Tribuna Abierta

Cabildo Abierto, no estaba muerta la entraña que parió al monstruo

Este año de proceso electoral termina con la irrupción de Cabildo Abierto en el escenario político como una de las principales novedades en la reconfiguración del sistema de partidos.

Domingo 15 de diciembre de 2019 | 19:39

Caricatura cortesía del dibujante duraznense Karlos Garateguy, publicada en su periódico PBI

¿Extrema derecha o derecha extrema?

Entre los análisis de caracterización de Cabildo Abierto que queremos discutir, se encuentra el del politólogo Daniel Buquet, que en la mesa de análisis político del programa radial En Perspectiva, definió a la formación política de Guido Manini Ríos como de extrema derecha, clarificando que dicha definición era primariamente literal, o sea la constatación empírica de que la nueva formación estaba en el extremo "derecho" del espectro ideológico tradicional.

En sintonía con el planteo de Buquet, si utilizamos la fórmula de "extrema derecha" lo hacemos en este sentido, evitando la asociación con las "extremas derechas" europeas de carácter neofascista que son harina de otro costal y analizaremos más adelante en el desarrollo de nuestro ensayo.

En todo caso la primera conclusión que podemos sacar de la irrupción de CA, es la aparición de una formación política nueva que bebe de las tradiciones políticas más reaccionarias y conservadoras del Uruguay, y que si antes se expresaban de forma latente como fracciones de los dos partidos burgueses históricos (riverismo, herrerismo), ahora ese espacio se ha autonomizado y adquirido vida propia, entrando con fuerza al parlamento burgués y penetrando por todos los poros la política en general, y el espacio de la derecha en particular.

Evangelismo y pachequismo social

Para entender cómo una fuerza política con menos de un año de conformación accede al parlamento con el peso de tres senadores y once diputados, hay que buscar las raíces de la emergencia de dicho fenómeno en cómo este canalizó y hegemonizó todo el espectro más reaccionario de la política nacional.

Por un lado, luego de un año (2018) en que el gobierno del Frente Amplio tuvo discurso y política para su base de izquierda (ley trans, reforma de la caja militar, ley de empleo para discapacitados), la derecha patronal se opuso por una parte a tocar el más mínimo pelo a los privilegios de la casta militar, y ya en pleno proceso de la campaña electoral los sectores más reaccionarios del Partido Nacional: Verónica Alonso, Ilafigliola y compañía arremetieron contra la ley trans, ancados en el poder ideológico y material de las iglesias evangélicas y neopentecostales.

Si el "alonsismo" logró sembrar políticamente una sensibilidad social antiderechos, Manini Ríos cosechó sus frutos, logrando apropiarse de la bandera contra la ley y ante el desinflamiento electoral de Verónica Alonso, quedando como el caudillo más importante en la cruzada inquisitorial de la campaña prerreférendum para derogar la ley.

Por otro lado Manini Ríos y su partido lograron captar el voto del "pachequismo social" que por la ausencia de Bordaberry, había quedado huérfano y que estaba logrando capitalizar el empresario Edgardo Novick, con una agenda patronal de corte xenófoba y punitivista.

Sin embargo en pocos meses, CA logró robar casi toda la base electoral de Novick y lo que fue más importante, quedarse con el voto sanguinettista más de derecha, y no sólo eso, incluso desplazando al Partido Colorado a cuarta fuerza en muchos departamentos del Interior, y arrebatando sus bastiones históricos como Rivera, Salto e incluso Durazno.

Partido militar: los límites de una fórmula periodística

Tanto desde la intelectualidad como desde los cuadros del Frente Amplio, cuando CA sorprendió a todos en las internas llegando a casi cincuenta mil votos, muchos caracterizaron el fenómeno como el del surgimiento de un partido militar, análisis no sin fundamentos puesto que es inocultable la composición militar de su dirección y sus cuadros, algunos incluso tenebrosos, como el caso del represor y torturador antisemita Romanelli, asesor en "seguridad" de Manini Ríos.

Ahora bien, el empleo de semejante caracterización solo se puede utilizar de forma esencialmente periodística y básicamente descriptiva; en cambio para ahondar más profundamente en el contenido de clase y en el contenido político, desde el campo del marxismo revolucionario, debemos ser prudentes y científicos a la hora de las caracterizaciones y posibles hipótesis.

En este caso, debemos evitar el impresionismo, y diferenciar muy bien los límites entre un partido dirigido por militares, y la acción política contingente y específica de un partido militar.

Partido Militar: Desde Kornilov a la logia de tenientes de Artigas

Por el contrario la fórmula de partido militar que utilizamos los marxistas, paradojalmente nunca ha tenido que ver con un partido legalmente constituido, sino más bien con la autonomización del poder militar en vistas al golpe de Estado y la dictadura.

Esto también lo podemos emparentar con nuestra caracterización de un partido judicial que recientemente en Brasil fue uno de los principales responsables del golpe institucional a Dilma Roussef y la proscripción antidemocrática a Lula.

En ambos casos, el partido militar o judicial operan sin comité central, pero logran erigirse en los bonapartes circunstanciales al servicio de las necesidades contingentes de la burguesía.

La irrupción del partido militar y lo que provoca es análoga a la situación generada por la dinámica del doble poder obrero, las dos comparten la transitoriedad, en el primer caso los objetivos políticos se cumplen con el golpe y la dictadura, o no; y en el segundo caso con el triunfo de la clase obrera o su derrota parcial, como en la revolución rusa de 1905.

Hablando de la revolución rusa, en el proceso que va de la insurrección prematura de Julio de 1917 a la toma del poder por parte de los bolcheviques en Octubre, podemos apreciar un ejemplo por la positiva de la acción de un partido militar, específicamente el intento de reacción militar al gobierno de Kerensky por parte del general Kornilov, golpe que fue derrotado por una política correcta de frente único obrero impulsada por Lenin y los bolcheviques, orientación que al demostrar la inconsecuencia de las direcciones mencheviques y socialrevolucionarias, significó que el PB lograra ganarse la mayoría de los soviets para la conquista del poder proletario en la gloriosa revolución de Octubre.

Por la negativa, el golpe de estado en Uruguay el 27 de Junio de 1973, no fue una catástrofe de un día ni de un año, fue un proceso de autonomización de las FF.AA, las cuales operando como partido militar fue dando pequeños golpes a la clase obrera hasta consolidar el golpe, la historia uruguaya severamente registra los mojones de dicho proceso: la fundación en 1964 de la logia de tenientes de Artigas; los asesinatos políticos de los mártires estudiantiles en 1968 de Líber Arce, Susana Pintos y Hugo de los Santos; la creación en 1972 de la OCOA (Órgano Coordinador de Operaciones Antisubversivas); el golpe de Febrero (los comunicados 4 y 7 y el seguidismo del FA y el PCU a un peruanismo inexistente), y por último el golpe de Estado de en Junio de 1973.

En el golpe de Estado del 73 en Uruguay, promovido por el imperialismo y la burguesía, no debemos olvidar la cuota de responsabilidad de parte de las direcciones obreras y políticas del PCU y casi todo el FA, que dejaron pasar una y otra vez los golpes reaccionarios de la burguesía y su violencia estatal (e incluso paraestatal), desarmando militar e ideológicamente al movimiento obrero entregándolo inerme a los cantos de sirena suicidas de los comunicados del partido militar.


Oriente y Occidente

Regresando a la actualidad, la emergencia en Europa de nuevos fenómenos de extrema derecha producto de la crisis social inaugurada por la bancarrota capitalista del 2008, y por la crisis orgánica de los regímenes de posguerra en general y de la socialdemocracia en particular, se diferencian de los fenómenos latinoamericanos, en Francia y en España la centro derecha (Macron, Sánchez respectivamente) han levantado un cordón sanitario ante el avance de las formaciones ultraderechistas de Le Pen y VOX respectivamente.

En todo caso, no debemos atribuir este comportamiento de los partidos de régimen europeos a una especie de principismo burgués, sino más bien al oportunismo de no derrochar el capital político de las mencionadas formaciones, sobre todo ante el temor particularmente de la socialdemocracia a la pasokización de sus partidos.

En cambio en América Latina en general la derecha liberal clásica en Brasil como el PDMB, el PSL y el "socialdemócrata" PSDB de Fernando Henriquez Cardozo fueron promotores por acción u omisión del golpe de estado institucional a Dilma Roussef y el ascenso abrupto del ultraderechista Jair Bolsonaro hacia la presdiencia, proscripción antidemocrática mediante de Lula, por parte del partido judicial de Moro y compañía.

En Uruguay en particular, el partido del bloque agrario que ganó las elecciones, no sólo recibirá el apoyo parlamentario de la extrema derecha en el sentido buquetsiano, sino que además será parte ejecutiva del nuevo gobierno de coalición de la derecha patronal, integrando a Cabildo Abierto al gabinete de ministros de Lacalle Pou y el Partido Nacional.

En síntesis los partidos burgueses históricos en Uruguay aceptan sin ni siquiera taparse la nariz a un aliado complejo como Cabildo Abierto: integrado por ex militares y genocidas de la dictadura como Romanelli, con médicos con amigos colaboracionistas en la tortura, como el futuro ministro de salud Daniel Salinas, y cuya excepción son cuadros como el constitucionalista Lust, la cara amable del monstruo.

La derrota de la hipótesis liberal

Cuando Cabildo Abierto arañó los cincuenta mil votos en Junio, la lectura liberal desde politólogos como Daniel Chasquetti hasta cuadros del PCU como Gabriel Mazzarovich, pasando por otros intelectuales del Frente Amplio, como Edgardo Rubianes, fue que CA y su votación en las internas estaba más cerca de su techo electoral que de su piso, fundamentando tal posición en la tesis de que CA era tan sólo un partido militar (en su acepción periodística) y que por consiguiente solo podía ampliar su base política-electoral en sectores relacionados a las FF.AA.

Cuatro meses más tarde CA rompió con creces su techo electoral, llegando a doscientos setenta mil votos; no sólo superando los límites de la "familia militar" sino que movilizando todo el voto reaccionario de los sectores más atrasados de la clase trabajadora y de sectores de la pequeña burguesía fascistizante, con una predominancia mayoritaria en el Interior del país.

Los intelectuales del FA y el PCU que se vieron sorprendidos por la votación de Manini, siguen viviendo en la burbuja liberal del mito de la Suiza de América incluso persistiendo en su tesis idealista rumbo al ballotage, por eso la apelación al batllismo y al wilsonismo que hace mucho dejaron de existir en la materialidad de la realidad política uruguaya.

Estos intelectuales y estas direcciones son impotentes a la hora de descifrar los movimientos de la realidad política y por lo tanto incapaces de preparar el porvenir de resistencia ante el avance de las "derechas" que nuevamente llegan al poder.






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