Coriún Aharonián

Adiós al maestro

En memoria del influyente docente y musicologo Coriún Aharonián

Leonardo Flamia

Periodista Cultural

Martes 10 de octubre | 11:42

Coriún Aharonián (1940-2017) fue compositor, investigador, musicólogo, pero fundamentalmente docente. Docente en sus talleres de composición a los que concurrieron figuras como Jorge y Daniel Drexler, Rubén Olivera, Jorge Lazaroff, Leo Masliah, Herman Klang o Diego Azar, por nombrar solo algunas de las más relevantes.

Docente en Secundaria y en el IPA (formación docente) en Uruguay, y también en universidades de Uruguay, Argentina, Colombia, Ecuador y Brasil. Docente en los Cursos Latinoamericanos de Música Contemporánea. Docente al promover coloquios como los que, desde el año 2011, organizaba el Centro de Documentación Musical Lauro Ayestarán, que recibía investigadores de todos los puntos de Latinoamérica, pero también de Norteamérica, Europa o África.

Docente en libros y colecciones de artículos y ensayos como Introducción a la música; Conversaciones sobre música, cultura e identidad; Músicas populares del Uruguay; Hacer música en América Latina o Educación, Arte, Música. Docente como personalidad consciente de ser portador del legado de sus maestros, Lauro Ayestarán y Carlos Vega, a quienes tenía siempre presente, aún en la discrepancia. Docente en el sentido más amplio del término. Muchos lo consideramos un maestro, aunque hayamos hablado pocas veces personalmente con él.

Coriún insistía en la responsabilidad de los artistas y creadores con su época y su lugar. En su concepción de la cultura quienes intervienen de una u otra forma en la producción de bienes culturales (y en su difusión y distribución) o aportan hacia adelante, hacia una sociedad de seres libres, o pretenden congelar la historia reproduciendo el pasado de forma museística, siendo funcionales a los proyectos de las clases dominantes. Pero entendamos bien, esto no implicaba someterse a ningún dogma. Aharonián era una persona profundamente antiimperialista, pero reconocía los tentáculos de la cultura imperial apareciendo desde los lugares menos obvios. Por ejemplo, Aharonián ha señalado, como indica Rubén Olivera, algunas de estas experiencias en Latinoamérica:

1. Jóvenes violinistas cubanos fueron solidariamente a Chiapas, Méjico, para enseñar a “tocar bien” a los músicos del lugar de acuerdo a la escuela soviética. Pero en realidad provocan una marcha atrás, ya que los indígenas adaptaron durante siglos las técnicas clásicas del violín a sus músicas populares como forma de resistencia.

2. En San Ignacio de Moxos, Amazonia boliviana, en nombre de la música y la salvación de los indios de la pobreza, se ha formado una orquesta y escuela con cientos de jóvenes indígenas. Se intenta reproducir la experiencia de las misiones jesuíticas, o sea, sustituir el genocidio físico por el cultural enseñando a tocar flauta dulce Yamaha en vez de quena.

Porque como decía el mismo Aharonián: “ocurre que la izquierda es en América Latina un objetivo estratégico primordial del sistema colonial (...) Y es probablemente su mejor agente. El sistema la educa para estar alienada respecto a su realidad cultural real (Bob Dylan es muchísimo más cercano que Violeta Parra, Frank Sinatra es muchísimo menos ridículo que Los Panchos, Jacques Brel mucho más interesante que Dorival Caymmi, The Beatles mucho más propios que Los Chalchaleros), y la anima a embeberse de vocación mesiánica, con una capacidad de destrucción propia de conquistadores, de nuevos y más disimulados conquistadores a favor del imperio.”

La perspectiva de Aharonián era revolucionaria, y como tal era tan antiimperialista como antipopulista, reclamando tanto consciencia de la función social del creador como rigor y disciplina, sin ser jamás condescendiente con los poderes de turno. En uno de los últimos artículos de la obra citada afirmaba:

Antes, cuando éramos de izquierda, sabíamos que había una estrecha relación entre arte y política, o simulábamos que lo sabíamos. Ahora ya ese error fue superado, y sabemos que el Fondo Monetario Internacional nos ama, sabemos que nunca hubo imperialismo y que el gobierno de Estados Unidos propende a la felicidad de sus países amigos que antes suponíamos colonias, sabemos que no importa que Itaú sea un disfraz de Bank of America, sabemos que las expresiones culturales no poseen signo histórico y que tanto da que el gobierno de izquierda apoye cosas fascistas o parafascistas o simplemente reaccionarias porque esas cosas no inciden políticamente en la gente.

Como se puede apreciar, Aharonián también era dueño de un sentido del humor corrosivo, y de una capacidad de comunicación contundente. Falleció el pasado 8 de octubre en Montevideo, a menos de un año de que falleciera su compañera, la también musicóloga, docente y compositora Graciela Paraskevaídis. Vamos a extrañar su capacidad de picanear el ambiente cultural, de hacernos pensar, de cuestionarnos, de aportar a construir una sociedad de personas libres.






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