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Conceptos para entender la Historia Parte II

Aquí recopilamos algunos aportes teóricos, definiciones y características generales sobre los sindicatos, sus orígenes y posibles perspectivas a modo de complemento de la nota “Historia del movimiento obrero uruguayo” Parte II.

Lunes 8 de mayo de 2017 | 14:01

Foto: Asamblea del Soviet de Petrogrado durante la Revolución Rusa.

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Fenómeno de la aristocracia obrera y surgimiento de la llamada “burocracia sindical”

En la etapa de “parto” de los sindicatos, los mismos tenían naturalmente características más horizontales entre los obreros, siendo las primeras organizaciones “autónomas” creadas por la asociación de obreros en defensa de sus propios intereses. Pero esto fue cambiando en la misma medida en que cambiaba el capitalismo hacia su etapa “imperialista”.

Con el paso del capitalismo a su “era imperialista” también se produjeron cambios profundos al interior de la composición de la misma clase trabajadora y de sus organizaciones sindicales. Así lo describe Gabriela Liszt en la Introducción a la compilación de artículos de León Trotsky sobre los sindicatos: “Para garantizar su dominación en las colonias y semi-colonias, la burguesía imperialista creó en sus países una capa privilegiada y reducida de trabajadores, una ‘aristocracia obrera’. Los sindicatos, pasaron a representar principalmente a estos sectores, dejando por fuera a los más explotados y oprimidos, llegando incluso a subordinar a los trabajadores a la burguesía dando su apoyo a la guerra imperialista.” (1).

Esta aristocracia, por sus bases materiales, o sea, más privilegios respecto al resto de la clase, se separa cada vez más del resto de la clase, que es cada día más explotada sumado a convertirse en la expresión programática de los intereses de las patronales al interior de las organizaciones de masas de los trabajadores. Esta presión material real hace que este sector tenga interés de mantener y defender sus propios privilegios como casta, dejando así de defender los intereses del conjunto de los trabajadores, pasando a ser “aliados” o colaboradores de la burguesía. Esto es el factor central del surgimiento de la burocracia obrera.

Siendo minoría tanto dentro del sindicato como con respecto a toda la clase, la burocracia en su camino de mantener sus privilegios intentará restringir cada vez más los métodos de la democracia obrera, o sea, limitar que se expresen los intereses de las mayorías, los más explotados. Esto se traduce en normas sindicales restrictivas para afiliarse, para votar, aumentos de poder de decisión de las direcciones, eliminación de controles y por lo tanto de revocación, limitación de la libertad de corrientes y asociación dentro del sindicato, entre otros ejemplos.

Autonomía de los sindicatos y relación con los partidos obreros

Por otra parte, la cuestión de la autonomía de los sindicatos atraviesa una discusión ideológica histórica. Tanto socialistas como anarquistas, las dos principales vertientes de izquierda del momento, coinciden desde sus orígenes en la necesidad de mantener los sindicatos independientes de la burguesía. Sin embargo la postura de algunos sectores, principalmente anarquistas y autonomistas, sobre la llamada autonomía de los sindicatos ha llevado la discusión al terreno de la “autonomía partidaria”, lo que se traduce en la postura de estar en contra a la participación de organizaciones partidarias en el seno de los sindicatos sin hacer distinciones entre partidos burgueses, de conciliación de clase o revolucionarios. Esto se basa en algunos supuestos, entre ellos el argumento de la “horizontalidad”, o sea la no necesidad de una dirección, y posteriormente la experiencia histórica del estalinismo con sus burocracias en Moscú y el resto del mundo y el rechazo que causó al interior del movimiento obrero.

Frente a esta nueva burocracia obrera, el dirigente revolucionario ruso León Trotsky propone un diálogo para que los verdaderos partidos comunistas se dirijan a la clase obrera organizada en los sindicatos: “…el partido comunista dice abiertamente a la clase obrera: este es mi programa, mis tácticas y mi política, y se lo propongo a los sindicatos. El proletariado no debe creer nada a ciegas. Debe juzgar a cada partido y cada organización por su trabajo. Los obreros deben desconfiar doblemente de los aspirantes a dirigentes que actúan de incógnito, pretendiéndoles hacer creer que no necesitan ninguna dirección.” (2).

Para enfrentar los vicios autoritarios y burocráticos de la burocracia sindical (y estalinista, según el caso), desde el marxismo revolucionario se ha propuesto la combinación de una serie de medidas organizativas que garanticen la democracia obrera (rotación de cargos, revocabilidad de los dirigentes, modificación de los estatutos sindicales, etc.) con aspectos políticos que hacen a la independencia de la clase trabajadora, como por ejemplo la defensa del programa obrero frente a programas que intenten conciliar los intereses con los patrones, las consignas que proponen salidas obreras a las crisis capitalistas (como el control obrero de la producción y la expropiación de toda fábrica que quiera cerrar o despedir su personal).o bien el llamamiento a apoyar con el voto a listas de trabajadores en las elecciones burguesas más allá de la denuncia de la trampa electoral como instrumento de la burguesía.

En el artículo “Comunismo y sindicalismo” Trotsky se expedirá sobre las posturas de los anarquistas en los sindicatos: “Los epígonos del sindicalismo transforman (en las palabras) la independencia de las organizaciones sindicales de la burguesía y de los socialistas reformistas en independencia en general, en independencia absoluta de todos los partidos, incluyendo el comunista.” (3) y agregará “La autonomía real, práctica y no metafísica de la organización sindical, no se ve perturbada ni disminuida en lo más mínimo por el intento del partido comunista por influir sobre ella. Todo militante del sindicato tiene derecho a votar como le parece y a elegir al que él considere mejor. Los comunistas, al igual que los demás, gozan de este derecho.” (4).

La preocupación de Trotsky es no solamente que la clase obrera se despoje de la influencia de la burguesía sino que a la vez pueda gestarse en ella una dirección revolucionaria que inclusive supere a la viejas direcciones reformistas. Así remata: “Si el partido paga su influencia en los sindicatos al precio de limitar su alcance o de fraccionarlos –convirtiéndolos en auxiliares del partido para objetivos puntuales o impidiéndoles convertirse en auténticas organizaciones de masas-, las relaciones entre partido y la clase son erróneas.” (5).

Sobre la estatización de los sindicatos

Otro aspecto relacionado es la pérdida de autonomía con respecto al estado burgués, o sea, la estatización de los sindicatos. Desde que estamos en la época imperialista existe una presión mayor a la asimilación de los sindicatos al estado burgués. El interés de la burocracia sindical la lleva a adaptarse al régimen sin cuestionar la propiedad privada convirtiéndose en colaborador con “intereses comunes”, desarrollando así ilusiones reformistas en las bases obreras como la idea de transformar pacíficamente el estado burgués “desde adentro”.

Al respecto, Trotsky señalaba que era necesario luchar por lograr influencia en la clase obrera en las condiciones concretas, más allá de que fueran más o menos desfavorables. Por eso sostenía que: “La primera consigna de esta lucha es: independencia total e incondicional de los sindicatos respecto del estado capitalista. Esto significa luchar por convertir los sindicatos en organismos de las grandes masas explotadas y no de la aristocracia obrera. La segunda consigna es: democracia sindical. Esta segunda consigna se desprende directamente de la primera y presupone para su realización la independencia total de los sindicatos del Estado imperialista o colonial” (6).

Reformismo, sindicalismo, corporativismo y ultra-izquierdismo

En la historia del movimiento obrero han surgido diversas posiciones en cuanto a la forma de intervenir en la lucha de clases.

El marxismo ha llamado “reformismo” a las posturas que fomentan ya sea de manera explícita o implícita, expectativas en que mediante reformas progresivas y pacíficas se puede avanzar dentro del capitalismo hacia un estado socialista. Esta postura genera una política hacia los trabajadores de adaptación al régimen y por lo tanto contraria a la revolución. Tampoco se trata de despreciar las conquistas dentro del capitalismo y en ese sentido Trotsky plantea en 1931 “Y en este aspecto somos fieles a los principios esenciales de la estrategia marxista: la combinación de la lucha por reforma con la lucha por la revolución” (7).

El “sindicalismo” podríamos entenderlo como reducir la lucha de los trabajadores en los sindicatos por cuestiones económicas y sindicales mínimas, por ejemplo que los trabajadores luchen solo por aumentos de salario, contra despidos, etcétera. Esta postura no visualiza las tareas históricas del proletariado en su emancipación llegando a posiciones “anti-política” o sea, de rechazo a abordar cuestiones políticas generales.

Podemos llamar “corporativismo” a la tendencia de luchar por intereses propios de un sector de trabajadores sin intentar ligarse con el resto de la clase. Obviamente esta postura tiene una base de subjetividad fomentada por la sociedad capitalista de falta de solidaridad entre trabajadores y primar el interés individual o sectorial, pero también está relacionada la mayoría de las veces con la falta de identificación de los obreros como parte de una misma clase y en ese sentido compartiendo intereses estratégicos comunes.

La postura clásica de “ultra-izquierdismo” tiene que ver con las posiciones que van “más allá de la relación de fuerzas”. Este aspecto es muy usado por la burocracia para descalificar a militantes de izquierda, pero en ocasiones está basada en la propuesta de llevar adelante una medida vanguardista sin analizar la posibilidad de triunfo o no y sin importarle las fuerzas que llevarán hasta el final dicha medida. Estas posturas pueden acarrear derrotas tan duras que afecten al conjunto de la clase y ésta termine en un punto más atrás del que comenzó.

Esta nota es parte del Ciclo “Historia del movimiento obrero uruguayo"

CITAS:
(1) Trotsky, León. Compilación “Los sindicatos y las tareas de los revolucionarios”, Ediciones IPS, 2010, BsAs. Pág 8. Disponible en: http://www.ceip.org.ar/Los-sindicatos-y-las-tareas-de-los-revolucionarios
(2) Ídem, pág. 29
(3) Ídem, pág. 26
(4) Ídem, pág. 27
(5) Ídem, pág. 32
(6) Ídem, pág. 128
(7) Ídem, pág. 59






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