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Adiós al último beatnik, a los 101 años murió Lawrence Ferlinghetti

El poeta, editor y librero neoyorquino era el último representante de la aclamada generación beat.

Miércoles 24 de febrero | 11:34

Quizás más conocido por haber fundado la librería y editorial City Lights con la que publicó en 1956 Aullido de Allen Ginsberg, Ferlinghetti escribió una docena de libros de poemas entre los cuales se destaca A Coney Island of the Mind uno de los poemarios con más éxito de la literatura estadounidense con un millón de ejemplares vendidos.

Como homenaje a su obra transcribimos aquí su tan aclamado Manifiesto populista, escrito en 1976.

Poetas, salgan de sus placares,

abran las ventanas, abran las puertas,

ustedes han estado recluidos demasiado tiempo

en sus mundos cerrados.

Desciendan, desciendan

de sus alturas, de sus torres de marfil

desciendan de las colinas desciendan de Russian Hills

desciendan de Telegraph Hills,

desciendan de las colinas desciendan de Beacon Hills

desciendan de Chapel Hills,

desciendan de las montañas,

desciendan de sus Montes Análogos y Montparnasses,

desciendan de sus propias alturas,

salgan de sus wigwams, bajen de sus cúpulas.

Los árboles aún están cayendo

y ya no tendremos forestas o bosques nunca más.

Ya no tenemos tiempo para sentarnos en ellos

pues el hombre quema su propio hogar

para asar su lechón.

Ya nadie entonará el Hare Krishna

mientras Roma arde.

San Francisco está quemando

el Moscú de Mayakovsky está quemando

los combustibles fósiles de la vida.

Es de noche y el caballo se acerca

comiéndose la luz, la calefacción y la electricidad,

y las nubes tienen pantalones.

Ya es tarde para que el artista se oculte

en las alturas, más allá, detrás de la escena,

indiferente, arreglándose las uñas,

refinándose hasta quedar fuera de la existencia.

Ya no hay tiempo para nuestros pequeños jueguitos literarios.

Ya no nos queda tiempo para nuestras paranoias e hipocondrías,

ya no nos queda tiempo para el temor y el hastío,

sólo existe tiempo para la luz y el amor.

Hemos visto a la mejores mentes de nuestra generación

destruidas por el aburrimiento en las lecturas de poesía.

La poesía no es una sociedad secreta,

tampoco es un templo.

Las palabras secretas y los cantos ya no nos son de utilidad.

El tiempo de entonar la silaba sagrada, el Om,

ha concluido,

ahora es el tiempo de la endecha fúnebre,

el tiempo del velatorio y el regocijo

sobre el fin cercano

de la civilización industrial

que es maligna para la tierra y el hombre.

Es el tiempo de mirar hacia el futuro

en la posición del loto

con los ojos bien abiertos,

Es el tiempo de abrir las bocas

con un renovado discurso abierto,

es el tiempo de comunicarnos con todos los seres sensibles,

Sí, todos ustedes ‘poetas de las ciudades’

colgados en museos, incluyéndome a mí,

todos ustedes poetas escribiendo poesía sobre la poesía,

todos ustedes poetas moribundos del lenguaje,

y los deconstruccionistas,

todos ustedes poetas de los talleres de poesía

en las olvidadas regiones rurales de América,

todos ustedes Ezra Pounds domesticados

perros obedientes que no hacen sus necesidades

dentro de la casa,

todos ustedes poetas dados vuelta del corte y pegado,

todos ustedes preestresados poetas concretos,

todos ustedes poetas cuninglinguales,

todos ustedes poetas de los baños públicos quejándose con graffitti,

todos ustedes poetas que se hamacan tomados del pasamanos

del subterráneo y nunca se hamacaron colgados

de la rama de un árbol,

todos ustedes maestros del haiku del aserradero

en las Siberias de América,

todos ustedes poetas ciegos no realistas,

todos ustedes poetas surrealistas autoocultándose,

todos ustedes poetas visionarios dentro de sus dormitorios,

todos ustedes poetas Groucho Marxistasy Camaradas

de clase acomodada quienes descansan todo el día

y nos hablan sobre el proletariado trabajador,

todos ustedes anarquistas católicos de la poesía,

todos ustedes poetas de la escuela de Black Mountain,

todos pretensiosos intelectuales de Boston y bucólicos de Bolinas,

todas ustedes las madres e de la poesía en sus escondrijos,

todos ustedes hermanos Zen en la poesía,

todos ustedes suicidas amantes de la poesía,

todos ustedes barbados profesores de poesía intrascendente,

todos ustedes gacetilleros de la poesía

todos ustedes beben la sangre del poeta,

todos ustedes son la Policía de la Poesía—

Dónde están los hijos salvajes de Whitman,

dónde las grandes voces hablándonos

con dulzura y sublimidad,

dónde la nueva gran visión,

la gran mirada del mundo,

el intenso canto profético

de la inmensa tierra

y de todo lo que canta en ella

y nuestra relación con ella—

Poetas desciendan

a la calle del mundo nuevamente

y abran sus mentes y ojos

con el viejo deleite visual,

aclaren sus gargantas y Hablen,

la poesía ha muerto, larga vida a la poesía

con ojos terribles y la fuerza del búfalo.

No esperen a la revolución

pues esta puede ocurrir sin ustedes,

dejen de murmurar, deben alzar su voz

imaginar una nueva poesía ancha abierta

con una nueva superficie pública común sensual

con otros niveles subjetivos

u otros niveles subversivos,

un diapasón en el oído interior

para golpear bajo la superficie.

De tu propio dulce ser podés cantar todavía

pero expresa la palabra en masa—

La poesía el vehículo común

para transportar al público

a sitios de mayor altura

lo hará mejor que otros medios de transporte.

La poesía todavía cae de los cielos

en nuestras calles todavía abiertas.

Todavía

no han levantado las barricadas,

las calles todavía vivas con rostros,

mujeres y hombres bellos todavía caminan allí,

todavía hay hermosas criaturas en todos lados,

en los ojos de todos los secretos de todos aún enterrados allí,

los salvajes hijos de Whitman aún están durmiendo allí,

Despierten y canten al aire libre.






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