delimitarse del autoritarismo de Maduro, el PSTU apoyó la derecha proimperialista, ahora encabezada por Guaidó. Según todo indica, el motín de las bandas policiales, muchas de las cuales son base política de Bolsonaro, sería ahora el ejemplo más reciente de un movimiento “objetivamente socialista” en Brasil, como lo fueron para el PSTU los manifestantes en la FIESP y los fiscales de la operación Lava Jato.

La solidaridad prestada a estos elementos fascistizantes del Estado es un salto en la calidad derechista de la política del PSTU. No en vano el PSTU viene siendo repudiado en las redes sociales. A falta de cualquier balance serio de su política, desde el comienzo del proceso del golpe institucional va cobrando un alto precio a esa organización, que profundiza su papel de baluarte de la izquierda golpista. El MRT, grupo que impulsa Esquerda Diário de Brasil, viene haciendo un llamado al PSTU a hacer este balance y romper con esa concepción. Al no hacerlo, el PSTU va profundizando su ligazón a fenómenos de derecha.

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