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Bolívar Echeverría: el ethos barroco y la emancipación anticapitalista

Bolívar Echeverría fue un importante filósofo marxista ecuatoriano. Escribió decenas de artículos y textos marxistas.

Sergio Abraham Méndez Moissen

México @SergioMoissens

Miércoles 5 de diciembre

Bolívar Echeverría nació en Ecuador en 1941. Murió en 2010. Impartió clases en la UNAM y escribió textos marxistas como El discurso crítico de Marx, Modernidad y blanquitud y La modernidad de lo barroco, por mencionar algunos.

Según uno de sus principales biógrafos, Stefan Gandler, el discurso marxista de Bolívar Echeverría se concentra en su concepción de los ethos de la modernidad. El autor detalló en varios textos que en Alemania, en especial su lector de tesis doctoral Karl Otro Appel, cuestionaba que Bolívar fuera “original” o que “aportara”.

Bolívar Echeverría se ganó un lugar, por su concepto de ethos de la modernidad, en la teoría crítica. Digamos, como planteó Michael Löwy, que Echeverría aportó en la teoría marxista teórica en especial con la idea del ethos barroco.

Ethos múltiples de la modernidad

Sostiene Bolívar que el capitalismo es un sistema que genera efectos problemáticos en los individuos. Cada uno de nosotros tiene una reacción al sistema capitalista, llamado moderno, y a esta respuesta Echeverría le llama ethos: “son un conjunto de formas de vida cotidiana variables según región y época que tiene como función social volver aguantable las relaciones reinantes de tendencia destructiva del valor del uso y por consiguiente inaguantables” sostiene Gandler (Gandler, 2007: 351).

Echeverría sostiene que los individuos debemos responder individualmente al sistema capitalista y sus tendencias de destrucción y miseria. ¿Cómo le hacemos para aguantar, soportar el capitalismo día a día, semana tras semana?

Bolívar sugiere que existen cuatro actitudes cotidianas: el ethos romántico, el clásico, el realista y el barroco. Son cuatro actitudes de reacción, son respuestas, son diversas formas en las que los individuos por medio de la cultura convertimos soportable lo insoportable.

Los cuatro ethos son un engaño, son falsos, y cumplen un papel negativo para el individuo y positivo para el capitalismo: de algún modo si hacemos vivible lo invivible estamos salvando al sistema.

El ethos romántico es aquel que hace que el sujeto se engañe y se fascine por las mercancías. El romántico es aquel que se fascina y acepta, enaltece el sueño del capitalismo. Es aquel de nuestros amigos que considera que si uno busca el éxito con perseverancia logrará hacer un buen negocio y enriquecerse. Es el sentimiento histórico de la burguesía de que es un verdadero acto heroico emprender en el mundo capitalista.

El ethos clásico es el que integra el individuo de un modo trágico en el mundo del capital. Es la actitud dolorosa ante la vida del capitalismo. Es el que considera que el sistema falla, que está mal, pero que acepta sus reglas y las vive de un modo resignado. Es un cumplimiento trágico de la marcha de las cosas. Esto se puede entender cuando los resignados al fracaso del mundo del capital lo admiten y se asimilan a las reglas del mundo moderno.

El ethos realista es el que “por su carácter afirmativo no sólo de la eficacia y la bondad insuperables del mundo establecido o ’realmente existente’” (Echeverría, 1998: 198), sino de la imposibilidad de un mundo alternativo.” Son los defensores del mundo del capital: los pensadores e individuos neoliberales que defienden el sistema como suyo.

El barroco y la emancipación anticapitalista

El cuarto es el ethos barroco. El más polémico y discutido de los conceptos de Echeverría que es definido por él mismo como “un intento de vivir lo verdadero en el mundo de lo falso, no es anticapitalista pero en ese ethos está el disfrute. Acepta las reglas del capital pero de forma inconforme. Se puede ver con las festividades de las que hablaba Bajtin, es una transgresión pero que refuncionaliza las reglas. Se burla de la realidad, la pone de cabeza” (Echeverría, 1998: 113).

Las fiestas de los pueblos indígenas que realizan cada año para celebrar la cosecha es una forma de ethos barroco, el carnaval de las comunidades afrodescendientes, las protestas festivas, así como la compartición cuestionan pero aceptando las reglas de dominación.

En los pueblos los indígenas celebran, festejan la vida, la plenitud de la existencia, redistribuyen la riqueza y comen, beben, bailan.

En el goce, que nos priva el capitalismo, ante el individualismo se celebra colectivamente pero desafortunadamente se hace una vez al año: sin ese acto de celebración y festejo no se puede sobrevivir en el capitalismo.

Incluso cuando uno en el día a día se da un tiempo para la felicidad y la alegría este acto refuncionaliza la dominación. ¿Acaso no requerimos de ir a una fiesta un día al mes para soportar, hacer soportable el mundo en el que vivimos? Si bien en cada uno de esos actos se cuestiona la dominación la función de cada momento vivido en el ethos barroco es la de volver a la normalidad.

En términos precisos, la obra de Bolívar explica de forma muy sutil la dominación pero difícilmente su teoría va más allá de la crítica del capitalismo y no aporta estrategias para la emancipación anticapitalista. Algo parecido sucede con la obra de Bolívar respecto a la Escuela de Frankfurt: es una crítica mordaz al sistema capitalista pero no existe una teoría de la liberación, una teoría de la emancipación al sistema de dominación existente.

Referencias

Gandler, Stefan, Marxismo crítico en México. Adolfo Sánchez Vázquez y Bolívar Echeverría. Prefacio: Michael Löwy. México, Fondo de Cultura Económica / Universidad Nacional Autónoma de México / Universidad Autónoma de Querétaro, 2007.

Echeverría, Bolívar, La modernidad de lo barroco, Era, México. 1998.






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