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Con un discurso de burla al pueblo, Maduro da inicio a su nuevo mandato

Maduro dio este lunes un discurso con el que daba inicio a su nuevo mandato presidencial. Un discurso cargado de las mayores desfachateces, cinismo e hipocresías sin parangón que no significaba más que burlarse de las calamidades que sufre el pueblo trabajador en medio de la catástrofe económica. A seguir, escribimos sobre algunos de los tópicos más sobresalientes en cuanto al descaro que se expresaron en su discurso frente a lo que se vive en el país.

Milton D'León

Caracas @MiltonDLeon

Martes 15 de enero

Antes de que Maduro diera inicio a su discurso, la Asamblea Constituyente, un instrumento de las camarillas gubernamentales, que no pasa de un foro conformado únicamente por el partido de gobierno y que se ha autodeclarado plenipotenciaria y supraconstitucional, emitió un decreto en el que "ratifica y reconoce" a Nicolás Maduro como "presidente constitucional, jefe de Estado, de Gobierno y comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana".

“Reduciendo la pobreza” cuando ésta se profundiza en el descalabro económico

Uno de los mayores descaros fue cuando afirmó que su gobierno logró disminuir la pobreza extrema de 4,4 a 4,3 % en 2018, en medio de una catástrofe económica con un proceso hiperinflacionario sin parangón donde los ingresos de los trabajadores y el pueblo se vieron reducidos a la nada, muy por abajo incluso de un ingreso diario de lo que la ONU califica de pobreza extrema.

El salario mínimo legal durante todo el año no pasó el promedio de los dos dólares mensuales, y al momento del discurso equivalía a 5 dólares mensuales según la tasa oficial de cambio. Así las cosas, millones de familias se encuentran en situación de pobreza extrema según Naciones Unidas que fijó en 1,20 dólares diarios el umbral de la miseria.

"En el año 2018 volvimos a disminuir un pelito (poco), pero logramos disminuir a 4.3 la pobreza extrema", muy descaradamente sostuvo Maduro durante la entrega de su Memoria y Cuenta ante una oficialista y fraudulenta Asamblea Constituyente. Si no fuese una tragedia lo que vive el país, el afirmar que "con la profundización de las políticas de seguridad social, de empleo, de remuneración justa, de vivienda, de salud, de educación, estoy proponiendo para el 2025 el logro de la meta miseria cero para Venezuela", no sería más que propio de ciencia ficción pues en los últimos cinco años no se han vivido más que calamidades.

Lo alarmante es considerar cómo este gobierno llega a niveles abismales de hipocresía cuando en su propia cara vivimos una situación de descalabro de la producción propios de un país en guerra, cuando Venezuela no se encuentra en tal situación, y un arrollador proceso hiperinflacionario que se considera cercano a los dos millones por ciento anual. ¡El país vive en el último período una verdadera masacre de salarios y prestaciones sociales, y Maduro dice que la pobreza bajó!

El “aumento” del salario mínimo, apenas nominal y de hambre

En medio del descalabro económico y con una pérdida sideral del poder adquisitivo Maduro anunció un incremento en un 300 % del salario mínimo, que pasó de 4.500 hasta los 18.000 bolívares, al tiempo que señaló que su gobierno continuará asumiendo el pago de las nóminas de las empresas privadas para “evitar que esta subida alimente la inflación”. Pero no se trata nada más que un aumento nominal cuya capacidad de compra se pulverizará en poco tiempo.

Hace apenas cinco meses, agosto del año pasado, Maduro anunciaba un aumento nominal de 3 a 180 millones (1.800 Bs.S.), lo que significaba a la tasa oficial del momento, pasar de 1 dólar a 30 dólares mensuales. Rápidamente, en ese corto lapso de unos meses, el nuevo salario pasó a representar cinco dólares al cambio oficial o dos dólares al cambio paralelo. Ese mismo camino, en medio del proceso hiperinflacionario imparable, este aumento nominal de 300 %, que hoy mismo no alcanza ni por cerca a cubrir lo básico y lo elemental, volverá a la nada, en poco tiempo.

Así, el salario no solo es fulminado por los aumentos de precios, sino también por la propia política oficial de mega-devaluaciones del bolívar. Al hacer la reconversión el gobierno puso el dólar oficial en 60 soberanos, hoy lo marcó en 950, un incremento del 1.481%, mientras el salario, que entonces colocó en 1.800 soberanos y a partir de mañana estará en 18.000, habrá operado una subida de solo 900%, es decir, mientras el gobierno subió 9 veces el salario devaluó casi 15 veces el bolívar. Y hace demagogia diciendo que está “subiendo” el salario.

Todo esto cuando el gobierno acaba de destruir grandes conquistas históricas de los trabajadores, atacando las convenciones colectivas para eliminar de un plumazo derechos adquiridos en décadas de lucha. Al mismo tiempo, arrecian los despidos masivos a niveles alarmantes tanto en el sector público como en el sector privado, y decenas de trabajadores están presos por luchar. Así, Maduro tuvo la desfachatez de calificar este aumento como un "factor de corrección" de su programa económico.

La fanfarria repetitiva de un discurso trillado

Pero la fanfarria repetitiva de un discurso de burla, no se hizo esperar anunciando que aplicará un "sacudón" en lo político y en lo económico durante su segundo mandato, que comenzó a correr el jueves pasado."Voy a generar un sacudón completo en todas las empresas del Estado, un sacudón organizativo, político, y un sacudón económico, porque las empresas del Estado tienen que estar productivas, al servicio del país y no de mafias que se roban las riquezas", dijo Maduro, que no son más que repeticiones de frases hechas que ha venido realizando durante sus años de gobierno y cada vez que anuncia algo, a la par que las calamidades se acrecientan.

Habla pues como si no fuera él mismo el que lleva 6 años al frente del gobierno avalando toda la enorme red de corruptelas que ya ha hecho metástasis en las empresas del Estado y la administración pública; como si no fuera su gobierno el que despide y persigue a los trabajadores que denuncian a los gerentes corruptos de las empresas; como si no fuera su gobierno el que cobija, defiende y se apoya en toda la pléyade de funcionarios vividores y corruptos. Así, por ejemplo, llega a la desfachatez de afirmar que "voy a gobernar este país seis años más (...) aprovechemos estos seis años para hacer de esta economía una economía boyante (pujante)".

El entreguismo en las industrias del Estado

Pero en medio de este palabrerío hipócrita, Maduro no deja de escapar sus planes de entrega de las riquezas nacionales a empresas extranjeras. Sostuvo que hará "una gran rectificación histórica de la revolución bolivariana, una gran rectificación necesaria, que aquí nadie vaya a creer que vamos a privatizar, no vamos a privatizar nada (...) no soy un actor, ni un pelelé, ni un capitalista, ni un neoliberal, pero tampoco soy un obtuso". Con el “tampoco soy un obtuso” estaba queriendo decir que se prepara a “reactivar” las industrias del Estado (como las básicas, mineras y la petrolera) en asociaciones mixtas, cuestión que afirmó sin pelos en la lengua, lo que no puede leerse más que como un curso privatizador.

Cuando la producción petrolera se hunde a niveles de 1940, rondando el millón de barriles diarios y bajando en medio del descalabro económico, siendo que para el 2012 se producían cerca de 3 millones, Maduro viene y anuncia que "en el 2025 debemos llegar a la gran meta de 5.000.000 de barriles diarios de producción petrolera, nuestro país estará boyante". Una meta que de paso sabe que es imposible cumplir. "Personalmente asumo la conducción de la industria petrolera, para llevarla adelante a partir de hoy", dijo Maduro, como si la industria no hubiese estado en sus manos en todos estos largos años.

“Nuestro país está boyante” sostiene de una manera como si sufriera de algún tipo de trastorno, cuando se cae a pedazos y casi todas las industrias están por el piso. Y es en el campo petrolero donde aceleradamente se ha venido llevando todo un curso privatizador y entreguista, tal como ya lo hemos denunciado, pero Maduro lo ratifica cuando habla de “liberar el proceso de expansión productivo petrolero” y que al sostener este esquema retama con que "ese es mi concepto, no tengo otro (...) todos los campos (de explotación) están abiertos a capital mixto, a recuperación compartida".

La tragedia del hospital clínico universitario: obra de un “sabotaje terrorista”

Frente a la tragedia acontecida el día sábado en el Hospital Universitario de Caracas (HUC) que por más de 12 horas se quedó sin el servicio eléctrico generando una situación crítica en todas las áreas del hospital y la muerte confirmada de al menos 2 pacientes, Maduro tuvo la desvergüenza de hablar de “sabotaje”. Claramente, y de acuerdo a los propios trabajadores del Hospital, se trató de una total y atroz negligencia de las autoridades, que hasta algo tan elemental como es tener plantas eléctricas para casos de emergencia en perfecto funcionamiento, poco les importa.

"Sabotearon los sistemas de recarga y carga eléctrica, los desprendieron, se los llevaron, para crear un show en los medios de comunicación internacional", dijo Maduro, cuando desde el propio sindicato de los trabajadores del hospital se les hizo aviso de la situación, tal como lo denunciaría Denis Guédez, miembro del mismo: “Hace dos meses se pasó reportes sobre las plantas eléctricas a las autoridades, ya que no tenían baterías, gasoil y era necesario hacerle mantenimiento y ellos hicieron caso omiso. Ellos decían que no tenían dinero para el mantenimiento, pero para garotas y fiestas hubo, prácticamente jugaron con la vida de los pacientes”. A estos niveles llega este gobierno que juega con la vida humana, y todo lo “resuelve” hablando de “sabotajes”, de “falsos positivos (...) los ataques terroristas por debajo a los servicios públicos, al sistema eléctrico, a los hospitales”.

Maduro el “ecologista”

No faltó el cinismo y la desfachatez al hablar del “objetivo histórico” de “preservar la vida en el planeta” y el discurso “ecologista”, cuando es el responsable directo de abrir paso a lo que seguro será el ecocidio más grande cometido en el país, con la apertura de 12 mil kilómetros cuadrados a la voracidad del capital transnacional en el “Arco Minero del Orinoco”. Un proyecto de megaminería que se asienta sobre el ecocidio y el desplazamiento forzoso (represión y asesinatos de por medio) de las comunidades indígenas, un proyecto extractivista en el que hacen además jugosos negocios y riquezas fáciles los militares y otros “enchufados” civiles de la casta gobernante.

Y aquí solo hemos hecho mención sobre algunas partes de su discurso altisonante de un gobierno que continuará descargando la crisis sobre los trabajadores y el pueblo y que nos hunde cada día en las calamidades. En próximos artículos continuaremos abordando un contenido más completo de lo que se propone en su nuevo mandato.

Al gobierno de Maduro hay que enfrentarlo con una política independiente y de clase, avanzando en la organización de los trabajadores y levantando un claro plan de lucha, y sin caer en las trampas de la oposición de derecha que ofrece también como salida planes antiobreros y ha venido bregando por una mayor injerencia imperialista.

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