Política

UNA ORGANIZACIÓN PARA CUBRIR CRÍMENES IMPERIALISTAS

Del dicho al hecho: la ONU, el mundo capitalista y los derechos humanos

Nacida en 1945, es la organización internacional más grande que existe. Pero muy lejos de “mantener la paz y la seguridad internacionales”, siempre garantizó la dominación imperialista. Hay que dar vuelta todo.

Daiana Zottich

Integrante de La Izquierda en Derecho / Pan y Rosas

Jueves 7 de marzo

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) es la mayor organización internacional que existe. Se creó al final de la Segunda Guerra, en 1945. Los mismos Estados que se disputaron el mundo durante la Guerra, a su finalización acordaron la creación de la organización declarando como objetivo principal “crear un sistema internacional para mantener la paz y la seguridad internacionales”.

Nos encontramos con un juego de intereses entre las grandes potencias donde la guerra, lejos de haber sido borrada de la escena internacional, sigue significando en el siglo XXI la continuidad de la política por otros medios. ¿Qué rol cumple la ONU ante la crisis capitalista que nos aqueja?

La ONU es un organismo nacido esencialmente para lavarle la cara al imperialismo y aumentar su capacidad de coerción. Entre su “declaración de intenciones” y su actuación en la realidad se evidencia que su aspiración de mantener por vías diplomáticas el equilibrio capitalista que rigió desde finales de la Segunda Guerra Mundial no es más que mera ilusión, solo plasmada en un papel.

El organismo no solo no pudo detener las guerras entre el siglo XX y el XXI, con saldos de millones de seres humanos asesinados, sino que él mismo cuenta con 125 mil tropas, policías y civiles, desplegadas en 16 operaciones conjuntas en todo el mundo. Operaciones que fueron denunciadas en reiteradas oportunidades por explotación y abuso sexual por parte de las tropas y también dentro de la cúpula del organismo.

La ONU actualmente está compuesta por 193 Países y tiene como principio regente el “basamento de la igualdad soberana de todos sus miembros”. Cosa que se evidencia falaz con solo observar su organización, el rol del Consejo de Seguridad y la ponderación de los cinco Estados con derecho a veto: Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Rusia y China. Estados que toman las grandes decisiones en defensa de sus propios intereses.

Los cinco del Consejo no necesitan de la aprobación de los demás miembros de la ONU. Estados Unidos, como potencia imperialista hegemónica de la posguerra, ha utilizado al organismo para intervenir de lleno en la política internacional. Cabe destacar que el país norteamericano, mientras es una de las naciones que más aporta económicamente a la organización, está afuera de la Comisión de Derechos Humanos. Así puede darle curso al Plan Trump de no responder ante la ONU sobre los derechos humanitarios vulnerados en sus guerras militares.

Entre la Carta de la ONU y la realidad

La carta de las Naciones Unidas dice que el organismo procura “mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz”, así como “fomentar (…) el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos, y tomar otras medidas adecuadas para fortalecer la paz universal”.

Cabe preguntar, entonces, cómo actuó la ONU ante los desastres de Yemen o de Palestina, o con la ocupación de Vietnam, primero contra Francia y después contra Estados Unidos, donde se perpetuó casi una década de masacre a civiles con utilización de bombas de napalm, prohibidas internacionalmente. ¿Y cuál fue el rol de la ONU ante las dictaduras en América Latina, ante el genocidio perpetrado y la declaración por las deudas externas ilegales e ilegítimas? ¿Por qué permite la ONU la usurpación permanente de territorios como Malvinas y Guantánamo?

Estas preguntas dejan en evidencia la impunidad y la falta de sanciones ante el actuar de los Estados imperialistas y sus aliados, consumando violaciones reiteradas a la carta constitutiva y a distintas resoluciones del foro mundial.

La ONU condenó el bombardeo de la ciudad yemení de Harib por parte del Reino Unido en 1946. En su resolución 188 estableció la “incompatibilidad de las represalias con los objetivos y principios de la Carta de la ONU”. Sin embargo el Reino Unido nunca fue sancionado por el hecho.

La intervención de Estados Unidos en Granada en 1983 fue considerada “una grave violación al derecho internacional” por la ONU, al igual que las injerencias estadounidenses en Libia en 1986 y en Panamá en 1989. Pero no hubo medida alguna contra Estados Unidos.

La ONU es responsable de matanzas en el medio oriente, de que millones de personas deban refugiarse en otras latitudes y del reparto y saqueo de esa región del mundo. La ONU es uno de los garantes de la impunidad y la criminalidad del Estado sionista de Israel contra el pueblo palestino.

Otro ejemplo se puede ver en torno a las denominadas armas nucleares. La ONU prohíbe en su totalidad el desarrollo, almacenamiento y uso a través del Tratado para la Prohibición de Armas Nucleares. Pero a ese tratado le faltó la firma de los países que, precisamente, tienen bajo su control esas armas y bombas. Se trata de Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido, Francia, India, Pakistán, Corea del Norte e Israel, quienes no participaron ni en las negociaciones ni en la votación de ese acuerdo internacional.

La ONU y los intereses de Estados Unidos

La Organización de las Naciones Unidas suspendió a Venezuela, aplicando una sanción que solo se había aplicado anteriormente a Cuba y Honduras y que se da en el marco de la presión que generó Estados Unidos con el objetivo de debilitar a Maduro y así poder desplegar su política de recuperar la influencia del imperialismo sobre el país del Cono Sur buscando imponer un gobierno títere y volver a hacer grandes negocios a costa del pueblo trabajador.

Esa y otras medidas muestran el poder que tiene Estados Unidos dentro del organismo y cómo este actúa como instrumento legitimador mediante un discurso democrático que enmascara la crueldad y los verdaderos intereses del gran capital.

La ONU, ¿un medio para humanizar el capitalismo?

El revolucionario ruso Vladimir Lenin explicaba al imperialismo como un salto cualitativo en la lógica del capital: la libre competencia ha quedado en el pasado, dando lugar a la competencia monopolista. Son estos grandes capitales los que luchan entre sí por el reparto del mundo, expoliando a las colonias y a los países semicoloniales.

Para realizar esa tarea recurren a sus respectivos Estados para quedarse con una tajada mayor de plusvalía, dando lugar a las disputas entre los distintos imperialismos.

La lógica territorial de los Estados es impulsada entonces por las necesidades que tienen los monopolios para encontrar nuevas posibilidades de realizar sus ganancias más allá de sus fronteras.

La lógica capitalista es monopólica. Y esta es la que controla, en última instancia, la política territorial de los Estados. La competencia capitalista no puede eliminarse por decreto, y menos aún por declaraciones realizadas en papel por organismos creados justamente para negociar esas contradicciones.

Por la propia base de estas contradicciones es imposible, entonces, pedirles que todos los Estados se pongan de acuerdo para renunciar a sus necesidades y privilegios. Menos aún en pos de mejorar y hacer más “igualitario” el sistema capitalista que, en su seno, implica eternas desigualdades.

El capitalismo está en su fase imperialista de crisis, guerras y revoluciones. Históricamente este sistema social ha “resuelto” sus crisis y la lucha entre potencias por la preponderancia en el tablero mundial a través de conflictos bélicos.

En más de siete décadas de historia, la ONU demostró que no sirve en nada a los intereses de la clase trabajadora mundial y de las grandes mayorías explotadas y oprimidas.






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