Géneros y Sexualidades

25 de Noviembre: las mujeres nos movilizamos

Conmovidas por la reciente aparición sin vida de la niña de 12 años Brissa González, las mujeres marchamos y nos concentramos en Montevideo y otras ciudades contra la violencia de género. Frente al horror, sectores de la sociedad reclaman penas más duras, inclusive la pena de muerte.

Karina Rojas

Montevideo

Domingo 26 de noviembre | 18:15

Más allá de las distintas concentraciones y convocatorias, ayer vivimos una nueva jornada de lucha con mucha bronca porque nos faltan 29 mujeres y niñas asesinadas y varias desaparecidas presuntamente por las redes de trata. La violencia de género tiene múltiples formas, algunas muy sutiles como el maltrato psicológico, la cosificación de nuestro cuerpo, los celos y el control excesivo, el hostigamiento y el acoso, la pérdida de la autonomía como sujeto, la manipulación sentimental y tantas otras situaciones bien conocidas por todas.

Frente a la conmoción generada por el reciente caso de Brissa Gonzalez, la sociedad uruguaya toda se pregunta qué hacer frente a tanta violencia y crueldad.

Ya han salido los sectores más de derecha encabezados por el Partido Nacional a pedir mano dura. Se habla de aplicar la cadena perpetua y en las redes sociales se reclama hasta la pena de muerte.

Más allá del dolor, la tristeza y el miedo que nos quieran transmitir, debemos pensar seriamente cuáles son las causas que llevan a la violencia contra las mujeres para saber cómo atacarla.

Violencia, patriarcado y capitalismo

La violencia machista es algo estructural de nuestras sociedades patriarcales y capitalistas, un esquema cultural totalmente arraigado que se transmite de generación en generación. Se trata de un sistema de opresión que cosifica los cuerpos de las mujeres, los exprime, los usa y los descarta tras considerarlos de la propiedad masculina. El patriarcado junto al capitalismo lleva a las mujeres a integrar las estadísticas de las más pobres, las más discriminadas, las más vulneradas en sus derechos.

El machismo se va transmitiendo de generación en generación entre hombres y mujeres moldeados para ejercer lo que la sociedad espera de cada uno de los géneros. El capitalismo refuerza la desigualdad de género al apropiarse del trabajo doméstico no remunerado de las mujeres, al pagarle menos salario por la misma tarea en los trabajos, el precarizar y explotar hasta el cansancio nuestras manos, nuestras espaldas, nuestros músculos y hasta nuestros úteros. Nos explotan sexualmente, comercian nuestros cuerpos y nuestra alegría.

Larrañaga: lobo en piel de cordero

El senador nacional blanco, que nunca se preocupó por las mujeres ni los niños, niñas y adolescentes, y que sigue reproduciendo los estereotipos de género tal como el resto de su partido, ahora se conmueve por el asesinato de Brissa. Aprovecha la situación para derechizar a la opinión pública exigiendo que"hay que aplicar sanciones gravísimas con mano muy dura". Ante un medio de prensa expresó: "se debe discutir la cadena perpetua para estos casos conjuntamente con las medidas seguridad eliminativas. ¿Un sujeto de esta naturaleza es rehabilitable?" se preguntó. Su objetivo es generar un clima reaccionario para avanzar en políticas que refuercen el aparato represivo y punitivo de este Estado.

Desde las redes sociales han salido voces a reclamar pena de muerte. Pero la violencia machista es un problema tan profundo que no puede ser evitado con el aumento de penas o con políticas punitivas.

Criminológicamente está demostrado en aquellos países que cuentan con el recurso de la pena de muerte (Estados Unidos) que los delitos no decrecen y que en muchas ocasiones estas medidas punitivas extremas terminan siendo utilizadas para criminalizar a un sector de la población – en el caso norteamericano, a la población negra – llegando a casos en que se ejecuta al preso y luego se comprueba su inocencia.

Más poder de fuego del Estado no es la solución

Más allá de la rabia contenida y respetando el dolor de los familiares, desde el movimiento de mujeres organizadas debemos enviar un mensaje claro: no se trata de un caso aislado, no es una “manzana podrida”, se trata de todo un sistema misógino y patriarcal contra el que debemos luchar denodadamente. Un sistema que el Partido Nacional del Sr. Larrañaga junto al conjunto del régimen político uruguayo y los medios de comunicación contribuyen a reforzar día a día con sus prejuicios misóginos y homofóbicos, con la falta de atención a las víctimas de la violencia machista, con la falta de equiparación salarial y de derechos entre hombres y mujeres, con la intención de tutelar nuestras decisiones.

El aumento del poder de fuego del Estado que hoy se reclama será utilizado mañana para espiar aún más a los luchadores y luchadoras sociales, perseguir a la izquierda no frenteamplista, será puesto al servicio de garantizar el desalojo de caminos y rutas, los mega operativos en los barrios pobres, la represión en manifestaciones sociales y el mantenimiento de la impunidad de los crímenes de la dictadura.

Tocan a una y nos organizamos miles

Al discurso de la derecha que pide mano dura, desde el movimiento de mujeres le tenemos que oponer una salida que parta de la organización de las mujeres en los barrios, en los trabajos y en los lugares de estudio. Una organización donde las mujeres nos reconozcamos en las otras, donde construyamos lazos de empatía, solidaridad y autocuidado, nos apoyemos mutuamente y nos mantengamos alertas ante cualquier hecho que nos pueda ocurrir. Inclusive esas redes se pueden trasladar a la posibilidad de organizar a los vecinos y vecinas de los barrios, o bien desde las escuelas y lugares que puedan nos aglutinar y unir.

Desde la Agrupación de Mujeres Pan y Rosas venimos proponiendo que el movimiento de mujeres debe darse la tarea de contribuir a que en los lugares de trabajo y estudio y en los barrios podamos levantar Comisiones de Género donde las mujeres podamos organizarnos y que sea un puntapié para combatir el machismo de nuestros compañeros de trabajo y estudio, que nuestras demandas sean tomadas por nuestras organizaciones como los sindicatos y centros de estudiantes, y así fortalecidas y apoyadas por los varones solidarios y concientes podamos librar una lucha por la verdadera emancipación de la mujer, lucha que deberá ir de la mano de la emancipación de la sociedad de cualquier tipo de explotación y opresión.






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