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Concierto de Joe Satriani en Buenos Aires

Como parte de la gira mundial “Surfing to Shockwave Tour” el guitarrista visito nuestro país. El escenario para que todo suene de lujo fue el mítico Luna Park.

Lunes 19 de diciembre de 2016 | 10:17

Foto: Sitio Oficial. Los dibujos de la guitarra los hace el mismo, para una edición limitada de la línea Ibanez

Fue el viernes 16 de diciembre de este verano caliente en Buenos Aires, de esos que no se puede entrar a ver un concierto sin antes beber una cerveza bien fresca, mientras miles de fans nutren el estadio al que acceden por todas las puertas. Como tantos miles, colmado de ansiedad y expectativas, entré al estadio y muy bien acompañado, por cierto.

Pasadas las 21hs, todo se volvió oscuridad en el Luna y tras una breve introducción audiovisual, el estadio explotó al son de “Shockwave Supernova”, temazo que le da el nombre a su último álbum de estudio (editado en 2015) y que es el motor de esta nueva gira mundial.

Cuenta la leyenda que Joe Satriani se dedicó con mayor esfuerzo a tocar la guitarra luego de la muerte de su máximo ídolo: Jimi Hendrix. A la vez, fue profesor de otros monstruos de las seis cuerdas como el mismo Steve Vai y el guitarrista de Metallica, Kirk Hammet. Ya para fines de los años 80 el propio Mick Jagger le pidió que se incorporase a su proyecto solista.

Pero, hay más. En 1993 se unió a Deep Purple como reemplazo temporal del maestro Ritchie Blackmore. En 1996, Satriani fundó la experiencia llamada G3, para compartir escenarios con Steve Vai, Eric Johnson, Yngwie Malmsteen, Robert Fripp, entre otros monstruos.

Este señor de 60 años, y 30 de músico profesional, con 15 discos de estudio y millones de placas vendidas en todo el planeta, es el que nos visitó una vez más acompañado del reconocido tecladista y guitarrista Mike Keneally, junto a una bestia en la batería; Marco Minnemann y el extraordinario bajista Bryan Beller.

Entre las canciones que sonaron en vivo estuvieron en primer lugar las de su último material.

También hubo lugar para el clásico “Summer Song”, (que siempre me hace acordar a un fierrero programa de TV que cubría el Turismo Carretera cuando yo era pibe, porque a ese tema lo usaban de cortina).

Hacia el final sonó “Stach Boogie”, para variar el repertorio con un “boogie” propiamente dicho –a lo Satriani, claro está.

Luego del extraordinario solo de batería de Marco, el batero sin perder el tempo, como si fuera un metrónomo, combinaba momentos de solo de platillos y hasta solo de palillos, con lo que demostraba, a la vez sonriendo y disfrutando, el dominio absoluto sobre el instrumento y, todo esto, sin que el doble maza se detenga. Un crack. El estadio respondió de la única manera posible; aclamación de pie.

Además, improvisaron una base que rendían tributo a los grandes del rock de todos los tiempos y sonaron fragmentos de temas de Deep Purple, AC/DC, Led Zepellin, para finalizar nada más ni nada menos que con Jimi Hendrix.

Si todo hubiera terminado ahí, habría sido una gran noche pero había más. Cuando el final se acercaba y la adrenalina seguía subiendo, Joe quería hacer ese dialogo tan característico entre su guitarra y el publico, un “call and respond”, que se recreó con “Crowd Chant”.

Allí se despidieron, tras la presentación de cada músico y el merecido reconocimiento.

Pero el público argentino sabe meter presión, banca los trapos (y de paso, hace valer el precio de la entrada) y no se movió hasta que luego de unos minutos volvieron a saltar al escenario para deleitarnos con una hermosa pieza de Blues; a la vez profundo, lento y explosivo, a lo grande.

El Blues, fue seguido de una parte cantada, ya más rockera, la única canción cantada en toda la noche con la voz rasposa (casi tanguera, tipo la última versión del Polaco Goyeneche). Y para colmo, acompaño el mismo Satriani ese rock rabioso con un solo de armónica. Como dice un amigo mío “es un campeón”. Y punto.

El final -esta vez, el final “finish” posta- fue con “Surfing with the Alien”, mientras la banda tocaba y se divertían, inquietos, hacia uno y otro lado del escenario e interactuando con un público enloquecido y de fondo se veía las imágenes del Alien surfeando entre dibujos animados por mil y una aventuras espaciales, al compás de los melódicos e interminables solos del maestro.

Como de otro planeta, que es lo que uno piensa cuando ve, en vivo, el potencial de un guitarrista como Satriani. Terrible.







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