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Desdoblamiento electoral: Macri, Vidal y una jugada riesgosa en provincia de Buenos Aires

El distrito más importante del país sigue en el centro de las miradas. En Cambiemos la discusión electoral apunta a evitar que la mala imagen de Macri termine hundiendo a Vidal.

Miércoles 9 de enero | 20:44

Lejos de la euforia inicial, Cambiemos ingresa al último año de su gobierno bajo un panorama sombrío. La relativa calma lograda en el terreno cambiario va de la mano de una caída pronunciada de la economía. Despidos y cierres de empresa se empiezan a tornar una postal recurrente. Con la pasividad de la dirigencia sindical de fondo, los números de la inflación siguen golpeando a la baja el poder adquisitivo de la clase trabajadora y los sectores populares. Aunque el oficialismo, según las encuestas, podría imponerse en un eventual balotaje, esa posibilidad está lejos de ser un camino de rosas.

En ese contexto a nadie sorprende que los números que miden encuestas y sondeos de opinión marquen en rojo la imagen presidencial y la gestión de Cambiemos. Un reciente estudio de la consultora D’Alessio-IROL ubica en un 88 % a quienes consideran que el último año fue malo o muy malo. Allí se encuentran muchos votantes macristas.

Los datos de la economía explican con demasiada elocuencia lo bajo de los números oficiales. Con una pobreza que alcanza a casi 14 millones de personas solo en las zonas urbanas, y una inflación que terminó el año orillando el 50 %, solo sectores reducidos de la población pueden estar conformes con la gestión macrista.

El debate que atraviesa a Cambiemos por el desdoblamiento de las elecciones en provincia de Buenos Aires debe verse en ese contexto. En última instancia, el oficialismo discute las maniobras que le eviten pagar los costos políticos de un ajuste que impulsa a velas desplegadas y que puede llevar a cabo gracias al invalorable aporte del peronismo en todas sus alas, incluido el kirchnerismo.

Sin embargo, la apuesta es riesgosa se mire por donde se mire. Si en la provincia de Buenos Aires el oficialismo tiene el terreno más allanado para competir electoralmente, no ocurre lo mismo en el territorio nacional. Al mismo tiempo, las consecuencias del ajuste que Cambiemos sigue implementando juegan en contra de la coalición oficialista. La suerte de cualquier jugada política está estrechamente ligada a una recuperación de la economía. Recuperación que, por el momento, está lejos de empezar a acercarse.

Doble o nada

Aunque algunos medios vienen señalando que, dentro del mismo oficialismo, se debilita la perspectiva del desdoblamiento electoral, lo cierto es que aun las cartas están sobre la mesa. En ese pulseada se debate no solo el futuro de las dos figuras centrales de Cambiemos, sino también el destino de esa coalición en su conjunto.

A pesar de que la decisión implicaría consecuencias tanto para radicales como para los integrantes de la Coalición Cívica, por el momento la discusión se hace en los estrechos marcos de la "mesa chica" del PRO.

Entre los partidarios de dividir los comicios provinciales de los nacionales, se encuentra la gobernadora María Eugenia Vidal y el titular del Poder Ejecutivo en CABA, Horacio Rodríguez Larreta. Entre quienes se oponen destaca el nombre del jefe de Gabinete nacional, Marcos Peña.

Esa “grieta” no tiene nada de nuevo. Tampoco la sociedad política entre Larreta y Vidal. Meses atrás, cuando la crisis política golpeó fuerte a las puertas de la Casa Rosada como consecuencia de la suba del dólar y los tarifazos, ambos jugaron juntos, reclamando apertura y negociación con sectores del peronismo y dentro de la misma coalición oficialista. En ese entonces Peña fue el centro de los cuestionamientos no solo de los funcionarios oficialistas, sino también de gran parte del empresariado y la corporación mediática. La consecuencia fue un prudente y obligado silencio por parte del jefe de Gabinete. Silencio que empieza a esfumarse conforme se avanza en el camino de la campaña electoral.

El principal argumento para el desdoblamiento es evitar que la imagen negativa de Macri arrastre hacia abajo a Vidal, corriendo el riesgo de perder no solo la provincia de Buenos Aires sino también el poder político nacional. Quienes administran el distrito más importante del país se juegan a sostener ese control. Pegar el apellido de la gobernadora al del presidente puede terminar siendo contraproducente.

Un resultado de ese tipo significaría un golpe demoledor a la coalición oficialista. El PRO, partido hoy hegemónico dentro de Cambiemos, vería reducido su poder real nuevamente a la Ciudad de Buenos Aires. De ese debilitamiento podría surgir una nueva relación con el radicalismo o desarrollarse una crisis importante.

Quienes rechazan el desdoblamiento argumentan una creciente mejora en la imagen de Macri y la posibilidad de imponerse en octubre o en el balotaje. El lunes pasado, en el encuentro que reunió a la cúpula del PRO, Marcos Peña eligió argumentar con sondeos que planteaban ese escenario. Los estudios presentados por Peña generan, de mínima, cierto ruido teniendo en cuenta el ambiente general del país y el descontento social con las medidas de ajuste que impulsa el oficialismo.

A pesar de que registró una fuerte caída en su imagen en 2018, Vidal sigue siendo la figura mejor posicionada dentro del arco oficialista. En algunos sondeos su imagen negativa se equipara con la positiva. En otros, la segunda supera a la primera. En ese marco, un eventual desdoblamiento podría significar una victoria en Buenos Aires, pero dejaría sin un aval importante a Macri cuando éste intente competir por la presidencia.

Visto de conjunto el escenario, un eventual desdoblamiento electoral tiene todos los condimentos de una jugada riesgosa. Cambiemos puede ganar. O puede perder todo, o casi todo. Esa posibilidad es la que más parece conspirar contra la decisión efectiva de llevarlo a cabo.

En los próximos días Macri y Vidal se verán las caras. El lugar del encuentro podría ser la casa que el presidente ocupa en el lujoso country Cumelén. Es imposible avizorar si de allí saldrá alguna resolución. Por el momento seguirán las especulaciones, las tensiones y las negociaciones.

Bajo esas diferencias, lo que queda siempre a resguardo es la política de ajuste que se implementa de acuerdo a los mandatos del FMI. A la hora de atacar al pueblo trabajador, Vidal y Macri dejan de lado todas sus diferencias.






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